1- EL CAMINO A LA INTRASCENDENCIA por
Jaume Llenas

Jaume Llenas Marín es abogado y Secretario General de la "Alianza Evangélica Española". Esta es la primera de las tres conferencias que pronunció en las "Conferencias de las Asambleas de Hermanos de Catalunya" en Diciembre de 2005.
El tema general que nos presenta las conferencias de este año viene denominado en forma de pregunta: ¿Somos relevantes para la sociedad del siglo XXI? El peligro es dar una respuesta fácil, simplista. Se puede dar en clave de derrotismo o en clave de triunfalismo. Cada una de esas respuestas son solo una forma de escapar del problema, ya que ninguna de las dos pretende entrar en el fondo de la situación. Ninguna pretende formular una respuesta.
Quisiera comenzar las exposiciones de estos días con una frase: “Tenemos un problema”. Estamos viviendo una situación grave en Europa, quizás también en el resto del mundo occidental. La caída de la asistencia a las iglesias tiene unas proporciones desconocidas. Nunca había pasado algo así, nunca los seres humanos habían tenido una perspectiva secular de estas magnitudes hasta el día de hoy.
Ante esta situación el derrotismo nos dice: “Mira a la situación”. Los españoles no se convierten. Si en los años 70 y comienzo de los 80 los españoles se convertían, había un lento pero gradual crecimiento, a partir de los años 90 y en lo que llevamos del 2000 la entrada de españoles se ha frenado radicalmente. Los jóvenes y los no tan jóvenes de nuestras iglesias desertan. La sociedad española no se da cuenta de nuestra presencia. Cuando quieres hablar de un tema espiritual con una persona, a la primera palabra muchos apagan el receptor. La sensación es la de “no se puede”.
Mientras el triunfalismo nos muestra que muchas iglesias están creciendo debido al fenómeno dela inmigración. Cómo vamos a estar preocupados cuando nuestras congregaciones están creciendo. Si antes tenías 100 miembros y hoy tienes 150 es difícil que percibas la situación de crisis en la que te encuentras. Muchas veces nos consolamos con declaraciones doctrinales en las que se nos asegura que la Iglesia prevalecerá contra todos sus enemigos. Y esas declaraciones son ciertas, lo que no se nos dice en ninguna parte es que nuestras iglesias locales, en nuestras ciudades van a seguir vivas en ese momento. La Biblia no asegura la persistencia de ninguna forma de iglesia local, sino que su Iglesia no será derrotada.
Y la realidad que hoy en día vivimos viene a confirmar esta realidad. Nunca la iglesia había crecido tanto como en nuestros días. Está creciendo en todas las edades, creciendo en diversos contextos culturales, en medio de trasfondos religiosos distintos, tanto entre los católicos en América Latina, como entre musulmanes, como entre budistas, etc., está creciendo entre la persecución, etc. Nunca había habido tantos cristianos en el mundo como hoy, pero mañana habrá más que hoy. La iglesia no está en trance de desaparición sino en trance de llegar hasta lo último de la tierra. Esa es la perspectiva real. Lo que plantea dudas es si todos los modelos de cristianismo van a sobrevivir. No podemos dar una respuesta triunfalista sobre nuestro modelo de cristianismo. Todas las iglesias locales que aparecen en Apocalipsis, las buenas y las peores, todas ellas desaparecieron. Cuando una iglesia deja de servir al fin para el que fue creada, simplemente desaparece. Creo que haríamos mal en salir estos días de aquí con una respuesta fácil, diciendo Jaume nos ha asegurado que sobreviviremos en el siglo XXI. Creo que a veces hacemos lo mismo que los falsos profetas que aseguraban paz a Jerusalén cuando Dios había prometido destruirla. Los auténticos profetas eran los que hablaban del final de Israel como nación y no los que profetizaban paz.
Como os dije antes, creo que tenemos que salir hoy de aquí con una conclusión: “Tenemos un problema”. Hasta que no asumimos que tenemos un problema no buscamos solución para él, hasta que no nos sentimos enfermos no vamos al médico y no nos tomamos la medicina. Deberíamos hacernos buenas preguntas: ¿Es mi modelo de cristianismo y el modelo de mi iglesia local el mismo modelo que Jesús diseñó para su iglesia? ¿Es mi forma de vivir atractiva y a la vez desafiante para la gente sin Dios que hay a mi alrededor? ¿Cuántas personas de trasfondo catalán o español se han convertido en mi congregación local en los últimos años? ¿Cuántos continúan a largo plazo? ¿Cuántos hijos de creyentes han abandonado la iglesia en las últimas generaciones? ¿Cuántos hijos de creyentes se han bautizado y luego han pasado a ser personas comprometidas con la iglesia local? ¿Cuántos de los inmigrantes que han entrado por nuestras puertas se han consolidado como miembros de la iglesia local? ¿Qué es más rápido el ritmo de entrada de inmigrantes o la secularización que ellos mismos sufren?
- Poniéndole nombre a nuestro problema
El problema que enfrentamos en estos inicios del siglo XXI tiene un doble componente. El primero es exterior a la Iglesia, y es un conflicto cultural. El segundo es interior a la iglesia, y es la división entre lo sagrado y lo secular. Pasemos a analizarlos:
- El conflicto cultural.
Nosotros nos movemos en ámbitos distintos durante la semana. De lunes a viernes nos relacionamos con un montón de gente. Estamos en ellos en entornos neutrales y disfrutamos de esa relación. Muchas de las cosas que hacemos las hacemos de la misma forma que todo el mundo. Pero luego tenemos otro mundo, en este segundo mundo tenemos otra forma de expresarnos, hacemos cosas que son culturalmente extrañas, anacrónicas, pertenecientes a otras épocas.
El problema es que hemos creado comunidades que no reflejan la cultura de la mayoría de miembros de nuestras iglesias. No se trata de que lo que hacen los de la calle sea pecado y de que nosotros tratemos de mantenernos en santidad. No es algo que tenga una cualidad moral contraria al evangelio. Es muy curioso ver a un grupo de creyentes hablando. Cuando hablan de hijos, de su trabajo, de sus aficiones, el lenguaje es lenguaje contemporáneo, si cambian de tema y comienzan a hablar de temas relacionados con su espiritualidad, con sus congregaciones locales, cambian el lenguaje y comienzan a usar expresiones trasnochadas, de hace un montón de años. Alguien dijo que los evangélicos hemos inventado el túnel del tiempo, porque cuando cruzas el umbral de la capilla experimentas un viaje en el tiempo de 30, 40 ó 50 años atrás.
Nuestra forma de expresar el evangelio pertenece en la mayoría de casos a la modernidad. Una cosmovisión que comenzó a extinguirse en los años 70, cuando entró la postmodernidad a escena. Seguimos expresándonos en este sistema cultural porque hemos aprendido de nuestras tradiciones eclesiales a hacerlo así, y nos parece que esta forma de expresarse es más adecuada al evangelio, cuando en realidad el evangelio es una cosmovisión alternativa que es capaz de expresarse dentro de cada sistema cultural. La modernidad no tiene nada mejor que la postmodernidad.
La respuesta a nuestro problema cultural no es volverse más y más a nuestras tradiciones eclesiales, no se trata de hundir nuestras raíces más profundamente en nuestros esquemas denominacionales, sino de hundir nuestras raíces en el evangelio de Jesucristo, que es capaz de expresarse de forma comprensible para los seres humanos de hoy, como lo ha sido en pasadas generaciones. Eso probablemente exige en nosotros cambios, adaptación de metodologías, nuevas formas de transmitir, cambios en el lenguaje, etc. Cuando la gente se siente atrapada, confundida, tiende a escapar, a regresar a sus esencias, es una marcha atrás. Buscamos seguridad en aquello que, en su momento funcionó. Al hacer esto aún nos desconectamos más de nuestro contexto y nos hacemos más incomprensibles. Lo que debemos hacer no es volver a las esencias de las Asambleas de los Hermanos, o a las esencias bautistas, etc. sino regresar al espíritu del evangelio. La gente no necesita nuestra denominación, necesita a Jesucristo.
¿Existe preocupación en la Biblia por la adaptación cultural? Algunos piensan que la Biblia no se ocupa de estos temas. Que está simplemente preocupada de cuestiones espirituales y que lo que hay que hacer es simplemente proclamar el Evangelio. Sin embargo, la Biblia está muy preocupada de darnos las pautas para que nuestro ministerio se adapte culturalmente y sea relevante.
El texto que explica la teoría que Pablo sigue es 1ª Cor. 9: 19-23. En estos cinco versículos se explican tres puntos importantes:
- La disposición a adaptar nuestra forma de presentar el Evangelio a la audiencia que nos escucha. Pablo se hace judío a los judíos, gentil a los gentiles, débil para los débiles espirituales, es decir, aquellos que tienen problemas de conciencia, como explica en Romanos 14, etc. Su disponibilidad es total. “A todos me he hecho de todo”. Pablo es culturalmente flexible. Pablo no exige a sus oyentes que se adapten culturalmente a la forma en la que él está acostumbrado a pensar, o a proclamar el Evangelio. Probablemente le sería más fácil. Pero somos nosotros quienes tenemos que adaptarnos a ellos y no ellos a nosotros. ¿Por qué no lo hacemos? ¿Por qué tantas rigideces? ¿No será que, en muchas ocasiones, más que de fidelidades bíblicas, se trata de que no queremos hacer el esfuerzo de aprender nuevos sistemas de comunicación? Hablamos idiomas distintos, pero insistimos en que ellos aprendan el nuestro en lugar de aprender el suyo.
- La creencia profunda de que el cristianismo es una cosmovisión alternativa. Pablo les dice que a los que están bajo la ley, él se pone bajo la ley, (a pesar de que él no está bajo la ley), y luego a los que están sin ley, él se sitúa en la posición del que no tiene ley ( no estando sin ley). Pablo no está bajo la ley, y no está sin ley. Su posición es que está bajo la ley de Cristo, v. 21. De la misma forma, nosotros no estamos sujetos a ninguna cultura específica. No somos ni tradicionales, ni modernos, ni postmodernos, ya que el Evangelio es una cosmovisión alternativa totalmente distinta a las demás y que nos explica el mundo en su complejidad. Por ello no podemos casarnos con ninguna cultura concreta. El cristiano tiene que establecer una diferencia entre ser posmoderno y ser sensible a la postmodernidad. Ser posmoderno es haber asumido todos los valores de la época en la que vivimos y hay muchas cosas inaceptables dentro de cada sistema cultural que los cristianos tenemos que discutir. El Evangelio siempre va a contracorriente en cualquier cultura que se exprese. Sin embargo ser sensibles a la postmodernidad significa que, sin haber asumido todos los valores de esta cultura, somos capaces de expresar el evangelio eterno en términos comprensibles para la gente de hoy en día.
- La razón de la necesidad de ser sensibles a la cultura. Pablo la expone clarísimamente. En el vers. 19 lo dice con estas palabras: “...para ganar a mayor número”. En los vers. 20, 21 “... para ganar a los que están bajo la ley ... para ganar a los que están sin ley”. En el vers. 22 “... para que por todos los medios salve a algunos”. Pablo lo que nos dice es que cualquier adaptación cultural del verdadero Evangelio es necesaria si el fin es la salvación de los incrédulos. No hay cosas demasiado grandes, ni esfuerzos demasiado intensos. Hay algo que justifica todo esfuerzo que es la salvación de los perdidos. ¿Compartimos este anhelo de Dios, que es el anhelo de Pablo? ¿Realmente estamos dispuestos a realizar cualquier cambio en nuestra forma de expresar el Evangelio para la salvación de los perdidos? Me da la sensación que no siempre la Iglesia española está dispuesta a hacer los cambios necesarios. Mucha gente está necesitando una doble conversión, a nuestra cultura eclesiástica, a nuestra jerga evangélica, a una subcultura evangélica formada por lenguaje, himnología, formas denominacionales, etc. y finalmente al Evangelio eterno. Y Pablo enfatiza en el vers. 23 que no se ha dejado el Evangelio en el camino. Que no ha tenido que prescindir del Evangelio. “Y todo lo hago por amor del evangelio...” No hay cosa que ame más que el Evangelio, es por eso que lo predico de forma que sea comprensible a todo el mundo.
- La división entre lo sagrado y lo secular.
En el evangelio según San Mateo Jesús nos presenta dos imágenes de la Iglesia. Por un lado dice: Vosotros (en plural) sois una ciudad en un monte. Una ciudad en un monte no se puede esconder. Nadie alumbra una luz y la pone debajo de una medida. Esta imagen hace referencia al pueblo de Dios cuando está junto. No es la misma imagen que en el evangelio de Juan cuando habla de la luz en el mundo. Allí es una imagen de la luz dispersa, aquí en Mateo es una imagen de la luz que está situada junta, en un mismo lugar. Aquí hace referencia a lo que la gente ve cuando mira a la iglesia. Cómo es el testimonio de la iglesia local cuando esta está reunida, cómo son las relaciones entre ellos.
A continuación, en Mateo, se nos habla de la imagen de la sal en el mundo. Eso nos hace referencia no a algo junto en un mismo lugar, sino a algo que está disperso. Ejerce su función sólo cuando está disperso. Cuando la sal está en el salero, junta, no cumple su función. Sólo la cumple cuando está dispersa y toca los alimentos que tiene que preservar. Somos iglesia tanto cuando estamos juntos reunidos como cuando estamos dispersos en nuestros trabajos. De hecho somos mucho más efectivos cuando estamos dispersos. Por ello debería preocuparnos tanto o más saber cómo les va a los cristianos el lunes por la mañana que el domingo por la mañana. Los creyentes necesitan más capacitación para el lunes que para el domingo.
Si miramos la primera imagen nos habla acerca de cuán efectiva es la iglesia en la comunidad. Si la iglesia es lo que debe ser tiene un gran efecto en la comunidad en la que está. Tu pueblo, tu ciudad, debería ser completamente distinta por el hecho de que la iglesia esté allí. ¿Es eso cierto en el caso de vuestra congregación local? ¿Sería igual tu pueblo, tu barrio, si la iglesia no estuviera allí? En muchas ocasiones la respuesta será que estamos teniendo un reducido impacto en nuestra comunidad local.
En estas situaciones la Iglesia mira al mundo y le echa la culpa de lo que está pasando. La gente no se convierte por el problema cultural que hemos estado analizando, o por causa de que están sordos debido al consumismo y al materialismo que ciega los sentidos a las realidades eternas. Pero admitir esto quiere decir que el cristianismo carece de poder para contrarrestar el ataque de las corrientes externas al cristianismo. Implica decir que son demasiado grandes y demasiado poderosas para nosotros. Nos quejamos al mundo por negar los valores cristianos, ¿no es eso lo que se supone que el mundo debe hacer? En palabras de John Stott: “No puedes quejarte a la carne por corromperse. Eso es lo que la carne hace de natural. Tienes que quejarte a la sal por no haber estado ahí para preservarla”.
Tenemos que preguntarnos por nuestra parte de responsabilidad: ¿Está la iglesia privatizando el evangelio? No se trata de que el mundo quiera encerrar el evangelio en nuestras iglesias y en nuestras casas. Se trata de si nosotros hemos encerrado el evangelio. Con ello quiero preguntar si los cristianos normales llevan su cristianismo al terreno de lo público, a sus trabajos, vecindarios, escuelas y universidades, o si por el contrario lo sacan del armario para ir al culto del domingo por la mañana.
A este problema es a lo que llamamos la división sagrado-secular. La DSS. Dejadme que os dé algún ejemplo. Muchos de nosotros estamos preocupados por la influencia que los libros y las películas de Harry Potter tienen en nuestros niños y adolescentes. Independientemente de lo que pienses en este terreno, estarás de acuerdo en que nos preocupamos porque traen a la realidad cuestiones que tienen que ver con contactos con el mundo de la brujería. Estamos a la expectativa porque pensamos que eso tiene implicaciones espirituales. En cambio, ¿cuántos de nosotros nos preocupamos por los libros que nuestros hijos tienen que leer en secundaria? Nos hemos dado cuenta de que en ellos aparecen valores como el ateísmo, el amor libre fuera del matrimonio en un contexto favorable, etc. ¿Nos hemos preguntado cómo afecta eso a un adolescente desafiado por sus propias hormonas?. La respuesta es por la división sagrado-secular. Eso no es “espiritual”. Otro ejemplo: ¿Cuántos de nuestros universitarios tienen una perspectiva cristiana y saben defender qué pensamos como cristianos de la materia que ellos están estudiando? Es la división sagrado-secular. Otro síntoma es que pensamos que todos los cristianos somos iguales ante el Señor, pero hay unos cristianos más iguales que otros. Inconscientemente pensamos que si yo fuera realmente especial para Dios, si yo fuera lo que debo ser para Dios, si sus manos estuvieran sobre mí, él me llamaría para ser un obrero cristiano a tiempo completo. Claro que tenemos que honrar a aquellos hermanos que están dedicados a pleno tiempo a la obra del Señor, pero acaso no debemos estar nosotros dedicados al Señor a tiempo completo si trabajamos en la construcción. No es ese un trabajo para el Señor a tiempo completo. ¿No estaremos pensando que hay trabajos santos y trabajos que no lo son?
Lo que hay detrás de esta división entre lo sagrado y lo secular son teologías erróneas. Los evangélicos hemos desarrollado muy bien la teología de la cruz. Nuestro entendimiento de la salvación es realmente profundo, y un creyente sencillo, con poco tiempo en nuestras congregaciones es capaz de tener una teología profunda y compleja sobre la redención. Sin embargo, no siempre nos damos cuenta de que la salvación comienza con la encarnación. Nuestra salvación comienza con el propósito de Dios de salvarnos en el Génesis y se manifiesta cuando Jesús se hace hombre. En cambio nuestra teología cree que el espíritu y el mundo de lo no material es muy superior al mundo material, que es mucho peor y que no complace a Dios. Hermanos, eso no es cristianismo, es neoplatonismo, paganismo, filosofía griega. Los judíos piadosos no creían esto. Claro, si creemos eso es normal que pensemos que los trabajos que tienen que ver con la contemplación son más espirituales que los que tienen que ver con este mundo material que suponemos que es malo.
Tenemos también una falsa teología de los ancianos y pastores. Efesios 4:12 dice que el trabajo de ellos es equipar a los santos para la obra del ministerio. Pero ¿qué es el ministerio? La división sagrado-secular dice que ministerio es lo que hacemos en las dos horas que estamos dentro de la iglesia. En cambio la Biblia dice que es santo todo aquello que nosotros hacemos para Dios, en Levítico dice que son santas las medidas y las pesas correctas, que es santo dejar las espigas que van cayendo al suelo cuando espigamos, etc. Nuestros trabajos son santos cuando nosotros los hacemos para el Señor.
También tenemos una teología errónea de la Iglesia. Afirmamos que somos iglesia cuando esta está reunida en la capilla para las reuniones, y poca gente cree que cuando la iglesia está dispersa, como los granos de la sal, que somos representantes individuales de Cristo en el lugar en el que él nos ha puesto. Si el pastor visita a un hermano que sufre por alguna causa eso es trabajo santo, si eres el jefe de personal de una empresa y cuidas de uno de los empleados que está pasando por una crisis familiar, eso no es trabajo santo. Probablemente tienes muchas más oportunidades pastorales como jefe de personal de una gran empresa que como pastor de una congregación.
El potencial que tenemos si sabemos romper la división sagrado-secular es a cristianos normales a cumplir las eternas propuestas de Dios. Seas quien seas, sea lo que sea a lo que te estés dedicando, tu puedes hacer algo de parte del Rey del Universo. Aún te diría más, debes hacerlo. De hecho, lo haces cada día, sea lo que sea lo que haces. Limpias una calle para el Rey del Universo, sonríes a la chica del mostrador para el Rey del Universo. Que no te lo crees? Unos pocos lo creen y estos pueden hacer un enorme impacto.
Una vez le preguntaron a la tenista Martina Navratilova cuál era el secreto de su éxito. Ella contestó: “¿Sabes la diferencia entre compromiso y participación?. ¿Cuál es la diferencia? Mira, piensa en unos huevos con bacon. El pollo está participando, el cerdo está comprometido”. Creo que parte del problema de la división sagrado-secular es que tenemos muchos pollos en la iglesia. Ellos ponen huevos, nos los traen y nosotros los usamos. Pero me parece que Dios quiere el compromiso del cerdo. El testimonio cristiano es global, todo el día, en todo lo que hacemos, porque el evangelio es global. Afecta a toda la vida, afecta a cada uno de los aspectos de lo que somos. La luz pasa a través de cada uno de los pedazos de cristal de la vidriera. Afecta a nuestras mentes, a nuestros corazones, a nuestros cuerpos, porque así es como Dios manda que le amemos, con todo lo que somos.
fin de la primera conferencia
