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HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO
Estas palabras dirigió Jesús a un ladrón mientras era crucificado en el
Gólgota. Están recogidas por el evangelista Lucas en el capítulo 23 de
su evangelio. Corresponde a la segunda frase de las siete que pronunció
Jesús en la cruz. La escena que narra el evangelio es sobrecogedora
y te debe llevar a pensar en tu propia situación frente al gran
acontecimiento de la muerte de Cristo.
La escena del Calvario
Aquella mañana de primavera, en un montículo
a las afueras de Jerusalén, los romanos
habían clavado tres cruces y
en cada una de ellas había un ajusticiado.
Pocos podían pensar que
allí se estaba desarrollando el
drama más grande de la humanidad.
Dos de ellos sufrían la tortura
como consecuencia de los hechos
delictivos que habían cometido. Pero el
de en medio era inocente y su crucifixión
no era simplemente por decisión de un tribunal romano a instancias del
sanedrín judío, sino que obedecía a un propósito de Dios para salvar
al ser humano de la condenación eterna. La conversación de Jesús
con uno de los ladrones refleja el hecho de nuestra condición pecadora
y la solución dada por Dios.
La conversación en el Calvario
Las primeras palabras que pronunció el ladrón que recibió la promesa
de Jesús son de reproche a su compañero: “¿No temes a Dios, tú que
estás sufriendo el mismo castigo?” Los tres estaban allí como víctimas,
pero ellos dos sufrían justamente, en tanto que aquel a quien había insultado
el otro ladrón no había hecho mal alguno. En el poco tiempo
que se hallaban juntos, había crecido rápidam
ente en la comprensión
de que el sufrimiento de Jesús tenía una dimensión diferente. En su
mente había una cosa clara: en aquella hora tenía temor de Dios.
Jesús no había hecho nada malo, pero ¿cómo podía este ser inocente
sobrellevar el mismo sufrimiento? Le había escuchado pedir al Padre el
perdón por los que le ajusticiaban. No abría su boca para responder a
los insultos y burlas de los que estaban cerca de la cruz. El siguiente
paso que significó el comienzo de su vida espiritual fue cuando se dirigió
a Jesús y exclamó: “¡Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino!”.
Con estas palabras reconocía y confesaba a Jesús como el Mesías en
un arranque de fe.
La salvación en el Calvario
Aquel ladrón arrepentido, había aprendido a conocer a Cristo y a pedirle
que se acordara de él cuando volviera en su reino, pero la seguridad
le llegó por la respuesta del Señor. Éste, no sólo le transmitió el
consuelo de que su petición había sido contestada, sino también que
no tendría lugar solamente en el futuro, ya que Cristo se refirió a “hoy”.
Con esto le aseguró que su espíritu se hallaría aquel mismo día en la
mansión de los bienaventurados, el paraíso, juntamente con el Señor.
No había necesidad de decirle nada más al ladrón arrepentido en la
cruz. Sin embargo, tú, querido lector, como yo, debes saber que eres
pecador y que para tener vida eterna necesitas también arrepentirte y
creer en Cristo. Para poder estar con Cristo en el paraíso es necesario
reconocer que eres pecador y pedirle al Señor el perdón de tus pecados
y apropiarte de la obra de Cristo en la cruz, puesto que él murió
para darte la salvación. Y hoy puede ser una realidad en tu vida.
Pedro Puigvert

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