Escatologia cósmica

Pedro Puigvert

 

Pedro Puigvert



Anciano de la Asamblea de Hermanos de Barcelona Av. Mistral, 85-87 es Presidente y profesor del CEEB en donde enseña Hermenéutica Bíblica, Teología Sistemática (Bibliología, Cristología y Escatología) y Catolicismo Romano. Director de la revista de orientación bibliográfica Síntesis y colaborador de Edificación Cristiana". Diplomado en Teología por el Centro Evangélico de Estudios Bíblicos (CEEB) es también Bachiller en Ciencias Bíblicas por el Centro de Investigaciones Bíblicas (CEIBI). Ha sido Presidente de la Alianza Evangélica Española; del Consell Evangèlic de Catalunya y Secretario General de la Unión Bíblica durante treinta años.

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Escatologia cósmica

El término Escatología, según Cándido Pozo, en su obra “Teología del más allá”, fue acuñado por el teólogo protestante alemán K.G. Bretschneider en el año 1805 en una obra de juventud en la que aparece esta frase: "τα εσχατα, daher dieser ganze Abschnitt εσχατολογια" . En su mente, el término no pretende sino envolver en una única palabra lo que se decía con la expresión "tratado sobre las últimas cosas o novísimos". Dos años más tarde, hace suyo el vocablo un teólogo católico, F. Oberthür, el cual alemaniza la palabra y en lugar de escribirla en griego se refiere a "die Eschatologie" considerándola sinónima de tratado sobre "las últimas cosas". Sin embargo, Antonio Sayés, en su obra “Escatología” atribuye el término al teólogo luterano Abraham Calovius (S. XVII), pero no aporta datos. Escribí a Sayés para que justificara este dato bibliográficamente, pero no me ha contestado. El adjetivo “cósmica”del griego κοσμοσ (mundo), lo empleamos en este artículo para referirnos a la creación divina y de manera especial a su dimensión final. En la teología sistemática este concepto ha sido colocado en último término como corona y conclusión de la misma, pero la verdad es que toda la Biblia está traspasada por la noción escatológica desde el origen mismo del mundo. Desde una perspectiva más amplia se trata de la doctrina de la esperanza cristiana y expresa el estado de la seguridad final, la realización definitiva de la persona, de nuestra historia y de toda la creación de Dios. Sin embargo, es una doctrina que por razones históricas y teológicas está ausente, no sólo de nuestros púlpitos, sino también de nuestras revistas y bibliografía con honrosas excepciones, pero que es despachada en pocas líneas. Para el apóstol Pablo la dimensión cósmica de la escatología era un hecho insoslayable cuando afirma que “el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios” (Ro. 8:19).

Flor en asfalto

Pedro y Juan se pronuncian en el mismo sentido cuando se refieren a los cielos nuevos y la tierra nueva (2 P. 3:13, Ap. 21:1). Pero esta parte de la escatología, la cósmica, no es tomada en consideración como merece su relevancia, como lo ha expresado el teólogo protestante J. Hübnert de manera lapidaria: “la escatología ha abandonado el terreno de la cosmología”. También el teólogo católico G. Bachl ha hecho un diagnóstico certero: “la dimensión cósmica desde tiempos antiguos yace en la sombra del interés escatológico”.

¿A qué es debida esta falta de atención en un asunto que nos compete de manera especial por estar relacionado con nuestra esperanza eterna? ¿El redescubrimiento de esta doctrina bíblica, tiene aplicaciones prácticas para nuestro presente o sólo es para el futuro? ¿Qué dice la Biblia al respecto? Esperamos dar cumplidas respuestas a todas estas preguntas.

    1.Los énfasis escatológicos en la historia

    En los diferentes periodos de la historia de la Iglesia, la doctrina de las últimas cosas ha colocado sus énfasis en unos aspectos determinados y pasado por alto otros.

      1.1.El período pos-apostólico. A partir del siglo II, al no haber todavía una sistematización de la doctrina, se fijaron en los elementos separados de la esperanza cristiana en su aspecto personal de modo que prestaron especial atención a la muerte, la resurrección, el juicio y el reino eterno. Pero estos elementos se contemplaban únicamente como partes aisladas que correspondían a una esperanza futura, sin ver claramente cómo se relacionaban entre ellos. Fue también en esta época que apareció el quilianismo, concepto milenarista que decía que el mundo presente duraría seis mil años, que corresponden a los seis días de la creación. Hacia el final de este período habría un tiempo de persecución de los santos y aparecería el anticristo. Una vez este personaje haya completado su obra destructora, Cristo aparecerá en gloria para establecer su reino milenario en la tierra que corresponderá al séptimo día de la creación. La ausencia de una escatología cósmica es patente en esta época.

      1.2.La Edad Media alta. Poco a poco la Iglesia fue abandonando el quilianismo y su atención sobre el futuro pasó al presente. Había una creencia general en la vida después de la muerte, en el retorno del Señor, en la resurrección de los muertos, en el juicio final y en un reino de gloria, pero se reflexionaba poco en la manera que estos acontecimientos se iban a producir. El pensamiento de un reino material y temporal dejó paso al de la vida eterna y futura salvación, y la iglesia jerárquica se identificó con el reino de Dios. En esta época se puso toda la atención en el estado intermedio, de manera que surgió la doctrina del purgatorio y la iglesia era la que tenía en sus manos el destino de los hombres porque fuera de ella no había salvación. Aquí tampoco vemos que la esperanza en una creación renovada ocupe su lugar.

      1.3.La época de la Reforma. Los reformadores centraron su interés en la doctrina de la salvación y la escatología se desarrolló a partir de esta idea. Se aprecia en sus obras que la doctrina de las últimas cosas es sólo un punto inserto a la soteriología en relación con la glorificación de los creyentes. La Reforma adoptó la enseñanza de la iglesia primitiva sobre el retorno de Cristo, la resurrección de los muertos, el juicio final y la vida eterna, dejando de lado el milenarismo de algunas sectas anabaptistas y aquellos aspectos no bíblicos del estado intermedio que había adoptado el catolicismo. Como podemos apreciar la iglesia de la Reforma no hizo mucho por el avance de la escatología y también pasó por alto el elemento cósmico.

      1.4.La época posterior a la Reforma. En este tiempo se dieron cita varias ideas contrapuestas: por un lado hizo su aparición de nuevo el milenarismo en el marco general del pietismo como reacción al escolasticismo protestante. Por otro, el racionalismo del siglo XVIII retuvo solamente la idea de la supervivencia del alma después de la muerte. Luego, la teología amplitudista ignoró por completo las enseñanzas escatológicas de Cristo y colocó todo el énfasis en sus preceptos éticos. Como resultado, todo lo relativo al más allá pasó al más acá y la esperanza de la vida eterna se reemplazó por la esperanza social del reino de Dios en este mundo. La esperanza cósmica está ausente porque queda limitada a un reino milenario terrenal con intervención divina para unos o la ética traída por el hombre como avance social, para otros.

      1.5.En los últimos siglos. Una nueva ola milenarista hizo su aparición, primero en algunas sectas que enfatizaban el próximo fin del mundo y luego en las iglesias históricas por la influencia de teólogos como Weis y Schweitzer que subrayaron los elementos escatológicos de la predicación de Jesús. Ambos enseñaron que Jesús concebía el reino, no como una realidad presente, sino futura. Pero el milenarismo que ha calado más en un amplio sector de las iglesias evangélicas es sin duda el dispensacionalista. Éste es una reelaboración muy trabajada del quilianismo que ha ido brotando en distintas fases de la historia de la Iglesia, de tal manera que ya casi no se distingue del original. El caso es que aún enfatizando el futuro ambas teologías, no toman en consideración la dimensión eterna que incluye la renovación del cosmos.

    2.La enseñanza bíblica de la escatología cósmica

    Aunque esta doctrina haya sido silenciada en muchas ologías sistemáticas o sea tratada sólo de refilón en obras sobre escatología, la verdad es que está muy presente en la Biblia. Su importancia está fuera de toda duda porque se relaciona estrechamente con el lugar donde pasaremos la eternidad. ¿Qué aspecto tendrá este lugar? Si hemos de hacer caso a algunas caricaturas publicitarias sería semejante a esto: “Si tiene alguna clase de ‘suelo firme’ es algo así como el Polo Norte: completamente blanco y cubierto por un cielo fulgurante. Lo más habitual es que sólo se trate de una atmósfera con nubes algodonosas que sirven de apoyo a personas ataviadas con túnicas blancas dedicadas a tocar el arpa y contar chistes” (Gordon Keddie). Tampoco la himnología ha contribuido a dar una imagen correcta, sino más bien alterada. “Hay himnos que dan la impresión de que los creyentes glorificados pasarán la eternidad en algún cielo etéreo situado en algún punto del espacio, muy lejos de la tierra. Las siguientes líneas del himno ‘Cristo Vive’ parecen dar dicha impresión: ‘¡Cristo vive! Si para él / Vivimos acá en el suelo, / Con él podremos reinar / Para siempre allá en el cielo ¡Aleluya!” (Anthony Hoekema).

      2.1.Un cielo nuevo y una tierra nueva (Is. 65:17, 2 P. 3.13, Ap. 21:1). La pregunta que debemos hacernos es si se trata de una tierra diferente o la actual renovada. La expresión “cielo y tierra” debemos entenderla como el modo bíblico de denominar a todo el universo: “El cielo y la tierra juntos constituyen el cosmos” (H. Sasse). Algunos han interpretado que habrá una destrucción de la tierra actual, pero este concepto debemos descartarlo a favor de la idea de renovación por estas razones:

        a) El término griego que se emplea para adjetivar el nuevo cosmos, no es neos, sino kainos. Mientras neos significa nuevo en tiempo y origen, kainos significa nuevo en naturaleza o en cualidad. La expresión “un cielo nuevo y una tierra nueva” no significa la aparición de un cosmos totalmente diferente del actual, sino la creación de un universo gloriosamente renovado que mantiene una continuidad con el actual,
        b) El apóstol Pablo argumenta en la carta a los romanos que la creación entera espera con anhelo ardiente la manifestación de los hijos de Dios para ser liberada de la esclavitud de la corrupción (Ro. 8.20-21). Se trata de la creación presente que será liberada de la corrupción en el final y no alguna creación totalmente diferente;
        c) Hay una estrecha relación entre el nuevo cosmos y el cuerpo de resurrección del creyente. Los resucitados con Cristo no serán un grupo totalmente nuevo de seres humanos, sino el pueblo de Dios que ha vivido sobre la tierra. Así sucederá también con el cosmos cuando tenga su propia resurrección o regeneración (Mt. 19:28).
        d) Otros textos cobran significado a la luz de lo dicho: “los mansos herederán la tierra” (Sal. 37:11). Jesús toma estas palabras en las bienaventuranzas y las aplica al súbdito del reino (Mt. 5:5). Dios prometió dar a Abraham y su simiente la tierra de Canaán como posesión eterna (Gn.17:8), pero Pablo se refiere a esta promesa como que heredarían el mundo (Ro. 4:13).

      2.2.La restauración de todas las cosas (Hch. 3:19-21). Esta expresión empleada por Pedro después de la curación de un cojo en el templo, en griego apokatastaseos panton, señala que el regreso de Cristo será seguido por la restauración de toda la creación de Dios a su perfección original.

      2.3.La liberación de la creación de la corrupción (Ro. 8:19-21). En este texto, no sólo es la creación entera, incluido el hombre, que anhela la liberación, sino que la creación o la naturaleza la anhela también. Cuando los hijos de Dios sean glorificados en la resurrección final toda la creación será liberada de la maldición bajo la que ha estado a causa del pecado. Cuando Pablo dice que la creación gime como si estuviera en dolores de parto, está indicando que las imperfecciones de la creación presente a causa del pecado, deben ser vistas por nosotros como los dolores de parto de un mundo mejor. La redención tiene una dimensión y alcance cósmicos.

      2.4.El reinado del creyente sobre la tierra (Ap. 5:9-10, 22:1-5). Aunque en algunos manuscritos el verbo “reinar” esté en presente, en los mejores lo tienen en tiempo futuro. El reinado sobre la tierra de esta gran multitud redimida se describe aquí como la culminación de la obra redentora de Cristo a favor de su pueblo. El segundo texto nos enseña que sobre la nueva creación las naciones vivirán juntas en paz y que la maldición que ha pesado sobre la creación desde la caída del hombre será quitada. En el nuevo cosmos, los siervos de Dios le adorarán o le servirán. El verbo griego latreuo, significa “servir cumpliendo tareas religiosas”. El descanso que aguarda al pueblo de Dios en el futuro, no será estar ocioso, porque añade que reinarán, una actividad a desarrollar en el paraíso recobrado por los creyentes con sus cuerpos resucitados. Un gran privilegio en la gloriosa vida sobre la nueva tierra que se distinguirá por el perfecto conocimiento de Dios, su disfrute y el servicio a su nombre.

Conclusión

La escatología cósmica tiene como objetivo darnos esperanza, valor y ánimo en unos tiempos de crisis generalizada. Aunque veamos que el actual estado de cosas empeora a pasos agigantados y el mal en sus múltiples aspectos acampa por sus respetos en este mundo globalizado, los creyentes somos consolados al saber que Cristo ha logrado la victoria final. En vistas al glorioso futuro de la nueva creación, de alguna manera deberíamos anticipar con nuestra actitud y obrar el cuidado por nuestro mundo practicando un ecologismo bíblico que toma en consideración que la tierra es propiedad de Dios y nosotros somos sólo usufructuarios de ella. Nuestro deber es trabajar por un mundo mejor. En el principio de la historia, Dios creó los cielos y la tierra; al fin de ella veremos los nuevos cielos y la nueva tierra que con todo su esplendor sobrepasarán con creces la creación original y en el centro de la historia está el Cordero de Dios que fue inmolado, el Rey de Reyes y Señor de señores al que adoraremos eternamente.

Bibliografía básica

Louis Berkhof. Historia de las doctrinas cristianas, El Estandarte de la Verdad, Edimburgo 1969. 360 pp.

Louis Berkhof. Teología Sistemática. Eerdmans, Gran Rapids, Michigan, 1981, 935 pp.

Gordon Keddie. El Cielo, Editorial Peregrino, Moral de Calatrava, 2007, 94 pp.

Anthony Hoekema. La Biblia y el futuro. Subcomisión de Literatura Cristiana. Grand Rapids, Michigan, 1984, 350 pp.

Douglas Connelly. De l’Autre Côté? Éditions de la Ligue pour la lecture de la Bible, France, 2000, 140 pp.

Richard Middleton. Un cielo nuevo y una tierra nueva. , Barcelona: ANDAMIO y CEEB, 2018, 298 pp.



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