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No codiciarás la casa ni la mujer de tu prójimo (Éx. 20:17/Dt. 5:21)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre los Diez Mandamientos

La cadena de televisión holandesa ICONTV ha realizado un documental televisivo de gran creatividad sobre los diez mandamientos, el cual fue presentado en julio de 2001 en Marsella con motivo del Festival Internacional de Documentales.
La serie supuso dos años de trabajo y fue transmitida a comienzos de dicho año en Holanda con una buena acogida. Ha sido adoptada por tres mil instituciones educativas con el fin de estimular a los jóvenes a debatir sobre un argumento tan crucial. Un ejemplo de su creatividad podemos verlo en la manera en que trata el último mandamiento enfocándolo sobre el derecho a la propiedad y la cultura. Realizaron el documental en una selva amazónica donde se reconstruyen las vivencias de una población indígena amenazada por una compañía petrolífera, defendida por el capuchino Alejandro Labaka, asesinado en 1997.
El último de los mandamientos es una prohibición tajante a codiciar o desear lo que pertenece a otros. Mientras los cinco mandamientos anteriores tienen que ver más con nuestras acciones que con nuestras actitudes, el décimo mandamiento nos obliga a un análisis introspectivo, al relacionarse con nuestras actitudes.
Codiciar, no es lo que hacemos, sino lo que planeamos o lo que deseamos tener a toda costa. Por ser el último, no es el menos importante, ya que de alguna manera lo abarca todo, porque toda la maldad surge de la codicia. Cuando realizamos un acto, éste empieza siempre en nuestras mentes y como dijo Jesús, lo que contamina al hombre es lo que sale del corazón. “los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”.

Todas éstas son acciones, menos la primera, las cuales nacen de una actitud: la codicia. Nuestros pensamientos pueden ser “malos pensamientos” que crean un puente sobre el que el deseo o la codicia cruza para convertirse en acción.

  1. Significado de codiciar
    El término original hebreo es kamath , un vocablo muy interesante.
    No siempre se usa esta palabra en la Biblia en un sentido negativo. El vocablo en sí significa simplemente “desear” algo o “deleitarse” en ello. Por ejemplo, en Cantares la amada dice: “bajo la sombra del deseado me senté” (2:3) y más adelante sigue diciendo: “todo él es codiciable” (5:16).
    En ambos casos se trata de la misma palabra que en el último mandamiento, pero su sentido es positivo. En realidad, en la vida podemos deleitarnos en muchas cosas sin que sea pecado. En el Salmo 19:10 se nos dice que las palabras de Dios “ deseables son más que el oro” .
    Pedro exhorta a los creyentes en el mismo sentido cuando dice: “ desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada ” (1 P. 2:2). Pero el término “codicia” tiene también un sentido negativo cuando se trata de un deseo pecaminoso. En Proverbios 6:25 leemos en relación con la prostituta: “no codicies su hermosura en tu corazón” y utiliza la misma palabra que en Éxodo. 20:17. Lo que pasa es que a veces la línea de separación entre un deseo correcto y una codicia pecaminosa es muy fina. La advertencia de este mandamiento no va en contra de desear, sino de codiciar lo que pertenece al prójimo.
  2. Dios cubre las principales áreas de la vida del prójimo: la casa y al tierra es una referencia a la propiedad, la mujer alude al matrimonio quebrantando a la vez el séptimo mandamiento; los siervos tienen que ver con los medios de producción ya que eran obreros de la hacienda; los animales eran la medida de los bienes de un hombre y a su capacidad de comerciar, por tanto, una referencia a la riqueza y la posición social.
    No han cambiado mucho las cosas desde entonces.
    Nuestro problema en occidente no es lo que poseemos, sino que los demás tengan más que nosotros. La publicidad nos lava el cerebro para que tengamos cada vez más cosas. La codicia no consiste necesariamente en querer algo, sino en querer algo más del prójimo que no tenemos nosotros.

  3. ¿Uno o dos mandamientos?
    En la Introducción General de esta serie dijimos que judíos, ortodoxos y evangélicos consideramos que este versículo contiene un solo mandamiento, mientras que católicos y luteranos creen que son dos y los colocan en el noveno y el décimo lugar.
    Al refundir en un solo mandamiento el primero y el segundo, se ven en la obligación de tener que dividir otro en dos partes para completar los diez. Y eso es lo que hacen cuando llegan al décimo. Pero difieren entre ellos en que los luteranos lo toman del libro de Éxodo y los católicos de Deuteronomio.
    La división en dos mandamientos es artificial, porque cuando los comentan, tanto unos como otros no lo hacen por separado, sino juntos. En relación con su contenido creemos que se trata de un mandamiento único, no codiciar, no importa si se trata de la casa del prójimo o de su mujer y este criterio está refrendado por el NT.
    Pablo dice que nunca hubiera sabido que es codiciar si la ley no hubiera dicho: “no codicies” (Ro. 7:7). Cuando hace una relación de los mandamientos dice: “no adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás” y cualquier otro mandamiento (Ro. 13:9). Resulta claro que “no codiciarás ” debe entenderse como un solo mandamiento.

  4. Aspectos prácticos que se derivan del mandamiento “ no codiciarás ”
    De acuerdo con el significado que hemos expuesto más arriba, “no codiciarás ” se halla entre el deseo y la acción. La acción la han condenado los mandamientos anteriores, éste condena la actitud o disposición del corazón que conduce finalmente a la acción
    .
    1. No codiciarás la mujer del prójimo .
      La desdicha se cierne sobre el matrimonio cuando el esposo –en el texto- aunque también puede ser ella en la realidad, ya no encuentra deseable a su cónyuge porque se ha enamorado o encaprichado de otra persona . Aunque éste lo niegue, el otro cónyuge percibe que algo anda mal en su relación.
      Seguramente no conoce todo lo que se está cociendo en el corazón de su esposa / esposo, pero sabe lo suficiente para darse cuenta que hay otra persona en su vida. Quizás nunca lleguen a divorciarse, pero aparte del divorcio, una persona puede echar a perder su matrimonio y su vida familiar por este tipo de codicia.

    2. No codiciarás la casa o la tierra de su prójimo .
      Cuando se estudian las causas que han originado infinidad de guerras en el mundo con el deseo de ampliar sus territorios, entonces se comprende lo que había y lo que hay en la actualidad en los corazones de muchos emperadores, gobernantes, hombres de negocio, grandes empresas multinacionales, mafias, etc.
      Una vez llevaron a un pirata que habían hecho prisionero a Alejandro Magno para que le contara porqué había convertido los mares en un lugar inseguro; el pirata contestó burlándose: “No hice sino lo que tú haces, convertir el mundo en peligroso. Pero como yo sólo tengo un pequeño barco, me llaman pirata; a ti te llaman rey, porque te dedicas a ello con toda una flota”. A un nivel menor esta codicia también puede hacer presa de nosotros aunque seamos cristianos.
    3. Las preocupaciones de la vida, el engaño de las riquezas y el deseo de muchas otras cosas, pueden dominar a la persona (Mr. 4:19). En la Biblia no se prohíbe poseer, sino el ansia de tener más; el gran peligro no es la riqueza, sino el deseo de ser rico (1 Ti. 6:9). El creyente se enfrenta a una lucha entre un estilo de vida bajo la dirección del Espíritu y otro dominado por los deseos de la carne.

    4. Otros aspectos que abarca el mandamiento “no codiciarás”.
      En realidad, la codicia está en la base de la caída. El fruto del árbol era deseable y al comerlo podrían ser como Dios. De ahí que el hombre caído piensa que debería ser más de lo que es y tener más de lo que tiene. Las formas pueden variar, pero la esencia sigue siendo la misma.

      Una forma intensa de conseguir más es la publicidad. No nos referimos a tener un buen producto y darlo a conocer, sino a la publicidad engañosa que sólo busca beneficios rápidos y fomenta el consumismo explotando con habilidad toda clase de necesidades e instintos humanos, como hace la publicidad subliminal. Un aspecto más, sería el de los juegos de azar, loterías de todo tipo, quinielas, apuestas, casinos, bingo, etc. que tantas vidas y familias ha arruinado.

Conclusión:
F. Ridderus, teólogo holandés, ha dicho: “si medimos por lo externo, el fariseo parece un santo; si estudiamos lo interno, el mejor de los santos merece el infierno. La culpa está oculta en lo más profundo del corazón, bajo todos los deseos que se convierten en un plan que tratamos de hacer realidad”. Codiciar tiene que ver con este deseo oculto antes de actuar.