2- ESTRATEGIAS BASADAS EN NUESTRA ÁREA DE INFLUENCIA por Jaume Llenas

Jaume Llenas Marín es abogado y Secretario General de la "Alianza Evangélica Española". Esta es la segunda de las tres conferencias que pronunció en las "Conferencias de las Asambleas de Hermanos de Catalunya" en Diciembre de 2005.

 

Ayer estuvimos viendo la primera parte del planteamiento, que puede resumirse con la frase: “Tenemos un problema”. Las iglesias en España tenemos un problema en el interior y de cara al exterior. Por ello las soluciones que podamos apuntar tienen que ir dirigidas a solventar los distintos aspectos que presenta.

Hoy quisiera dedicar mi atención a la forma en la que nos proyectamos hacia el exterior. ¿Cómo podemos relacionarnos con este mundo, de cultura postmoderna, secularizado que es impermeable a nuestras formas de expresarnos? ¿Qué estamos haciendo mal de tal forma que ellos no nos oyen y nos apagan como uno apaga una radio cuando hace ruido? ¿Porqué ni siquiera llegan a escucharnos para saber si lo que decimos tiene sentido o no lo tiene?

    ¿Estamos preparados para hablar a este mundo actual?

Frecuentemente cuando nos preguntamos esto, estamos refiriéndonos a si somos capaces de hablar en público durante cinco minutos, a si somos capaces de contar nuestro testimonio con un mínimo de coherencia, a si somos capaces de contestar todas las preguntas que van a hacernos sobre la divinidad de Cristo o sobre la inerrancia de las Escrituras (por cierto, ¿nos va a preguntar alguien estas cosas?), sobre si somos capaces de comenzar y acabar las cuatro leyes espirituales o dibujar el esquema del puente, o etc., etc. A estas preguntas solemos contestar que no, que no estamos preparados y eso es habitualmente una de las razones por las que no hablamos a los demás de Cristo.

Sólo quiero deciros que en la mayoría de contextos las cosas no van a desarrollarse así. Hay muy poca gente interesada a que le respondamos a preguntas que nunca se han formulado. Ese es uno de los problemas actuales, que las respuestas que planteamos desde la iglesia tienen poco que ver con las preguntas que se hace la gente. No hay el más mínimo interés en preguntas de trasfondo teológico. En cambio la gente quiere saber si a ti te van mejor las cosas en la vida por el hecho de ser cristiano, sí o no. Ellos tienen problemas reales que necesitan respuestas reales, y tengo una buena noticia, el evangelio tiene buenas respuestas a estas preguntas.

Pero dejadme que vuelva con la pregunta con la que comencé: ¿Estamos preparados para hablar a este mundo actual? ¿Se sienten preparados los cristianos para aplicar su fe en el contexto vital en el que se mueven? Tanto en Gran Bretaña como en España hemos hecho una encuesta a través del proyecto Imagina, y la respuestas no son muy distintas. La gente dice que la enseñanza en nuestras congregaciones es muy útil para su vida espiritual, para su vida eclesial, pero poco útil para su vida familiar, y prácticamente nula para su vida laboral. La respuesta es que preparamos a la gente exhaustivamente para el lugar en el que pasan menos tiempo y donde están menos en contacto con no creyentes y menos para el lugar donde pasan más tiempo y rodeados de no creyentes.

Más del 50% de los creyentes de nuestras iglesias con más de 20 años en las mismas nunca han oído un mensaje dedicado al tema del trabajo. Sobre el lugar en el que la gente pasa más de un 50% de sus vidas despiertos, no tienen información sobre cómo comportarse en ese lugar. Quizás no era necesario un sermón, pero ¿cuántos de vosotros estaríais dispuestos a hablar durante dos o tres minutos sobre lo que Jesús piensa sobre nuestro lugar de trabajo y la importancia que esto tiene para él?. No es un problema de la Biblia. La Biblia comienza en Génesis 1 mostrándonos a un Dios trabajador, él nos manda cuidar de la Creación que el hizo, en Génesis 3 nos habla de las consecuencias de nuestra rebelión en el trabajo, nos habla de los espinos y del sudor, en Génesis 4 nos habla de que el primer síntoma de la rebelión de Caín, que le llevará al asesinato, se produce por haber desconectado la adoración del trabajo diario, de forma que no ofrece el fruto de su trabajo a Dios con un corazón de fe. No es que tengas que buscar en la Biblia, es que te lo encuentras por todas partes.

Está bien preparar a la gente para vivir vidas personales de piedad delante del Señor, pero si esa piedad no saben vivirla en sus lugares de trabajo ¿qué clase de piedad es?. Muchas veces es cristianismo de tiempo libre. Nuestras iglesias preparan a la gente para lo que ellos hacen en su tiempo libre, es decir, ir a la iglesia. Eso significa que les preparamos para unas 4 ó 5 horas a la semana. Esto es una consecuencia más de la división sagrado-secular. Lo que hacemos en la iglesia es santo, lo que hacemos fuera es secular. ¿Vosotros creéis que Dios nos ha dado tal cantidad de dones para 4 ó 5 horas a la semana? ¿Creéis que Dios está empleando tanto esfuerzo de otros creyentes para 4 ó 5 horas a la semana? Dios está preocupado por toda la semana. Adoración tiene que ver con como nosotros vivimos el día a día, con todo lo que hacemos. Si para nosotros cristianismo es aquello en lo que empleamos el tiempo libre, para los no creyentes eso no es nada atractivo, ellos ya tienen otras cosas como el ir de compras, el pasear, el hacer bricolage y otras cosas por el estilo.

    ¿Dónde nos encontramos con la gente en el mundo actual?

La estrategia misionera de muchas iglesias hoy está centrada sobre el vecindario de la Iglesia y basada en el trabajo de pastores y obreros. Este tipo de estrategias están condenadas al fracaso en nuestro entorno. Hace unos años los miembros de nuestras iglesias vivían en el entorno inmediato del local de la Iglesia, hoy en día nuestros miembros viven en un radio de alrededor de 40 km. Una vez hoy hablar a Pere Gelabert del doble exilio. Durante la semana estamos en nuestros lugares de trabajo en un entorno que no tiene nada que ver con el lugar en el que vivimos. El domingo estamos en otro entorno que no tiene nada que ver ni con el lugar en el que trabajamos ni con el lugar en el que vivimos. Siempre somos unos extraños. El testimonio que damos no afecta a nuestro vecindario ni al vecindario de la iglesia.

La mayoría de nuestras relaciones personales tienen que ver, cada vez más con nuestro lugar de trabajo, especialmente cuando hablamos de no creyentes. Tenemos que entrenar a los miembros de nuestras congregaciones para ser testigos en el lugar en el que están, no en el lugar en el que no están, donde tienen las relaciones, no donde no tienen relaciones con las personas que aún no conocen a Cristo. Además los creyentes tienen una enorme credibilidad para el evangelio en estos contextos, porque los demás pasan observándoles durante 40 horas o más cada semana. Allí ellos se comportan como son. Cuando los no creyentes ven como el evangelio trabaja éste es mucho más creíble que tomando un café en una casa. Es en estos contextos reales donde la gente nos ve fallando, triunfando y peleando con las situaciones adversas.

Mi convicción es que nunca veremos convertidos en esta generación hasta que los miembros de las iglesias, no los pastores o los misioneros o los obreros, los miembros usen sus oportunidades para hablar del evangelio en las oportunidades que se presentan a diario en sus profesiones y estudios. El trabajo en el que tenemos que volcarnos los pastores, no es en cómo usar a estas personas en los distintos ministerios que hay dentro de la iglesia, o en encerrarlos en cultos, cuantos más mejor, sino en liberar a los creyentes, capacitarles, motivarles, convencerles, de que ellos son la clave de la evangelización de este país. Si no lo hacen ellos nadie lo hará. Cuando un creyente de mi iglesia me dice que no tiene tiempo para evangelizar entiendo que algo va mal, que no he conseguido transmitir el centro del mensaje del evangelio. La misión de Dios.

La buena noticia es que tenemos a la gente adecuada y los tenemos en el lugar adecuado. Cada lunes por la mañana mandamos a los trabajos, a los institutos, a las universidades, a los supermercados, a la sociedad a lo mejor de nuestras iglesias. No sé cuantos evangélicos hay en el país, pongamos que somos 150.000, cada uno de nuestros profesionales está en contacto cada semana con una media de 50 personas, cada joven que va al gimnasio tiene unos 15 ó 20 compañeros allí, cada padre que acompaña a su hijo a la escuela tiene unos 20 ó 25 padres o madres que están en la misma situación que ellos. No llegamos a todo el país, pero tenemos contacto natural , no forzado como en una campaña, con millones de personas de este país. Estamos en el lugar adecuado. Por favor, no nos quejemos. Aún conservamos el complejo de pequeño pueblo, el complejo de ser pocos y acomplejados. No puedo entender a los pastores que se quejan del pueblo de Dios. El Espíritu Santo ha hecho bien su trabajo, nos ha dotado de todo lo que necesitamos, nos ha capacitado con todos los dones, nos ha situado en todos los contextos sociales. Estamos en todas partes, y nadie nos puede detener.

No son los pastores los que están en la primera línea de fuego, son los creyentes que se ocupan de sus trabajos en medios seculares quien está en la primera línea de fuego. La ocupación principal de los pastores es prepararles para ello, no hacer el trabajo que no podemos hacer porque carecemos de los contactos y de la credibilidad que ellos sí han conseguido. El pueblo de Dios constituye un magnífico recurso. Uno de los problemas de la Iglesia en el siglo XX ha sido la incapacidad de liberar este recurso y encerrarlo dentro de las paredes de la iglesia.

    El problema de la comunicación.

Como os decía ayer uno de los problemas es que estamos comunicando a una generación que se está extinguiendo. Estamos comunicando a la generación que piensa con las categorías de la modernidad, mientras que, cada vez más, la gente piensa con una mente postmoderna. La Iglesia habla de una manera y hace las cosas de una manera adaptada a la mente moderna, tiene unas estructuras y unas formas de liderazgo adaptadas a la modernidad y tiene problemas para comunicar de una forma que la gente de la calle entienda.

Lo que quiero proponeros es que tenemos que aprender a comunicar de una forma sensible a la postmodernidad. Quiero explicar muy claramente este concepto. Hay dos cosas que son distintas, una es ser una iglesia postmoderna y otra muy distinta, ser una iglesia sensible a la postmodernidad. Ser una iglesia postmoderna es haber asumido todos los valores de esta sociedad, y los valores que tiene esta sociedad es lo que la palabra llama el mundo, un sistema de cosas completamente contrario al evangelio. Hemos de recordar que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios. Otra cosa es ser sensibles a la postmodernidad, significa que nosotros tenemos una cosmovisión distinta que es el evangelio. Interpretamos la realidad desde la visión que nos da el evangelio, no la cultura del tiempo en el que nos ha tocado vivir, pero en cambio, somos capaces de comunicar esto en forma que la gente de nuestro tiempo lo comprenda. Eso es ser sensibles a la postmodernidad. Uno puede ser conservador en su expresión y en cambio haberse convertido en un postmoderno. El que tus formas sean del año 1970 no garantiza que no tengas los valores de la sociedad. Simplemente que no tienen nada mejor los valores del año 1970 que los del año 2005. No hay nada menos cristiano que la nostalgia. El mundo siempre ha sido mundo, tanto en el año 70 como hoy en día. Que una cosa sea antigua no quiere decir que sea buena, que una cosa sea nueva tampoco quiere decir que lo sea. Hay que analizar cada cosa a la luz del evangelio, no a la luz de la tradición de nuestra denominación.

Algunas características de las iglesias sensibles a la postmodernidad son:

La iglesias sensibles a la posmodernidad comienzan con una comunidad vibrante que se centra en el crecimiento espiritual a fondo de sus miembros. Son iglesias locales poco formales, se prima la cercanía por encima de las formas. Suele tener un énfasis en la música y artes dramáticas de forma creativa y contemporánea. Esto se hace por que la preocupación de la congregación no es como deben ser nuestros himnos para que les gusten a los que ya son miembros de la congregación, sino cuál es el tipo de música y de expresión que está adaptado a la gente a la que estamos tratando de alcanzar. ¿Podría yo invitar a cualquier amigo de mi trabajo al culto de mi iglesia sin sentirme violento el próximo lunes por la mañana? Esta pregunta es clave. Si nuestras formas están adaptadas a los no creyentes nos lo dirán ellos mismos. ¿Qué dicen cuando les invitamos? Escuchémosles, ellos nos dirán si nuestro culto ha sido sensible a ellos o no.

La estructura del liderazgo no suele ser de jerarquía. El líder es un líder que ayuda a otros a expresar su cristianismo, no es alguien que demuestra el poder institucional. En vez de existir una definición clara entre el clero y los laicos, hay la sensación de que el liderazgo es simplemente otro miembro de la comunidad que expresa sus dones para el bien del cuerpo de la iglesia. El estilo del liderazgo no es autoritario sino que se centra en animar a los miembros a crecer espiritualmente y a expresar sus dones individuales en el ministerio.

Suele haber grupos pequeños. Pero estos grupos no son solo estudios bíblicos sino grupos íntimos, donde los miembros se ministran unos a otros espiritualmente. Este ministerio se hace al compartir la Biblia el uno con el otro, a través de la oración unos por otros, a través de los consejos mutuos, el compartir una comido juntos o simplemente amarnos unos otros. La razón principal para tener grupos pequeños es que el ministerio en la iglesia no sólo viene en un sentido vertical, a través del cuál el que sabe enseña al que no sabe, sino que hay otra dimensión expresada en la Biblia con la frase “los unos a los otros”. Amaos los unos a los otros, exhortaos los unos a los otros, soportaos los unos a los otros, someteos los unos  a los otros, etc. Esta dimensión se deja a la casualidad en muchas iglesias, no existe un plan concreto para que esto se produzca, la consecuencia más habitual es que no se produzca y tenemos congregaciones más débiles por no haber obedecido al mandamiento bíblico. Además el grupo pequeño es el lugar natural de entrada de los posmodernos a la iglesia. Estamos en España, donde aún es un problema cruzar el umbral de una Iglesia Evangélica, además la gente siente cierto rechazo a la religión organizada, en cambio un grupo de amigos en una casa es una aproximación mucho más sensible. 

Se cuida mucho más intencionalmente del discipulado. El crecimiento espiritual es definido cuando Jesús empieza a guiar personalmente la vida del creyente. La finalidad del discipulado es que cada persona llegue a ser más como Cristo, mientras que a la misma vez se hace más como un individuo. Esto se expresa con el fruto del Espíritu (ser como Cristo) y los dones del Espíritu (la expresión individual de la espiritualidad). Aquello que mueve a la Iglesia es lo que Dios está haciendo en ella. No la mueven los distintos departamentos, ni la estructura de cultos que tenga, sino que la Iglesia está enfocada a ser enseñada por Cristo, para llegar a ser como Cristo y se mueve por los dones que el Espíritu envía a la Iglesia. Pensemos en cómo se buscan las personas que tienen que ocupar un ministerio. En muchos lugares cuando un ministerio queda vacante se busca a la persona que mejor podría ocupar ese lugar. En una iglesia dirigida por el Espíritu se busca qué dones ha levantado Dios en la Iglesia. Si no ha levantado a ninguna persona con ese don ese ministerio se cierra, temporal o permanentemente, mientras que si Dios está levantando un don para un ministerio que la iglesia no realizaba se abre este nuevo ministerio. Es el Espíritu quien tira de las actividades, no los programas.

Una persona moderna, que estaba interesada en Dios, quería saber la verdad acerca de Dios. La iglesia evangélica moderna aprendió a responder a esta necesidad con eficacia, desarrollando y refinando la teología sistemática. Intentábamos explicar sistemáticamente toda la verdad acerca de Dios, su forma y su iglesia a través de la doctrina. El posmoderno suele interesarse por cómo pueden encontrarse personalmente con Dios. El énfasis no está en la doctrina sin vivencia sino en la vivencia a través de la doctrina. Hay que reconocer que hemos formado un modelo de creyente que ha escuchado miles de mensajes a lo largo de su vida, pero que no ha aprendido mucho de lo que significa servir al Señor en el lugar en el que está. Hemos sobreenfatizado la doctrina a costa de la vivencia espiritual. Muchos creyentes lo último que necesitan es un nuevo mensaje, lo que están necesitando es experimentar la vida de Dios. ¿Significa eso que la teología sistemática está mal? Desde luego que no, es esencial si deseamos que el creyente posmoderno crezca en gracia. Pero la presentación sistemática de la doctrina ya no puede tomar el primer lugar como lo hizo en muchas iglesias evangélicas modernas. Debemos buscar un mejor equilibrio entre doctrina y práctica. No es razonable que un creyente lleve 30 años sentado en un banco, haya escuchado miles de mensajes y se esté aún preguntando cuál es su don.

En la iglesia sensible a la posmodernidad, los momentos en los que el cuerpo entero se reúne se ven como momentos de alabanza, compañerismo y celebración a través de la música y la creatividad. La mayor parte de la enseñanza será creativa y enseñada a través de metodologías diferentes a la simple conferencia o predicación, aunque también se realicen. Sin embargo, la predicación y la enseñanza que se realiza, afirma claramente la verdad de las Escrituras.   La enseñanza es a menudo interactiva y de participación. Se pueden lanzar preguntas para que el grupo responda y luego dar las respuestas. Los cultos de alabanza son flexibles. A menudo hay un énfasis en compartir una comida, aperitivo o café.

El crecimiento  viene a través de la red de relaciones que los miembros tienen fuera de la iglesia. La invitación que damos a un amigo para que se una a la comunidad puede ser para que se una a un grupo pequeño o que visite el culto grande de alabanza, según sean las circunstancias. Hay una tendencia importante de conectarse a la comunidad no eclesial a través de las actividades de la comunidad y del ministerio social hacia los necesitados. Estas se consideran oportunidades para expresar el amor de Cristo y hacer amistades que pueden llegar a ser amistades redentoras.

Se insiste también en expresar el amor en la relaciones personales, en las reuniones de todo el cuerpo  y en la relación del individuo con Cristo. Cuando alguien visita una iglesia saludable que es sensible a la posmodernidad. Suelen comentar sobre lo cariñosos y acogedores que son. Hay un sentir que muestra una comunidad que ama. También se capta la sensación de que el que viene de fuera es bienvenido y puede llegar a ser uno más si lo desea. Pero no hay una sensación de presión o fuerza.

Finalmente hay un gran énfasis en la oración. No queremos decir con esto que las iglesias de la era moderna no oraban pero sí tiende haber un énfasis mayor en la oración en las iglesias sensibles a la posmodernidad.

Como se ha dicho arriba, si la iglesia es moderna en su estilo, un posmoderno probablemente no volverá a visitarla una segunda o tercera vez. Este es un tema estratégico. ¿Qué cambiamos primero, el evangelismo o el culto de alabanza? La respuesta es que tenemos que cambiar el culto de alabanza primero. Tiene que haber una comunidad vibrante y espiritual que reciba a los invitados. ¿Tiene que ser perfecta la iglesia antes de invitar a nuestros amigos, vecinos y familia posmoderna? Ninguna iglesia es perfecta, ni tampoco llegará a serlo. La mayoría de los posmodernos pueden entender que somos imperfectos en el proceso de cambio, gracias al poder y la gracia de Dios. Pero quieren ver evidencia de ese poder y gracia obrando en nuestras vidas.

 

fin de la segunda conferencia

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