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La Santidad de Dios (Is. 6:1-16)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre los atributos de Dios

Este texto no es una excepción en la Escritura porque con frecuencia Dios es llamado " el Santo"; y lo es porque en él se halla la suma de todas las excelencias morales; es pureza absoluta, sin la más leve sombra de pecado. S. Charnock ha dicho que "el poder es la mano y el brazo de Dios, la omnisciencia sus ojos, la misericordia sus entrañas, la eternidad su duración, pero la santidad es su hermosura". Este atributo divino tiene en la Biblia una relevancia especial: se llama Santo a Dios más veces que Todopoderoso, y se presenta esta parte de su dignidad más que ninguna otra, porque esta excelencia es la gloria de todas ellas. Así como el poder es el vigor de sus otras perfecciones, su santidad es la hermosura de las mismas. De la manera que sin omnipotencia todo sería débil, sin santidad todo sería desagradable. Si ésta fuera manchada, el resto perdería su honra; sería como si el sol perdiera su luz: perdería al instante su calor, su poder, y sus virtudes generadoras y vivificadoras. Así como en el cristiano, la sinceridad es el brillo de todas las gracias, la pureza en Dios es el resplandor de todos los atributos de la divinidad.


  1. Significado de los términos "santo y santidad".
    Las dos palabras que hallamos en la Biblia son el hebreo qadosh en el AT y el griego hagios en el N.T. Si nos atenemos a la raíz hebrea cuyo significado es cortar o separar, denota entonces apartamiento y de ahí la separación de una cosa o persona de su usa común o profana para su uso divino. La terminología del NT sugiere una distinción entre la santidad que es propia del ser de Dios y la santidad que pone de manifiesto el carácter de su pueblo.

    La santidad no es tanto una relación de la criatura con el Creador, sino del Creador para con la criatura. Es decir, es la santidad de Dios la que pone de manifiesto esa vida de separación y ese carácter distintivo que identifican al pueblo de Dios. Porque Dios es santo, nosotros debemos serlo también (1 P. 1:16). La santidad moral de Dios puede definirse como "aquella perfección divina en virtud de la cual Dios eternamente quiere y mantiene su excelencia moral, aborreciendo el pecado y exigiendo pureza a sus criaturas morales".

  2. Las manifestaciones de la santidad de Dios
    Su justicia es santa, su sabiduría es santa, su brazo poderoso es un "brazo santo" (Sal. 98:1), expresión ésta figurada para mostrar el poder divino. Su verdad o palabra es una "santa palabra" (Sal. 105:42). Su nombre, que expresa sus atributos juntos, es un "santo nombre" (Sal. 103:1). Pero aparte de la santidad de estos atributos, veamos sus manifestaciones:

    1. La santidad de Dios se manifiesta en sus obras.
      Todo lo que procede de Dios en tanto que Creador es excelente ya que la santidad es la norma de todas sus acciones. En el principio declaró que todo lo que había hecho era bueno en gran manera (Gn. 1:31), lo cual no hubiera podido hacer en el supuesto se haber sido imperfecto o impuro. Al hombre lo hizo recto (Ecl. 7:29) porque fue creado a imagen y semejanza del Creador. Los ángeles que cayeron fueron creados santos, pero no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada (Jd. 6). Del rey de Tiro, figura de Satanás, se dice que "perfecto eras en todos tus caminos desde el día en que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad" (Ez. 28:15).

    2. La santidad de Dios se manifiesta en su ley (Sal. 19:8-9, Ro. 7:12).
      La ley de Dios es la expresión de su mismo carácter y encuentra su máxima exposición en los diez mandamientos. Esa ley prohíbe el pecado en todas sus variantes; en las formas más refinadas así como en las más groseras, la intención de la mente como la contaminación del cuerpo, el deseo secreto como el acto abierto. Pasar por alto la ley de Dios es la bancarrota moral de la iglesia y de ahí la importancia de tenerla siempre presente para vivir a la altura de las demandas de Dios. Una de las tragedias de nuestra sociedad hoy es que la confianza en los absolutos morales, la creencia en un Dios santo y la conciencia del juicio divino, están todas pasadas de moda. Incluso en grandes sectores de la Iglesia cristiana, ya no se creen en esas cosas.

    3. La santidad de Dios se manifiesta en la cruz (Sal. 22:1-3).
      Quizá hayamos pasado por alto el hecho que estas palabras pronunciadas por Jesús en la cruz se relacionan en el salmo con la frase "pero tú eres santo" (v. 3), La expiación pone de manifiesto de una manera admirable y solemne, la santidad infinita de Dios y su odio al pecado. Muchas veces» hemos oído aquella frase que dice: "Dios odia el pecado, pero ama al pecador", una frase que suena muy bien, pero ¿qué hacemos con todas las veces que la Biblia dice que Dios odia o que aborrece tanto al pecador corno a su pecado?

      Citamos frases que hemos oído sin detenernos a considerar si son correctas o no.¡Cómo detesta Dios el pecado cuando lo imputó hasta el límite de su culpabilidad, nada menos que sobre su Hijo!: "Cristo no cometió pecado alguno, pero por causa nuestra, Dios le trató como al pecado mismo, para así, por medio de Cristo, librarnos de culpa"(2 Co. 5:21).

    4. La santidad de Dios se manifiesta por su odio al pecado.
      Él ama todo lo que es conforme a sus leyes y aborrece todo lo que es contrario a las mismas: "porque Yahweh abomina al perverso" (Pr. 3:32) y "abominación son a Yahweh los pensamientos delmalo" (Pr. 15:26). De estos textos se desprende que un Dios santo ha de castigar el pecado. Es verdad que Dios perdona a los pecadores, pero jamás perdona el pecado; el pecador sólo puede ser perdonado porque "Otro" ha llevado su castigo sobre sí mismo en la cruz del Calvario y ha resucitado para su justificación (Ro. 4:25),

      A causa de un pecado, Dios desterró a nuestros primeros padres del Edén; por un pecado toda la descendencia de Cam cayó bajo una maldición que todavía perdura. Moisés fue excluido de Canaan a causa de un pecado. Y por un pecado el criado de Eliseo fue castigado con lepra, y Ananías y Safira fueron cortados de la tierra de los vivientes.

      El "dios" que buena parte de los que se llaman cristianos "aman" es como un venerable anciano indulgente, quien, aunque no las comparta, pasa por alto las travesuras de sus irresponsables hijos benignamente. Pero la Biblia afirma que Dios "aborrece a todos los que hacen iniquidad" (Sal. 5:5) y "Dios está airado contra el impío todos los días" (Sal. 7:11). Los hombres se niegan a creer en este Dios y no quieren escuchar cuando se les dice cuánto odia al pecado y al que lo comete, porque él es un Dios santo.

Conclusión.
Porque Dios es santo, no puede aceptar a sus criaturas sobre la base de sus propias obras, ya que lo mejor que el pecador puede presentar a Dios está contaminado por el pecado. Porque Dios es santo, debemos acercarnos a él con la máxima reverencia: "Exaltad a Yahweh nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies; Él es santo" (Sal. 99:5). Porque Dios es santo, deberíamos desear ser hechos conforme él es: "sed santos porque yo soy santo". No se nos manda ser omnipotentes u omniscientes, sino santos. Así pues, por cuanto Dios es la fuente de la santidad, busquemos la santidad en Él y que nuestra oración sea que "el Dios de paz os santifique por completo y todo vuestro ser sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Ts. 5:23). AMÉN.