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LOS PROFETAS MENORES

Deuteronomio 18:15-22

Introducción
Hemos querido introducir nuestro estudio con este texto, porque es útil para tratar el profetismo en general, aunque nuestro objetivo sean los profetas menores. Moisés recibe de Dios la profecía del advenimiento de un futuro profeta, cuyo cumplimiento se refiere al Mesías, el Señor Jesucristo (Hch. 3:22; 7:37). El profeta debe reunir las siguientes características: a) Hablar de parte de Dios (v.18); b) Los falsos profetas, que hablaren por su cuenta o en nombre de los ídolos serían castigados con la muerte (v.20); c) Los requisitos para distinguir un profeta verdadero de uno falso (v. 22). La profecía es un género literario, pero en los textos proféticos encontramos también poesía (cf. Isaías, contenido y forma), así como lenguaje diverso que puede ser figurado y simbólico. En principio el profeta no es un adivino del futuro, sino un hombre o una mujer que ha recibido un mensaje de parte de Dios que debe transmitir al pueblo. Este mensaje puede contener diversos elementos de carácter moral e instructivo, así como aspectos predictivos que se refieren tanto a un futuro inmediato como lejano. Los dos elementos esenciales de la profecía son: juicio y restauración. José M: Martínez menciona cuatro elementos de la predicación profética: a) La autoridad y la fuerza de la palabra de Dios expresada por la frase “así dice Yahweh”; b) Denuncia del pecado; c) Proclamación del juicio divino; d) Anuncio de salvación, cuya base es la misericordia de Dios (el hesed) que se pone de relieve en Oseas, por ejemplo.

  1. Clasificación de los profetas
    Al iniciar el estudio sobre el profetismo en Israel, debemos tener en cuenta que no solo han existido los que pusieron por escrito los mensajes recibidos de Dios, llamados profetas literarios o escritores, sino que en diferentes períodos de la historia de Israel, hubo hombres y mujeres que ejercieron el oficio profético tal como menciona el AT.
    • Antes de Samuel. Se indican los siguientes:
      - Enoc (Jd. 4) - Los santos profetas que fueron desde el principio ( Lc. 1:70, Hch. 3:21)
      - Abraham (Gn. 20:7)
      - Moisés (Nm. 12:1-8)
      - María (Éx. 15:20)
      - Eldad, Medad y los setenta (Nm. 11:24-29)
      - Débora (Jue. 4:4)
      - Un varón de Dios (Jue. 13:6)
    • Durante la monarquía. De Saúl hasta Salomón (1075 al 931 a.C.)
      - Samuel (1 S. 3:1)
      - Gad (2 S. 22:5)
      - Natán (2 S. 12:1)
      - Semaías (1 R. 12:22)
      - Asaf, Hemán y Jedutún (1 Cr. 25:1)
      - Iddo y Ahías (2 Cr. 9:29)
    • Desde la división de la monarquía hasta el período asirio (931-800 a.C.)
      - Semaías (1 R.12:22)
      - Ahías e Iddo (1 R. 14:2, 2 Cr. 9:29)
      - Hanani (2 Cr. 16:7)
      - Jehú hijo de Hanani (1 R. 16.1)
      - Elías (1 R. 17:1)
      - Eliseo (1 R. 19:16)
      - Micaías hijo de Imla (1 R. 22:8)
      - Jehaziel y Eliezer (2 Cr. 20:14, 37)
      - Zacarías (2 Cr. 24:20)
      - Profeta sin nombre (1 R. 20:13)
      - Profeta sin nombre (2 R. 9:4)
      - Hijos de los profetas (1 R. 19:10/ 2 R. 2:3)
    • La escuela de los profetas
      Este es un tema que pasa casi desapercibido, tanto en la predicación como en el estudio bíblico, llamado también profetismo colectivo. Este fenómeno empezó en la época en que Samuel asumió el liderazgo de Israel y en realidad estuvo muy vinculado a este gran hombre de Dios. Aunque la frase “escuela de los profetas” no está en la Biblia, se menciona de otra manera: “compañía de profetas” (1 S. 10:5-10, 19:20) y se refiere a un grupo de hombres que muy bien podía haber constituido una especie de escuela. El interés de Samuel por tener un grupo de estudiantes encaja bien con la necesidad de aquel tiempo, sobre todo después de la batalla de Afec (1 S. 4:1 con 7:12), pues el trabajo que debía desempeñar Samuel era demasiado grande para un hombre solo. Es probable que escogiese algunos jóvenes entre los levitas para prepararlos para el ministerio, pues él mismo era levita (1 Cr. 6:28). Aunque dispusieron de una casa como centro de instrucción (1 S. 19:18-20), mucha de la enseñanza la impartía mientras caminaban de una ciudad a otra, una forma que también practicaron los griegos y más adelante el Señor Jesús porque une palabra y ejemplo. Más tarde, en tiempos de Elías y Eliseo, parece que había unas escuelas similares en torno a estos profetas ubicadas en tres localidades: Gilgal, Betel y Jericó (2 R. 2:1-5; 4:38-41).
    • Los profetas escritores del siglo VIII a.C.
      - Abdías
      - Joel
      - Jonás
      - Amós
      - Oseas
      - Miqueas
      - Isaías
    • Los profetas escritores del siglo VII a.C.
      - Nahum
      - Habacuc
      - Sofonías
      - Jeremías
    • Los profetas escritores del siglo VI a.C
      - Ezequiel
      - Daniel
    • Los profetas escritores postexílicos
      - Hageo,
      - Zacarías,
      - Malaquías
  2. El llamamiento del profeta
    Los profetas ocupan un lugar privilegiado en la historia del pueblo de Israel ejerciendo una gran influencia por cuanto transmitían la palabra de Dios. El profeta no recibía un ministerio hereditario como los sacerdotes, sino un llamamiento especial de Dios. Cada profeta era escogido directamente por el Señor, por eso los que pretendían ejercer este ministerio sin haber sido llamados eran falsos (Jer. 14:14). Se distinguía un profeta falso de uno verdadero en el cumplimiento de lo que anunciaba. Aunque la primera persona en ser llamada profeta en el AT fue Abraham (Gn. 20:7), se puede decir que el profetismo como tal empezó con Moisés, pero el término profeta se aplica a una amplia gama de personajes con diversidad de funciones. Cada profeta recibió su llamamiento de un modo diferente. Así, por ejemplo, Jeremías se refiere a que Dios le dijo que le había apartado antes de que se formase en el vientre de su madre (1:5). El profeta Amós fue llamado en medio de su labor para que profetizara a Israel (7: 14-15). Moisés recibió su llamamiento mientras apacentaba un rebaño por medio de una visión de una zarza que ardía pero no se consumía (Ex. 3:4). Isaías recibió su llamamiento por medio de una visión de Dios sentado en un trono glorioso (6:1). Ezequiel fue llamado por Dios cuando se hallaba en medio de los deportados junto al río Quebar en Babilonia (Ez. 1:1).
  3. La valentía del profeta
    El ministerio profético entrañaba grandes riesgos y muchas veces debían experimentar en su propia vida el mensaje que habían recibido de Dios para que el pueblo percibiera por medio de actos simbólicos cual era la voluntad de Dios o el juicio que se avecinaba (Ez. 4:1-17). En la mayoría de las ocasiones el profeta estaba solo y tenía a todo el mundo en contra suyo. Empezando por Samuel, cuando fue llamado al oficio profético, tuvo que declarar al sacerdote Elí que su casa había sido rechazada por Yahweh (1 S. 3:4-18). Más adelante Samuel tuvo que ungir a Saúl como rey de Israel y después anunciarle que había sido rechazado por Dios (1 S. 13:11-14). Natán recibió instrucciones para reprender a David por su pecado con Betsabé (2 S. 12:1-12), una misión muy difícil que cumplió perfectamente. El profeta Gad fue enviado a David para darle a escoger entre tres castigos por su pecado de censar al pueblo (2 S.24:10-17). El profeta Ahías tuvo que profetizar p a Jeroboam que recibiría el reino del norte (Israel) y después le comunicó que Dios le quitaría el reino a su descendencia (1 S. 14:6-16). Otro profeta, "un varón de Dios" fue enviado a Jeroboam para reprenderle por haber levantado un falso altar en Betel (1R. 13:1-10). Elías anunció un hambre terrible y llevó a cabo una prueba espectacular en el Monte Carmelo contra los sacerdotes de Baal (1 R. 17:1; 18:25-38). Eliseo anunció a Hazael que sería rey de Siria, con lágrimas, por el mal que este había de hacer a los hijos de Israel (2 R. 8:7-13). Jonás fue enviado a la ciudad de Nínive y a pesar de su desobediencia tuvo que pregonar el juicio de aquella ciudad si no se arrepentía. Todo esto nos muestra que para ser profeta se necesitaba tener una gran personalidad y mucha valentía para desempeñar su ministerio.
  4. Significado del término profeta
    En hebreo se emplean tres palabras para designar a los profetas: la más importante de todos es nabhi que se traduce por "profeta". Sólo el nombre aparece en el AT cerca de 300 veces. Los otros dos vocablos sinónimos se traducen por "vidente", ocurren con menor frecuencia y son ro'eh y hozeh. Todavía existe un cuarto nombre que en realidad es una frase: "varón de Dios" traducción de ish elohim. El ministerio de las personas designadas con estos nombres se presenta desempeñado una doble función: recibir de Dios un mensaje mediante revelación, y declarar al pueblo el mensaje de Dios. No todos los profetas son descritos en el AT desarrollando la primera función, pero todos ellos realizan la segunda.
  5. Los profetas menores
    Tradicionalmente, los profetas se han dividido en dos partes: mayores y menores. Esta división está en función de su extensión. Los profetas menores son aquellos que su contenido cabía en una sola hoja de un rollo. En el canon hebreo los doce constituyen un solo libro.


CUADRO SINÓPTICO DE LOS PROFETAS MENORES



Pedro Puigvert

A continuación presentamos el estudio de cada uno de los libros de los siguientes profetas:

  Libro del profeta Oseas
Libro del profeta Joel
Libro del profeta Amós
Libro del profeta Abdías
Libro del profeta Jonás
Libro del profeta Miqueas
Libro del profeta Nahum
Libro del profeta Habacuc
Libro del profeta Sofonías
Libro del profeta Hageo