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LÁZARO,, ¡¡SAL FUERA!!
Con esta exclamación Jesús obró el más notable de los milagros de su ministerio terrenal, la resurrección de un hombre en estado de descomposición. Su amigo Lázaro había enfermado, muerto y fue sepultado. Al cabo de cuatro días llegó el Señor a la casa familiar donde estaban las hermanas del difunto acompañadas de muchos amigos que habían ido a darles el pésame. Nos preguntamos porqué después de tantos días todavía el hogar de Lázaro estaba lleno de amigos, cuando en Palestina por el clima sepultaban a los muertos con rapidez, generalmente el mismo día de su muerte.
El duelo judío
En la casa de duelo se observaban algunas costumbres. Mientras el
muerto estuviera en cuerpo presente estaba prohibido comer carne y
beber vino, ponerse las filacterias o dedicarse al estudio. No se preparaba
comida en la casa. En el momento de ser
sacado se ponían al revés los muebles y
los que estaban de duelo se sentaban
en el suelo o en taburetes.
Al volver
del entierro se servía una comida
que habían preparado los amigos
de la familia. Consistía en pan, lentejas
y huevos duros que simbolizaban
la vida que va avanzando hasta
la muerte. El duelo duraba siete días,
de los que los tres primeros se los pasaban
llorando. Durante esta semana estaba prohibido ungirse,
ponerse calzado, dedicarse a los negocios y ni siquiera lavarse.
Al cabo de los siete días de duelo seguía un mes de luto riguroso.
Cuando Jesús llegó a la casa de Betania se encontró con este cuadro.
Jesús en la tumba de Lázaro
El Señor pidió ir a la tumba donde había sido depositado el muerto.
Cuando se acercaban al sepulcro Jesús lloró y al abrirlo se conmovió,
dos rasgos que nos muestran que además de ser Dios era Hombre
Habitualmente las sepulturas se practicaban en un hueco efectuado en
una roca. En la entrada se depositaba el féretro al principio. En el
fondo había una cámara en la que se habían cortado ocho espacios en
la roca. Los cuerpos se envolvían en una mortaja, pero los brazos y las
piernas se liaban aparte con una especie de vendas y la cabeza se cubría
también por separado. La tumba no tenía puerta, se colocaba enfrente
de ella una piedra grande redondeada que quedaba fijada a una
ranura.
La nueva vida en Cristo
Antes de pronunciar las palabras del título, Jesús oró buscando la gloria
de Dios. Cuando Jesús dio la orden que la muerte no puede resistir,
Lázaro salió. Podemos imaginarnos la escena de un cuerpo vendado
pugnando por salir. Por eso mandó que le quitaran las vendas para dejarle
libre. Este hombre ilustra perfectamente a cada ser humano en el
plano espiritual. Tú y yo, todos nosotros, estamos muertos en nuestros
pecados, atados por vendas que nos esclavizan y sólo un poder superior
puede librarnos de esta condición. Por eso vino Cristo al mundo
para librarnos de la muerte espiritual y darnos una nueva vida en él.
De ahí que tuvo que pasar por el sufrimiento y la muerte para satisfacer
la justicia de Dios que nos condena eternamente. Para pasar de
muerte a vida, tenemos que arrepentirnos de nuestros pecados y creer
en Cristo como nuestro Salvador y liberador si queremos ser genuinamente
libres.
Conclusión
La buena nueva del evangelio consiste en señalarnos primero nuestra
condición de perdidos y muertos espiritualmente. Cuando reconocemos
esto y que por nosotros mismos no podemos cambiar la situación,
nos queda ir a Cristo y beneficiarnos de las riquezas de su gracia
que emanan de la cruz donde murió por nosotros. Lázaro, estuvo
muerto y volvió a vivir. Tú también puedes tener nueva vida si acudes a
Cristo con fe.
Pedro Puigvert

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