Església Evangèlica
av. Mistral, nº 85-87
08015-Barcelona
Email:
tel.: 93 372 1632
 

Conferencias

El boletín de la iglesia


 
Boletín Verdad Viva
 
 

Selección de sermones

 

Opinión

 
 

La unidad de la Iglesia (Ef 4:1-16)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre la Iglesia basados en Efesios 4-6

En los tres capítulos anteriores, Pablo ha desarrollado el propósito eterno de Dios en la historia por medio de Jesucristo, el cual murió por los pecadores y resucitó para crear al hombre nuevo y una nueva sociedad: la iglesia. A partir del cap. 4, el apóstol pasa a tratar los nuevos valores que se esperan de ella. Es decir, abandona la exposición para entrar en la exhortación, pasa de la doctrina a la práctica. Las palabras claves son: "os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados" (v. 1).

Lo que el cristiano ha de ser viene determinado por el llamamiento divino. Todos los auténticos cristianos, un día recibimos una llamada del Señor por medio de su Palabra y su Espíritu y en conformidad con ella debemos comportarnos. El nuevo hombre, individual o colectivo está llamado a una existencia con dos características principales: a) constituir un pueblo compuesto por judíos y gentiles, sin barreras étnicas ni sociales para formar la única familia de Dios; b) ser un pueblo "santo", apartado, separado del mundo para pertenecer a Dios.

Por tanto, como el pueblo de Dios es llamado a ser un pueblo, debe manifestar su unidad y porque es llamado a ser un pueblo santo, debe mostrar su pureza. La unidad y la pureza son las dos características básicas que debe manifestar la iglesia. Pablo trata el tema de la unidad de la iglesia en los w. 1-16 y el de la pureza desde 4:17 a 5:21. ¿Qué tipo de unidad quiere Dios que tenga su nueva comunidad?

  1. Una unidad basada en el amor (v. 2)
    Como ya hemos señalado otras veces, el amor aquí no es un sentimiento, sino un tipo de conducta relacionado con los demás. Esta frase depende del verbo "andéis" del v. 1 que expresa cómo debemos comportarnos. Pablo había orado que los creyentes podamos estar "arraigados y cimentados en amor" (3:17) y ahora nos exhorta a que vivamos una vida de amor que es la culminación de una serie de cualidades morales. Empieza por la humildad, algo despreciable en el mundo griego, pues nunca utilizaban esta palabra con aprobación o admiración.
    La consideraban servil, propia del esclavo. Hasta que vino Cristo, el mundo no conoció la humildad verdadera, porque él se humilló a sí mismo. La humildad es esencial para la unidad. Detrás de cada discordia anida el orgullo, mientras el secreto de la concordia es la humildad. Después menciona la mansedumbre, considerada por Aristóteles como la cualidad de la moderación.

    Un término que se usaba para los animales domesticados, de modo que no es sinónimo de "debilidad". Por el contrario es la gentileza del fuerte, cuya fuerza está bajo control. Es la cualidad de una personalidad fuerte, que es a la vez dueño de sí mismo y siervo de los demás. Se define como la ausencia de la disposición de hacer valer derechos personales ya sea ante la presencia de Dios o la de los hombres. Humildad y mansedumbre forman una pareja natural en pleno equilibrio como se encontraban en Cristo.

    Las cualidades tercera y cuarta forman otra pareja natural, porque la paciencia es soportar por mucho tiempo a la gente provocativa, tal como Dios la ha mostrado en Cristo hacia nosotros, mientras que soportarse uno al otro nos habla de tolerancia mutua, sin la cual ningún grupo de seres humanos pueden vivir juntos en paz. El amor es la cualidad final que incluye a las otras cuatro y es la corona y suma de todas las virtudes.

    Allí donde estén ausentes estas cualidades no podrá mantenerse ninguna unidad externa, pero cuando se colocan en la base, la unidad será visible.

  1. La unidad cristiana surge de la unidad de Dios (vv.3-6)
    Fijémonos que, en contra de lo que afirma el ecumenismo religioso, nosotros no tenemos que realizar la unidad de la Iglesia porque aún siendo una sociedad humana tiene un origen divino y es el Espíritu el que ha realizado la unidad, por tanto, se trata de una realidad espiritual que nosotros debemos mantener mediante el vínculo o unión de la paz. El apóstol repite el artículo "un" siete veces en tres versículos y descubrimos que en tres de estas siete unidades aluden a las tres personas de la Trinidad (un Espíritu; un Señor, es decir, Jesús; y un Dios y Padre), mientras los cuatro restantes aluden a nuestra experiencia cristiana en relación con las tres personas de la Trinidad. De ahí se desprenden tres afirmaciones simples:
    1. Hay un cuerpo porque sólo hay un Espíritu (v. 4). El cuerpo único es la Iglesia, el cuerpo de Cristo (1:23) que reúne a creyentes judíos y gentiles; y su unidad o cohesión se debe al único Espíritu Santo que mora en ella, el cual nos ha integrado en un cuerpo por medio del bautismo (1 Co. 12:13). Por más esfuerzos que hagan los hombres para tener una unidad estructural, ya sea el C.M.I. o la iglesia romana con su fuerza centrípeta, nunca podrán sustituir la unidad formada por el Espíritu Santo.

    2. Hay una esperanza, una fe y un bautismo, porque hay un Señor (v. 5). Éste no es otro que Jesucristo, el único objeto de la fe, la esperanza y bautismo de todo el pueblo cristiano. Es Jesucristo en quien hemos creído, en quien hemos sido bautizados  es aquel cuya venida anhelamos con esperanza. Estas tres características son las que nos sirven ara distinguir entre los que forman parte de la Iglesia y los que sólo pertenecen a una sociedad religiosa.

    3. Hay una familia cristiana que nos reúne a todos porque hay un Dios y Padre (v.6).El "todos" sobre quienes, por quienes y en quienes Dios es Padre, son su familia, sus hijos redimidos. Si tomamos las tres afirmaciones al revés empezando por el Padre, vemos que como único Padre crea una única familia; el único Señor, Jesucristo, crea una única fe, esperanza y bautismo. El único Espíritu, crea un único cuerpo: la Iglesia. Yendo un poco más lejos podemos afirmar que sólo puede haber una sola familia cristiana, una sola fe cristiana, esperanza y bautismo, y sólo un cuerpo cristiano, porque sólo hay un Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. No se pueden multiplicar iglesias de la misma manera que no se pueden multiplicar dioses. Si sólo hay un Dios, entonces sólo tiene una Iglesia.
    4. Si la unidad de Dios es inviolable, entonces también lo es la unidad de la Iglesia. La Iglesia no se puede dividir como no es posible seccionar a la divinidad.

    5. ¿Cómo se puede explicar entonces el fenómeno de la división de la Iglesia con la enseñanza bíblica de la indestructibilidad de su unidad? La respuesta es que debemos hacer una distinción entre la unidad de la Iglesia como realidad invisible ante Dios, el cual tiene una sola Iglesia y la desunión de la Iglesia como realidad visible que contradice la realidad invisible. Lo cierto es que a pesar de esto, en reuniones interdenominacionales percibimos la sensación de la unidad que subyace en Cristo, pero por fuera pertenecemos a diversas iglesias y tradiciones.

      Pablo reconoce esta paradoja de unidad y desunión cuando nos dice que debemos guardar la unidad en el vínculo de la paz. Por un lado la unidad es creada por el Espíritu y por otro debemos mantenerla nosotros, lo que implica que debe haber una unidad visible y no conformarnos con la desunión.

      "Solícitos" quiere decir en el original "poner empeño" y se trata de una actividad continua y diligente, al ser un participio presente. Aunque estamos hablando de la Iglesia universal, tiene también su aplicación a la iglesia local cuando en ella se producen rivalidades entre grupos e individuos. Hay que actuar siendo solícitos en guardar la unidad, el amor y la paz.

  1. La unidad cristiana enriquecida por la diversidad de ministerios (vv.7-12)
    Mientras en el v.6 se hace referencia a "todos", el v. 7 empieza por "cada uno", de modo que pasamos de la unidad a la diversidad en la iglesia. Con esto Pablo señala que la unidad no debe ser malentendida como uniformidad, como si cada cristiano sea un clon de otro. Por el contrario la unidad de la Iglesia es atractiva por su diversidad, tanto cultural como temperamental con personalidades diferentes en que Cristo distribuye los dones o ministerios para el enriquecimiento mutuo. El apóstol menciona dos tipos de ministerios: los que pertenecen al fundamento de la iglesia y los que corresponden a la edificación de la iglesia:
    1. Apóstoles. El término "apóstol" tiene tres significados en el NT: Sólo una vez se aplica al cristiano individual (Jn 13:16) el cual es llamado siervo y enviado o mensajero. El verbo apostello significa enviar y todo el pueblo cristiano es enviado al mundo como embajador de Cristo para compartir la misión apostólica de la iglesia.
      Pero éste no puede ser el sentido aquí porque se refiere a "unos apóstoles" y no a que todos lo sean.

      En segundo lugar estaban los apóstoles de las iglesias (2 Co. 8:23, FU. 2:25), mensajeros que enviaba una iglesia como misioneros o con alguna otra misión. En tercer lugar están los "apóstoles de Cristo", grupo que estaba formado por doce que habían sido elegidos por Jesús y tenían que haber sido testigos de su resurrección y que están en primer lugar de la lista (Cf. 1 Co. 12:28), los cuales constituyen el fundamento de la iglesia (2:20). Por tanto, en este sentido no hay apóstoles hoy, porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, ni tampoco hay sucesión apostólica porque fueron únicos.

    2. Profetas.El término profeta en la Biblia se refiere, en primer lugar, a una persona que recibía un mensaje del Señor y lo transmitía al pueblo en tanto que vocero o portavoz de Dios como vehículo de revelación directa.
      En este sentido, en el día de hoy tampoco hay profetas porque nadie puede reclamar una inspiración semejante a la de los profetas bíblicos o utilizar la fórmula "así dice el Señor". Si esto fuera posible, tendríamos que añadir esas palabras a la Biblia. El apóstol Pablo se refiere aquí a profetas en este sentido exclusivo y único porque los pone después de los apóstoles (1 Co. 12:28) y une apóstoles y profetas como fundamentos de la iglesia y receptores de revelación de parte de Dios (2:20, 3:5).

      Pero como ocurre con el término apóstoles, "profetas" tiene también un sentido secundario o relativo y se puede aplicar a algunos que tienen un don especial de exposición bíblica, es decir, para comprender las Escrituras y aplicarlas. Otros tienen una percepción especial del mundo actual y saben denunciar los pecados de nuestra sociedad con una aplicación de las Escrituras, como hacían los profetas del AT. Otros tienen el don de provocar una convicción de pecado en sus oyentes mientras les exponen las Escrituras. En estos tres casos el profeta se asimila al predicador que expone la Palabra de Dios y habla conforme a las Escrituras. Por tanto, hay un sentido derivado que es el predicador.

      El profeta que pentecostales y carismáticos pretenden tener y que transmite mensajes directos de parte de Dios queda descartado.

    3. Evangelistas. Es un término que aparece sólo tres veces en el NT (Hch. 21:8, 2 Ti. 4:5), aunque sí se muestra el verbo "evangelizar", una acción que corresponde realizar a todos, pero el ministerio de evangelista es sólo para unos. Se trata del cristiano que tiene el don de la predicación evangelística o de ayudar a los no creyentes a dar un paso de fe en Cristo. Creo que este ministerio debería ser reconocido en la iglesia, del mismo modo que lo son los pastores porque forman un equipo con ellos.

      El ministerio de evangelista se corresponde con la obra pionera y se coloca en primer lugar del ministerio de edificación de la iglesia porque son los que van delante, luego ya vendrán los pastores y maestros para cuidar a los convertidos y enseñarlos. 3.4. Pastores y maestros. Los pongo juntos, porque están unidos por una copulativa. El cuidado de los pastores sobre la grey se realiza alimentándola con las Escrituras, es decir, enseñando. La idea aquí es que todos los pastores deben ser maestros, mientras que no todos los maestros deben ser necesariamente pastores.

      Notemos que se refiere al ministerio pastoral, de cuidado del rebaño y no del oficio pastoral, puesto que el NT usa preferentemente los términos anciano y obispo para referirse al gobierno de la iglesia. Evidentemente, los evangelistas, pastores y maestros son ministerios de edificación de la iglesia sobre el fundamento de apóstoles y profetas en una perfecta unidad. El propósito de estos ministerios es capacitar al pueblo de Dios para el servicio o ministerio. El modelo de iglesia aquí es la de un cuerpo donde cada miembro tiene una función.

  1. La unidad cristiana demanda madurez y crecimiento ( vv. 13-16)
    Hasta aquí hemos visto la diversidad de ministerios en la iglesia y que su propósito es equipar al pueblo de Dios y así edificar el cuerpo de Cristo. Ahora el apóstol continúa elaborando lo que quiere decir la expresión "edificación del cuerpo de Cristo". Se trata de un proceso largo con tres fases completas en el v. 13:
    1. La unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios. Notemos que la unidad de la iglesia, aunque en un sentido ya ha sido dada, en otro debe ser guardada y además es algo a lo que debemos llegar. Si la unidad ya existe por haberla hecho el Señor, ¿cómo obtenerla como meta? La respuesta posible es que así como la unidad necesita ser guardada visiblemente, también necesita alcanzarse plenamente. Hay grados de unidad como hay grados de santidad. Y la unidad a la que debemos llegar un día es esa unidad completa que hará posible una fe y un conocimiento plenos del Hijo de Dios.

    2. A un varón perfecto. Es otro modo de llamar a esta unidad completa. Es cierto que cada cristiano tiene que crecer hasta la madurez en Cristo, pero aquí se trata de algo corporativo. La iglesia está representada como un solo organismo, el cuerpo de Cristo y debe crecer hacia la estatura adulta.

    3. A la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Aunque por un lado es corporativa, por otro el crecimiento depende de la maduración de los miembros. Porque no podemos ser niños fluctuantes, es decir, ignorantes e inestables. La ilustración de Pablo es muy gráfica empleando dos palabras que literalmente significan:   "llevados por fuertes vientos" y "llevados a la deriva".
      Así son los cristianos inmaduros, nunca   parecen saber lo que piensan ni llegan a tener convicciones firmes. Tienden más bien a creer en la nuevas ideas que han escuchado de un predicador o han leído en un libro y caen fácilmente presa de la última moda teológica. No pueden resistir a los que emplean con astucia las artimañas del error. En contraste con la inestabilidad doctrinal que es signo de inmadurez, lo que debemos hacer es seguir la verdad en amor.

      Lo que el apóstol demanda es un equilibrio entre ambas, porque debemos huir de los extremismos: si sacrificamos la verdad por el amor somos conducidos al sentimentalismo y si sacrificamos el amor por la verdad somos llevados a la frialdad doctrinal. La verdad necesita ser suavizada por el amor y el amor precisa ser fortalecido por la verdad.

Conclusión. En este magnífico pasaje la nueva sociedad que es la iglesia debe desplegar amor, unidad, diversidad, y crecimiento maduro. Estas son las características de una vida digna de la vocación con que hemos sido llamados. Es decir, mantener una relación fraternal profunda, celo por guardar la unidad cristiana, un ministerio activo de todos los miembros y un crecimiento firme hacia la madurez que se logra por seguir la verdad en amor.