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La Omnipotencia de Dios (Sal. 62:11-18:7-15)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre los atributos de Dios

La soberanía de Dios, atributo que explicamos anteriormente, encuentra expresión no solamente en la divina voluntad, sino también en la Omnipotencia, es decir, en el poder de ejecutar su voluntad. La Biblia llama a Dios Shaddai, un título que se traduce por Omnipotente y que indica la plenitud y riqueza de su gracia. El término está relacionado con una raíz que significa pecho y contiene la idea similar a nuestra palabra exuberancia. Aparece por primera vez en Gn. 17:1 y en otros pasajes del Pentateuco.

Nuestro texto áureo nos dice que "una vez habló Dios", no es necesario más, porque el cielo y la tierra pasarán, pero su Palabra permanece para siempre (Lc. 21:33). Nosotros, pobres mortales podemos hablar, sin que nadie nos escuche, pero cuando Dios habla, el trueno de su poder se oye en todas partes, simbolizado en el salmo por el ímpetu de la naturaleza. También nos dice que "de Dios es el poder". Ni una sola criatura del universo tiene un átomo de su poder, si Dios no se lo ha dado. El poder de Dios, como él mismo, existe y se sostiene por sí mismo. Ningún hombre, por más poderoso que sea puede añadir ni incrementar nada al poder del Omnipotente.

  1. Definición de  Omnipotencia de Dios
    A la luz del significado del término El Shaddai y de las referencias a su manera de actuar, podemos decir que "el poder de Dios es la facultad y la virtud por la cual puede hacer que se cumpla todo aquello que quiere, todo lo que le dicta su sabiduría infinita, todo lo que la pureza infinita de su voluntad determina. Así como la santidad es la hermosura de todos los atributos de Dios, su poder es el que da vida y acción a todas las perfecciones de la naturaleza divina.

    Los consejos eternos serían vanos si el poder no interviniera para cumplirlos. Sin su poder, su misericordia no sería más que una débil lástima, sus promesas un sonido vacío, sus amenazas alarmas infundadas. El poder de Dios es como él mismo: infinito, eterno, inconmensurable; no puede ser contenido, limitado ni frustrado por el ser humano". Una vez descrito, pasemos a ver como opera.

  2. La Omnipotencia de Dios en la creación del universo (Sal. 89:11-12)
    Todos sabemos que si queremos construir alguna cosa necesitamos herramientas apropiadas, pero Dios no necesita nada más que su sola palabra con la cual creó de la nada  el universo, algo que para nosotros es incomprensible. Pero Dios "dijo, y fue hecho; él mandó y existió" (Sal.33:9). El primer capítulo del Génesis repite hasta nueve veces el mandato divino "y dijo Dios... y fue así. Si salimos al campo de noche y contemplamos el cielo estrellado, además de fascinarnos con el espectáculo, nos preguntamos cómo fueron formadas las estrellas y sus constelaciones, cuyo número es millones de millones y como puede funcionar todo a la perfección.

    Y aún nos asombramos más cuando pensamos que todo aquello ha sido constituido solamente con la palabra de su poder, sin materiales de ninguna clase. La obra imponente de la creación universal emergió de la nada, un “simple” mandato lo consumó. Allí apareció el hermoso edificio del universo adornado con todo su esplendor, mientras los serafines alababan a Dios por todas las perfecciones del Todopoderoso Creador: "por la palabra de Yahweh fueron hechos los cielos, y todo elejército de ellos por el espíritu de su boca" (Sal. 33:6).

  3. La Omnipotencia de Dios en  sostener el universo (He.1:3)
    Ningún ser humano tiene poder para conservarse a sí mismo por más esfuerzos que haga la medicina, con la esperanza de algunos en la hibernación por congelación, pero a lo más que se ha llegado es a conservar un cadáver como el de Lenin aunque no por sí mismo. Si no hubieran hierbas comestibles, tanto los hombres como las bestias morirían, y si la tierra no fuera regada por la lluvia fertilizadora, las hierbas se marchitarían mucho antes de cumplir con su ciclo vital. Por tanto, solamente el Dios Todopoderoso tiene la facultad de conservar al hombre y al animal a lo largo de su existencia (Sal. 36:6).

    Dios es el que sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, lo que llamamos la gracia común que otorga a todas sus criaturas. Por ejemplo, el milagro divino en la gestación de los seres vivos, incluidos los humanos, cuando un ser puede durante meses vivir en un lugar tan reducido y sucio sin respirar, sería algo inexplicable sí no fuera por el poder de Dios, porque aunque digamos que hay una serie de factores que lo hacen posible, han sido puestos por Dios, lo que algunos llaman la naturaleza. La conservación de la tierra de la violencia del mar es otro ejemplo del poder de Dios.

    Todos sabemos que pasa cuando se produce un maremoto o aparece un tifón. Sin embargo, sólo esporádicamente hay grandes catástrofes porque Dios controla los mares que cubren las tres cuartas partes de la tierra dentro de unos límites sin destrozar la parte baja de la creación.

  4. La Omnipotencia de Dios en sus juicios (Ap. 15)
    Cuando Dios decide juzgar al mundo no hay poder humano que le pueda resistir. No solamente en relación al juicio final en que los redimidos cantan alabanzas a Dios una vez ha pasado y se ha consumado todo, sino en los juicios que Dios ha enviado a este mundo y que vienen a anticipar lo que será el gran juicio que todavía espera a la humanidad. Pongamos como ejemplo el diluvio universal,  por tratarse de un juicio que ya tuvo lugar y que se describe como ya efectuado, sin que esto signifique que el que tiene que venir no vaya a ser tan verdadero como el otro.

    Dios abrió las ventanas del cielo y rompió las fuentes del abismo y toda la raza humana a excepción de los ocho personas que estaban en el arca fue arrastrada impotente ante el temporal de la ira divina. Con una lluvia de fuego y azufre, Dios destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra que vivían confiadas en el valle del Jordán. Más adelante, Dios destruyó todo el ejército del Faraón cuando cruzaban el mar Rojo, viéndose impotentes cuando decidió cerrar las aguas que habían permitido el paso del pueblo de Israel en su marcha hacia la tierra prometida. Todos estos son hechos poderosos de Dios juzgando a una humanidad corrompida. Al final de todo, el juicio de Dios caerá también sobre aquellos que no han confiado en Cristo para salvación,  cuando sean echados en el Gehenna (Mt. 5:21-22).

Conclusión
La Omnipotencia de Dios es un atributo que nos debe llevar a temblar ante su presencia, porque tratar con desdén a quien puede condenamos con su sola palabra es una conducta suicida. Desafiar al Omnipotente cuando tiene la facultad de arrojar al infierno a todo el que no se acoge a la obra de Cristo es el colmo de la locura. La Omnipotencia de Dios nos conduce a adorarle, porque si los hombres poderosos reclaman para sí pleitesía, ¡cuánto más debería llenarnos de reverencia el poder del Todopoderoso. Su Omnipotencia nos impele a confiar en él. Ninguna oración es demasiado difícil para contestarla, ni ninguna necesidad es demasiado grande para impedir suplirla. Pero hay cosas que el Todopoderoso no puede hacer: mentir, pecar, cambiar, negarse a sí mismo. No lo hace porque no pueda, sino porque su poder no puede divorciarse de sus perfecciones divinas.
Doxología: (Ef. 3:20-21).