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Lo que le sucede a la iglesia cuando los predicadores ya no predican contra el pecado

ped David Wilkerson



David Wilkerson es un evangelista de los EE.UU. y fundador de la iglesia Times Square de Nueva York de corte interdenominacional. Los sermones de Wilkerson son claros i directos e inciden en las creencias cristianas como la santidat y la rectitud de Dios. Rechaza el encasillamiento del cristianismo en las diferentes denominaciones, hecho por el cual se le considera un verdadero ecumenista. Wilkerson fue usado por el Señor en la conversión de Nicky Cruz quien antes de los diez y ocho años ya estaba considerado por la policia como uno de los más peligrosos criminales del país. Wilkerson más tarde escribió la vida de Nicky Cruz en el libro "La Cruz y el puñal" que tambien fué llevado a la pantalla de cine.

Probablemente estás familiarizado con la  historia del rey David y  su única aventura adultera con Betsabé. El incidente provoca el embarazo de  Betsabé. Tan pronto como ella descubre su situación le hace llegar una nota a  David, diciendo: “Estoy embarazada.”

Cuando David leyó la  nota, tuvo pánico. Su reputación como un hombre piadoso y  recto estaba en peligro. Él era un hombre que había escrito más de  3.000 Salmos y  cánticos espirituales. Él fue el instrumento de  Dios al matar los enemigos de  Israel. Y  él había ilustrado al mundo lo que significaba tener un gran corazón para Dios.

Pero ahora, en su estado de  pánico, David pensó no tan sólo en su reputación, sino en la  del Señor. Si su pecado fuera expuesto, este estaría vinculado al nombre de  Dios. Visiones de  un gran escándalo inundaban su mente. David, concibió un plan para cubrir su aventura con Betsabé. Y  lo puso en acción enviándole un mensaje a  Joab, el general en jefe de su ejército. El mensaje decía, “Envíame  Urias el heteo.” (2 Samuel 11:6).

Ahora bien, Urias era el esposo de  Betsabé, y  formaba parte de  la  infantería del ejercido de  Israel. Evidentemente, Urias era parte de  un destacamento  de  soldados de élite, porque las Escrituras lo cita como uno de los siete hombres más fuertes de  David (ver 23:39). Cuando Joab recibió el mensaje, a  bien seguro que debería sospechar algo malo. Él conocía el corazón de  David, incluyendo sus tendencias lujuriosas. A pesar de todo, el general hizo ir Urias a Jerusalén, para averiguar que tenia que decirle David.

Cuando Urias llegó, David lo recibió en su residencia real e inmediatamente empezó una conversación militar. Él le preguntó: “Como va la  guerra? Y como está tu general? Tus compañeros se están llevando bien? “Urias debería preguntarse: De  qué va todo esto? Sólo soy un hombre d’infantería. No he hecho nada que merezca este tipo de  atención.” O, también se habría puesto bajo  sospecha. Quizás podría haber escuchado algún chisme sobre la  aventura (aunque las Escrituras no registran que esto fuera de  conocimiento público).

La  verdad es, que David le estaba montando una trampa a  Urias. El rey pensó que su problema se solucionaría si tan sólo pudiera poner A  Urias  en la cama con la  Betsabé por una noche. Entonces Urias pensaría que él habría causado el embarazo de  su esposa. David le dijo: “Has librado una larga batalla, y debes estar cansado. Por qué no té vas a  tu casa y descansas esta noche? T’enviaré comida especial para que disfruteis.” Pero cuando Urias se fue,  no lo hizo hacia su casa. En vez de  esto, él durmió en casa de guardias, en las afueras del palacio. Cuando David supo esto el día siguiente, llamó a  Urias y  le preguntó: “Por qué no fuiste con tu esposa anoche?”

Urias contestó: “El Arca, Israel y  Judá habitan bajo tiendas; mi señor Joab y  los sirvientes de mi señor, en el campo; como iba yo a  entrar a  casa mía para comer y  beber, y dormir con mi mujer? Por vida tuya y  por vida de  tu alma, nunca haré tal cosa!” (2 Samuel 11:11). Urias solamente podía pensar en sus compañeros. Su lealtad puso carbones ardientes sobre la  cabeza de  David.

Ahora, el pánico del rey aumentó. Rápidamente, ordenó que Urias se quedara en Jerusalén una noche más. Entonces puso en  acción otro plan. Esta noche, invitaría a  Urias a  su mesa para cenar, le haría beber vino y lo emborracharía. Sí Urias perdía el conocimiento, se olvidaría de sus compañeros y  querría dormir con su esposa.

Puedes imaginarte a  este rey piadoso, un predicador de  justicia, tratando de  embriagar a  uno de sus más fieles soldados? Esto es exactamente lo que hizo David. Y  el plan funcionó: Urias se emborrachó. David dio órdenes a sus guardias de palacio, “llevad  este hombre a  su casa y a su cama.” Pero nuevamente, las escrituras dicen, “Y él salió a la tarde a dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no paró en su casa.” (2 Samuel 11:13).

En este punto, el pánico de  David aumentó más allá de control. Él sabía que tenía que tomar una decisión drástica. Por ello escribió una carta a  Joab, ordenándole que pusiera a  Urias al frente de  la  batalla, en el lugar más ardiente. Entonces, cuando el enemigo surgiera, Joab debía retroceder con todas sus tropas excepto Urias. En resumen, David quería que mataran a  Urias.

David le dio una carta sellada a  Urias con instrucciones de  entregarla a  Joab. El leal Urias no lo sabía pero su comandante en jefe acababa de  entregarle su propia sentencia de  muerte. Cuando Joab leyó la  carta, se dio cuenta del plan de  David. No obstante  obedeció la orden del rey. Envió  Urias a  una misión suicida. Y  tal y como David había planeado, mataron al soldado en la  batalla.

Es difícil concebir que un hombre piadoso y  justo como David pudiera caer en tan horrible pecado. Aun hoy en día, con todas las noticías de  violaciones, violencia y  asesinatos, la  historia de  David sobresale como una de  las peores caídas que ningún líder hubiera podido padecer. Por qué? Porque le sucedió a  un hombre de  Dios, alguien apasionado por la justicia y la rectitud.

Probablemente, recuerdes lo que siguió a esto: Betsabé lloró la  muerte de su esposo durante siete días, según la  ley. Entonces David la llevó al palacio, donde ella se unió a su harén de  esposas (ya tenía cinco). Con el tiempo, Betsabé dio a luz al hijo de  David. Y  por todo un año tras el asesinato, David no mostró señales de  arrepentimiento por sus hechos. De hecho, él justificó la  muerte de  Urias ante Joab, diciendo que Urias había muerto por azares de  la  guerra: “... porque la  espada consume, ora a  uno, ora a  otro;” (11:25).

David pudo tomar su pecado ligeramente, pero Dios no. Las escrituras dicen: “... Mas esto que David habia hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová.” (11:27).

Gracias a  Dios que David tuvo un pastor que no tenía miedo a los el hombres.

Natán, el profeta era el pastor de  David. Y  Natán  no tuvo temor de  exponer el pecado al pueblo, incluyendo el pecado del rey. Veo a  Natán como un tipo del pastor piadoso que padece por los pecados en su congregación. Hubo de entristecerlo profundamente que David, un hombre a  quien todos consideraban como piadoso y  justo, estuviera encubriendo este pecado.

Natán sabía todo lo que David había hecho, porque el Espíritu SanSanto se lo había revelado. El supuesto rey justo había roto tres mandatos santos: Había deseado la  esposa de  otro hombre y  se la había robado. Cometió adulterio con ella. Y había asesinado para cubrirlo todo. ¿Como condujo  Natán la  situación? Como reprobó este predicador de santidad a  alguien que estaba cubriendo un horrible pecado?

Muchos ministros jóvenes me han hecho preguntas similares: “¿Cómo puedo tratar con el pecado en mi congregación? Muchas parejas se están divorciando, y  otros están viviendo en adulterio. Yo sé que tengo la  responsabilidad de  predicarles sobre la  santidad de  Dios Pero tampoco quiero hecharlos fuera de  la  iglesia.”

Mi respuesta a  estos predicadores jóvenes es siempre la  misma: “Tu congregación escuchará cualquier cosa que tengas que decir, si lo dices a través de  las lágrimas. No puedes chafarle la cabeza con tu mensaje. Ellos tienen que saber que tu corazón está dolido. Trata de  llevarlos al arrepentimiento predicando la  gracia de  Dios. Si, la  Palabra es una espada de  dos filos, pero tienes que manejarla con guantes de  terciopelo.”

Desde luego, esta no es la  actitud de todos los pastores. Regularmente, recibo cartas de  cristianos que dicen, “Debería de escuchar predicar el Reverendo fulano de  tal; es durísimo con el pecado.” La  mayoría de  las veces, los casetes de los sermones de estos predicadores no son mes que diatribas furiosas contra cosas externas. Sus mensajes raramente incluyen la  misericordia o la gracia de  Dios. En vez de  esto, ponen cargas pesadas sobre sus ovejas, nunca levantan un dedo para aliviarlos.

Yo creo que Natán nos provee con un ejemplo maravilloso de  como un ministro piadoso expone el pecado. Él no entró airado a  la  presencia de  David, con los brazos al aire y  la voz como un trueno. Él no señaló la  cara de  David con su dedo gritándole: “tú eres el culpable!” No, él llevó el mensaje de  Dios, temible y  revelador de  pecado con gran sabiduría, poder persuasivo y  tierna misericordia. Y  él usó una parábola para hacerlo.

Natán le dijo a  David: “Un hombre pobre tenía una sola corderita. Era la  mascota de  la  casa y  era querida como un miembro de  la  familia. Esta corderita se sentaba a la cama de  todos, buscando ser mimada. Este hombre la crió y la  alimentó como a uno de sus hijos. El hombre pobre tenía a  un vecino rico dueño de  mucho ganado. Un día el hombre rico estaba en compañía de una visita. Cuando llegó la  hora de cenar, mandó a  uno de sus sirvientes matar un cordero. Pero le dijo al sirviente que no lo tomara de su propio rebaño, sino que lo robara del vecino, lo matara, cocinara y  sirviera a su visitante.”

Cuando David escuchó esto, se encendió. Le dijo a  Natán, “Este hombre rico merece la  muerte!” “Vive Jehová, que es digno de  muerte quien tal hizo! Debe pagar cuatro veces el valor del cordero, por haber hecho tal cosa y  no mostrar misericordia.” (2 Samuel 12:5-6).

En este momento, Natán debería tener lágrimas en los ojos. Le dijo a  David: “Tú eres este hombre. ... has tenido en poco la  palabra del Señor,…A  Urias, heteo, lo mataste a  espada y  tomaste a  su esposa como mujer.” (12:7, 9).

Natán estaba diciendo: “David, es que no lo entiendes? Estoy explicando tu historia. Tú tenias cinco esposas, sin embargo, robaste la  única esposa de otro hombre. No tuviste misericordia de  él. Lo enviaste a  la  batalla para fuera asesinado, para apoderarte de  su ovejita. Te has convertido en un adúltero, un asesino y  un ladrón. Has tomado la  Palabra de  Dios con ligereza.” Natán expuso cada detalle del pecado de  David. Pero no lo hizo con furia; mas bien le habló sencillamente al rey.

Este fue el momento en que David fue tocado, y  se quebró. Cuando leemos los escritos de  David de  este tiempo, vemos el clamor de  un corazón roto: “Mis huesos están débiles. No puedo dormir. Cada noche cubro mi almohada con lágrimas.” El Espíritu Santo estaba persiguiendo  David, hablando a su corazón, animándolo a  arrepentirse. Él no pudo escapar a la  persecución misericordiosa de  Dios.

Mientras leo y releo esta historia, el Espíritu Santo no me dejaba hasta que me mostró una poderosa verdad.

Tras estudiar este pasaje, empecé a  clamar a  Dios  “O  Señor, serás tan misericordioso conmigo como lo fuiste con David? Me enviarás una poderosa palabra que exponga el pecado, como le enviaste a  él? Por favor, Dios, si alguna vez caigo en el pecado, ponme bajo la  reprobación santa de  un profeta que no tema exponer el pecado.”

Yo creo que uno de los dones de  misericordia más grandes de  Dios hacia su iglesia son sus fieles ministros, quienes amorosamente nos reprueban nuestros pecados. Doy muchas gracias a  Dios por estos “predicadores Natán,” gente que no temen ofender a los ancianos, diáconos o  miembros ricos de  la  iglesia. Se ponen frente a frente con cualquiera, para exponer sus iniquidades con ternura y con amor.

Desde luego, que a nadie le gusta ser reporbado. Algunos en nuestra lista de  correo han escrito: “No me gusta abrir sus cartas. Leerlas siempre me hace sentir incomodo. Me desaniman.” “Yo no puedo servir a  un Dios como que siempre está rebuscando en mi alma para encontrar pecados.” “Usted necesita suavizar sus mensajes. No puedo soportarlos.”

Yo sé que,como un pastor amante, debo de tener cuidado con mi tono. Pero no puedo pedir disculpas por predicar la  verdad. Te pregunto, ¿qué le sucede a  la  iglesia cuando los pastores no le muestran a  la  gente sus iniquidades? ¿Dónde hubiera acabado David, si no hubiera tenido a  Natán para mostrarle su maldad?

Has de  entender, Natán sabía muy bien que el poderoso rey podía matarlo en cualquier momento. Él había visto a  David furioso en muchas ocasiones. Así que, ¿porqué  Natán no dijo?, “Sólo seré un amigo de  David. Oraré por él y  estaré presente cuando me necesite. Tengo que confiar que el Espíritu Santo lo convencerá.” ¿Qué hubiera pasado?

Yo creo que sin la palabra convincente de Natán, David hubiera caído bajo el peor juicio conocido de la humanidad.

El peor juicio posible es que Dios te entregue a tu pecado, que detenga todo trato del Espíritu Santo en tu vida. Sin embargo, esto es exactamente lo que está pasando con muchos cristianos hoy en día. Escogieron escuchar solamente predicas suaves que aseguran la  carne. Dónde no hay Palabra convincente, no puede haber tristeza piadosa por el pecado. Y  dónde no hay tristeza piadosa por el pecado, no puede haber arrepentimiento. Y  dónde no hay arrepentimiento, solamente hay dureza de  corazón.

El apóstol Pablo escribió a  la  iglesia de los Corintios: “Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habeis sido contristados según Dios,... porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación...” (2 Corintios 7:9-10). Pablo dijo que su clamor contra el pecado de los corintios produjo tristeza santa en ellos que los llevó al arrepentimiento. A su vez, esto produjo en ellos un odio hacia el pecado, un temor santo de  Dios y  un deseo para vivir rectamente. Pero esto nunca hubiera pasado si Pablo no hubiera predicado una palabra convincente, aguda y  penetrante.

La  razón por la cual Pablo habló con tanta fuerza a los corintios era, “… para que se hiciese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios” (7:12). En otras palabras: “yo no estaba tratando de  molestarlos o  condenarlos. Yo expuse su pecado para vieran cuánto los estimo y  cuido de  vosotros. Cuando el Espíritu Santo toca la  puerta del corazón, a veces suena como un golpe severo. Pero, en realidad, Dios está mostrando su tierno amor.”

Sin tal palabra, seguro que David hubiera caído bajo un terrible juicio. Ya había pasado un año en sus asuntos, sin enfrentar a lo que había hecho. Él no escuchó ninguna palabra de  reprensión o  corrección. Así que con cada día que pasaba, su pecado se hacía más fácil de  ignorar. Además, su ejército seguía ganando victorias decisivas. En la  superficie, todo parecía irle bien. Pero estoy seguro que David tenía problemas para dormir. Probablemente, se despertaba cada día con una nube oscura colgándole encima. El hecho es, nadie que tiene intimidad con el Señor puede permanecer cómodo viviendo en pecado.

Permíteme darte un ejemplo: yo aconsejé a  un querido hermano cristiano de  quien yo sospechaba que sostenía una aventura. Cuando le pregunté, lo negó vehementemente. Después, un mes más tarde, pidió verme de noche. Cuando me encontré con él, estaba llorando y  compungido. Me confesó: “Pastor, he estado viviendo en el infierno durante semanas; le he mentido a  usted y  a Dios. He estado viviendo en adulterio. He escuchado cada mensaje del púlpito, cada palabra de  aviso. Y durante un tiempo pude acallar la  voz de  Dios.” El Espíritu Santo continuamente le recordaba a  este hombre todas las prédicas que había escuchado que exponen el pecado. Y  él fue llevado a  arrepentimiento al recordar esta palabra predicada.

Ahora te doy otro ejemplo: una hermana en Cristo me escribió, “Hermano David, he estado casada durante veinte años. Amo a mi esposo, pero ahora probablemente tendré que dejarlo aunque no quiera. No podía descifrar porque este hombre de  Dios, que iba a  la  iglesia conmigo regularmente, empezara a  deteriorarse tanto en su carácter. Se ha vuelto deshonesto conmigo, un muro ha crecido entre los dos. Pronto se convirtió en un extraño para toda nuestra familia. No podía discernirlo. Oré e hice todo lo que pude para entender porque se estaba desintegrando. Entonces descubrí la razón: estaba viciado con la  pornografía desde antes de  casarnos, y  por algún tiempo después. Él aun dice ser cristiano y  asiste a  la  iglesia conmigo. Pero se niega a  dejar este vicio.”

Este hombre está a punto de  perder su familia y  su hogar. Él declara que ha nacido de  nuevo y  que va camino al cielo. ¿Crees que él necesita una palmadita en la espalda y  una palabra de  seguridad? ¿Necesita escuchar a  algún predicador decir: “Estate tranquilo, Jesús te ama? No, nunca! Él necesita un Natán, alguien que le diga, “Tú eres un hombre culpable!” Él necesita ser despertado, que le enciendan el fuego del Espíritu Santo. De  otra manera, será entregado a su pecado y  con el tiempo será destruido.

Sin un Natán (ninguna palabra profética y penetrante) David hubiera acabado como Saúl: espiritualmente muerto, sin la guía del Espíritu Santo, habiendo perdido toda intimidad con Dios.

Mientras David escuchaba la  palabra amorosa pero penetrante de  Natán, él recordó el tiempo cuando un rey anterior fue advertido por un profeta. David había escuchado todo sobre Samuel advirtiendo al rey Saúl. Y  él había escuchado la  respuesta a medias de  Saúl, confesando, “He pecado.” (Yo no creo que Saúl clamara desde su alma, como lo hizo David, “He pecado contra el Señor!”).

David vio de  primera mano la  ruina que cayó sobre Saúl. El rey que una vez fue piadoso y  dirigido por el Espíritu, ahora continuamente rechazaba las palabras de  reprobación del Espíritu, llevadas a  él por un profeta santo. Pronto Saúl empezó a  andar en su propia voluntad, amargura y  rebelión. Finalmente, el Espíritu Santo se apartó de  él: “...Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15:23). “… de  Saúl se había apartado;” (18:12). Saúl acaba yendo a  una bruja buscando guía. Él le confesó, “Dios se ha apartado de  mí y ya no me responde, ni por la vía de los profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me digas qué tengo que hacer.” (28:15).

David recordó toda la  locura, fealdad y  terror que rodeaba a  este hombre que le había cerrado la  puerta a  la  Palabra de  Dios. De repente, la  verdad penetró su propio corazón: “Dios no hace acepción de  personas. He pecado como Saúl. Y  ahora aquí está otro profeta, en otro tiempo, dándome la  Palabra de  Dios, como Samuel se la dio a  Saúl. O, Señor, he pecado contra ti! Por favor no quites tu Santo Espíritu de  mí, como hiciste con Saúl.”

David escribió, “porque yo reconozco mis rebeliones, y  mi pecado está siempre delante de  mí. Contra ti, contra ti solamente he pecado, y he hecho lo malo ante de tus ojos,…Purifícame… Crea en mí, Dios, un corazón limpio, … No me eches de  delante de  ti y  no quites de  mí tu santo Espíritu.” (Salmo 51:3-11).

Un comentarista sugiere que a  pesar del arrepentimiento de  David, él nunca se recuperó de  su caída. Señala que la  Biblia dice poco sobre alguna victoria de David tras este tiempo. Mas bien,  sugiere, David meramente se esfumó de la escena hasta su muerte.

Es cierto que David pagó severas consecuencias por su pecado. De hecho, él profetizó juicio sobre si mismo: Él le dijo a  Natán que el hombre rico que le robó el cordero al hombre pobre tenía que restaurar todo cuatro veces. Y  esto fue justo lo que sucedió en la  vida de  David: el bebé que Betsabé dio a  luz murió a los pocos días. Y  tres de los otros hijos de  David—Amón, Absalón y  Adonias—todos tuvieron muertes trágicas y  antes de su tiempo. David pagó  por su pecado, con cuatro de sus propios corderos.

Pero la  Biblia claramente muestra que cada vez que volvemos al Señor en arrepentimiento genuino y  de corazón, Dios responde trayendo absoluta reconciliación y  restauración. No hemos de  acabar como Saúl, cayendo en la  locura y  el terror. Ni tampoco hemos “de ausentarnos” de  la  vida, pasando nuestro tiempo en vergüenza callada hasta que el Señor se nos lleve. Al contrario, el profeta Joel nos asegura que Dios entra inmediatamente cuando nos volvemos a  él: “Rasgad vuestro corazón… convertíos al Señor, vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.” (Joel 2:13).

Extraordinariamente, Dios después nos da esta increíble promesa: “Yo os restituiré los años que comió la oruga … Comeréis hasta saciaros, y  alabaréis el nombre del Señor, vuestro Dios, que ha obrado maravillas con vosotros; y  nunca jamás será mi pueblo avergonzado.” (2:25-26). El Señor promete restaurarlo todo.

Has de  entender que cuando esta profecía fue dada, Dios ya había pronunciado juicio sobre Israel. Pero el pueblo se arrepintió, y  Dios dijo, “Ahora voy a  hacer cosas maravillosas para ti. Voy a  restaurar todo lo que el diablo robó.”

Queridos, la  tierna misericordia de  Dios permito al peor pecador decir, “No soy un adicto a las drogas. No soy un alcohólico. No soy un adúltero. Soy un hijo del Dios viviente, con todos los derechos del cielo en mi alma. Ya no vivo en condenación, porque mi pasado está completamente lejos de  mí. Y  no tengo que pagar por mis pecados pasados, porque Jesús pagó el precio por mí. Lo que es más, él dice que me restaurará todas las cosas”

Esta es la  verdad de lo que le sucedió a  David: Él escuchó la  Palabra de  Dios a través de  Natán, se arrepintió y  obedeció, y  como resultado, pasó el resto de  su vida creciendo en el conocimiento de  Dios. El Señor dio gran paz a  la  vida de  David. Y  con el tiempo, todos sus enemigos fueron silenciados.

Pero la  evidencia mas clara de  la  restauración de  Dios en la  vida de  David es su propio testimonio. Lee lo que David escribió en los días de  su muerte:
  
«Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador; Dios mio, fortaleza mía, en él confiaré: Mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste.” (2 Samuel 22:2-3). Este no es el testimonio  de  alguien que se ha esfumado.

  “… clamé a mi Dios; Él oyó mi voz desde su templo…me tomó. Me sacó de las muchas aguas … me sacó a lugar espacioso; me libró, porqué se agradó de mi.” (2 Samuel 22:7, 17, 20). Hemos  visto todo lo que David hizo para desagradar al Señor. Pero, aun tras todo esto, David pudo decir, “El Señor se agrada de mí.”

Esta es la  razón por la cual David siempre será conocido como “un hombre de acuerdo con el corazón de  Dios: Es porque él rápidamente y  genuinamente se arrepintió de sus pecados.

Proverbios nos dice:

   “…mas el que guarda la corrección recibirá honra” (Proverbios 13:18). Dios te honrará, si  aprecias y  obedeces la  corrección santa.

   “…No quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía. Comerán del fruto de su camino y serán hastiados de sus propios consejos. Porque el desvío de los ignorantes los matará y la prosperidad de los necios los echará a perder”
     (Proverbios 1:30-32). Si vuelves oídos sordos a  la  corrección  santa, acabara destruyéndote.

   “… son camino de vida las reprensiones que te instruyen.” (Proverbios 6:23).
     Simplemente, la  Palabra convencedora de  Dios trae  vida.

Querido santo, la  verdad sobre “prédicas duras,” si es predicada con lágrimas, es que es en realidad “prédica de  gracia.” Si estás siendo sondeado por la  Palabra de  Dios—si su Espíritu no esta permitiéndote sentirte cómodo en tu pecado—entonces se te está mostrando misericordia. Es el profundo amor de  Dios obrando, sacándote de  la  muerte a  la  vida.

¿Responderás a  él como David? Si es así, conocerás la  verdadera restauración y  reconciliación  Y  Dios restaurará todo lo que el enemigo ha malogrado.