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No cometerás adulterio (Éx. 20:14)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre los Diez Mandamientos


Hace años escuché por la radio que en un colegio religioso de niñas, por los años cincuenta del siglo pasado, les hacían aprender de memoria los diez mandamientos cantando, pero cuando llegaban al séptimo en lugar de repetir la frase “no cometerás adulterio” debían decir “ tra la rá, tra la rá, tra la rá ”.
En aquel tiempo el adulterio era un tema tabú.
Hoy en día el adulterio ha sido despenalizado en casi todas las legislaciones de los países occidentales y juntamente con la fornicación se ha convertido en algo habitual en la sociedad, tan habitual que incluso ha invadido el campo religioso.
En España se hizo una encuesta que dio el siguiente resultado: los catalanes eran los españoles más fieles a su pareja, pero en un programa de radio descubrieron que los encuestados habían mentido porque unos estudiantes de biología habían hecho un trabajo de investigación con recién nacidos para ver si su sangre correspondía a sus progenitores y en muchos casos delataba que el padre biológico no era el esposo.
Para no crear alarma entre la población tuvieron que suspender el experimento. Abundando en el tema, los medios de comunicación divulgaron la existencia de una Agencia dedicada a facilitar coartadas al cónyuge infiel e incluso hay un establecimiento dedicado a reunir matrimonios para hacer cambio de pareja.

En el terreno religioso tenemos los informes de Maura O'Donohue y Marie McDonald, publicados en la revista National Catholic Reporter, en los que descubren que en África el celibato y/o la castidad no son valores en varios países examinados. Del lado protestante, la infidelidad ha afectado a pastores muy conocidos como Jessie Jackson, quien lo confesó públicamente y se arrepintió de haber cometido adulterio.
La prohibición del séptimo mandamiento no debe verse solamente en su aspecto negativo que continuamente es quebrantado por el ser humano, sino en su dimensión positiva como una salvaguarda de la importancia y la dignidad del matrimonio.

  1. Significado y definición de adulterio
    El AT trata de forma bastante específica los pecados sexuales. La palabra más habitual para adulterio es na'aph y se refiere siempre a la violación del matrimonio, hasta cuando alude a al apostasía contra Dios. Con este término la Biblia señala a un hombre o mujer casados o solteros que tienen relaciones sexuales con otra persona casada. De esta manera destruye la fidelidad matrimonial de su prójimo. Incluso, si una mujer estaba solamente comprometida para casarse se le aplicaba el mismo veredicto de una mujer casada (Dt. 22:23-24). Mientras que en el NT, toda relación sexual fuera del matrimonio se conoce como porneia (fornicación), en el AT se castigaba solamente el adulterio ya que el hombre podía tener más de una esposa (cf. el pecado de David). Por tanto, este mandamiento tenemos que verlo a la luz de lo que el AT dice sobre el matrimonio, ya que entonces adquiere un significado mucho más profundo y anticipándonos un poco debemos aportar también la enseñanza de Jesús al respecto.

  2. El matrimonio como institución divina
    En la actualidad tenemos necesidad de insistir continuamente en que el matrimonio entre un hombre y una mujer es el único aceptado por Dios y que toda unión carnal al margen del matrimonio es pecado. Cuando Dios creó al hombre, lo creó varón y hembra (Gn. 1:27). Este dato de la creación, tan simple a primera vista y que está confirmado con cada nuevo nacido que viene a este mundo es gran importancia para nuestro tema al señalar la diferencia sexual entre las personas desde el origen de la creación.

    Pero ya Platón decía que el ser humano original era un andrógino que encarnaba la unidad de los elementos masculinos y femeninos que fue castigado por los dioses dividiéndolo en dos: un hombre y una mujer. A partir de ahí el amor humano se consume buscando la unidad perdida. Este concepto de Platón ha sido hoy en día actualizado por la escritora francesa Elizabeth Badinter en un libro titulado “El uno es la otra” en que divide la historia en tres fases: en la primera fue “el uno y la otra”, en que el hombre y la mujer se complementaban entre sí, siendo la mujer la que ejercía mayor influencia.

    En la segunda, que sitúa en la época patriarcal, fue “el uno sin la otra”, cuando el hombre se convirtió en jefe y la mujer en oprimida. Hoy, según esta escritora, vivimos en la tercera fase en que rige “el uno es la otra” y desaparecen las diferencias sexuales. Pero esta visión de la historia está equivocada, porque lo que falló entre el hombre y la mujer, quebrando su relación armoniosa, fue el pecado. Un aspecto de la maldición sobre la raza humana fue que el hombre se enseñorearía de la mujer (Gn. 3:16).
    La relación de igualdad destruida por el pecado sólo puede ser restaurada por la gracia de Dios en Cristo. La nueva relación armónica entre hombre y mujer se deduce de la relación entre Cristo como esposo y la iglesia como esposa (Ef. 5:22-23), una relación que no excluye el orden donde cada uno tiene su papel o rol.
    Sin embargo, este plan de Dios es hoy en día subvertido por la pretensión de llamar matrimonio a las parejas homosexuales como alternativa al matrimonio heterosexual y lo más triste es que algunos que se llaman cristianos han aceptado que una relación de compromiso entre dos personas del mismo sexo es correcta a los ojos de Dios tergiversando la clara enseñanza de la Palabra de Dios. El séptimo mandamiento, visto positivamente es una defensa del matrimonio heterosexual.

  3. ¿Por qué condena Dios el adulterio?

    1. Por la importancia del sexo en el matrimonio .
      El sexo fue creado por Dios como un don al ser humano si se controla, pero desbocado es un tirano que degrada y destruye. El séptimo mandamiento supone que el sexo, en el lugar correcto es bueno. El apóstol Pablo, escribiendo a los corintios dejó sentado este hecho (1 Co. 6:16). La promesa divina de Gn. 2:24 “una sola carne” puede ser distorsionada por la unión física entre una prostituta y un cliente. El sexo, en la Biblia no es algo “sucio”, aunque se puede pervertir y la prueba de que es bueno en el matrimonio es que la más grande canción de amor entre un hombre y una mujer está en las Escrituras: el Cantar de los Cantares. Por otro lado, Jesús, en el sermón del monte profundiza en la ley y dice que mirar a una mujer para codiciarla es adulterio (Mt. 5:28).

    2. Por la importancia de la institución matrimonial .
      La primera relación humana que Dios creó fue entre un hombre y una mujer en el matrimonio. Y usó esta institución para expresar su relación de amor con su pueblo (Is. 54:5-8), mientras que la apostasía espiritual se describe como adulterio (Ez. 16:32). Ninguna relación sexual fuera del matrimonio entre un hombre y una mujer recibe la aprobación divina en la Biblia. Los matrimonios polígamos no formaban parte del plan de Dios para el ser humano, pero el Señor lo permitió en el AT como una concesión a la debilidad humana, aunque advirtió sobre lo inadecuado de su práctica (Dt. 17:17).

    3. Por la importancia de los hijos .
      Una parte de las rupturas matrimoniales es debido a inmoralidad sexual y la separación afecta a los hijos. Pero aparte de esto, cuando uno de los esposos es infiel al otro, destruye el respeto y la honra del hijo hacia a sus padres. Los padres adúlteros provocan que sus hijos quebranten el quinto mandamiento y son un mal ejemplo para ellos de tal manera que corren el riesgo que luego su matrimonio acabe en divorcio.

    4. Por la importancia del amor .
      En Pr. 5:15-23 observamos los beneficios de alegrarse “con la mujer de su juventud” y el matrimonio es descrito como beber “de su propio pozo”.El amor intenso y el disfrute sexual jamás deben ser compartidos con otras personas. El amor es tratado aquí de manera erótica pero no pasajera, porque el amor seguro de un marido fiel nunca abandonará a la mujer de su juventud, sino que se recreará siempre en su amor.

Conclusión: Nadie puede ponerse delante de Dios y afirmar, en cuanto a este mandamiento, que hemos sido perfectos en mente y corazón, aunque seamos inocentes en nuestros actos. El séptimo mandamiento está en la Biblia para que reflexionemos sobre la importancia del matrimonio y el grave delito moral y espiritual que significa quebrantarlo, sobre todo cuando lo contemplamos a la luz del Sermón del monte.