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La Fidelidad de Dios (2Ti. 2:11-13)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre los atributos de Dios

En este texto, fidelidad e infidelidad se hallan contrastadas. A pesar de nuestra infidelidad, Dios permanece fiel. La infidelidad es uno de los pecados más prominentes en nuestra sociedad hoy. Si nos fijamos en el mundo de los negocios, salvo raras excepciones, vemos que los hombres no se sienten ligados por la palabra empeñada. Si de ahí pasamos a la esfera social y nos detenemos a considerar la institución del matrimonio, observamos como la infidelidad conyugal es la que más abunda; lo que eran los lazos sagrados del matrimonio en que los cónyuges se prometían fidelidad mutua se quebrantan con la misma facilidad con que se desecha un vestido viejo. Si nos trasladamos al marco eclesial, sabemos que varios miles de hermanos y hermanos prometieron un día servir al Señor con fidelidad y han pasado los años y aquella promesa ha pasado a engrosar el baúl de los recuerdos.

¡Cuántas veces hemos sido infieles a Cristo, pero que bendición es levantar nuestros ojos y ver que él es fiel en todas las cosas y en todo momento! "Reconoced, pues, que el Señor vuestro Dios es el Dios verdadero, que cumple fielmente su pacto generación tras generación con los que le aman y cumplen sus mandamientos, pero que destruye a aquellos que le odian, dándoles su merecido" (Dt. 7:9). La fidelidad es una cualidad esencial del ser de Dios, ya que sin ella no sería Dios y está íntimamente unida a la verdad. Para Dios, ser infiel sería obrar contra su propia naturaleza, lo cual es imposible como hemos visto en el texto áureo.

Dice el salmista con relación al Señor "tu fidelidad alcanza el cielo azul" (Sal. 36:5), es decir, es tan inmutable que está por encima de la comprensión finita. Todo lo que concierne a Dios es enorme, grandioso e incomparable. Él nunca olvida ni falta a su palabra, nunca la pronuncia con vacilación ni renuncia a ella. El Señor se ha comprometido a cumplir cada una de sus promesas, cada una de sus profecías, cada pacto establecido y cada amenaza. ¡Bendita fidelidad la de nuestro Dios! ya que el creyente puede exclamar con el profeta Jeremías: "El amor del Señor no tiene fin, ni se han agotado sus bondades, cada mañana se renuevan: ¡qué grande es su fidelidad! (Lm. 3:22-23).

  1. La fidelidad de Dios en la naturaleza y en la historia

    1. En la naturaleza (Gn. 8:22).
      Las ilustraciones sobre la fidelidad de Dios son abundantes en las Escrituras. Una vez ejecutado el juicio del diluvio hay un nuevo comienzo de las relaciones del Creador con la creación. Dios promete no solamente no maldecir más la tierra por causa del hombre, sino que, mientras la tierra permanezca en su estado actual, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche. Cada año que pasa es una nueva evidencia del cumplimiento de esta promesa por Dios.

    2. En la historia (Gn. 15:13-16).
      Después de Abraham, los siglos siguieron su curso y sus descendientes gemían en Egipto mientras cocían ladrillos estando esclavizados. ¿Se había olvidado Dios de sus promesas? En ninguna manera porque pasados 430 años salieron liberados del pesado yugo (Éx. 12:41). Dios había prometido también la venida del Mesías (Is. 7:14, Mi. 5:2) y en el tiempo oportuno envió a su Hijo al mundo (Gá. 4:4)
      .
  2. La fidelidad de Dios a sus promesas (He. 10:23)
    ¿Descansamos con seguridad absoluta en estas palabras de la Escritura? En todas las relaciones con su pueblo, Dios es fiel, en él podemos confiar plenamente, ya que nadie ha salido defraudado. Ésta es una verdad preciosa que el pueblo de Dios necesita saber por cuanto su fidelidad es una parte esencial del carácter divino y en ella debemos depositar nuestra confianza. Pero una cosa es aceptar la fidelidad de Dios como una verdad bíblica y otra diferente es actuar de acuerdo con ella. Porque hay épocas en la vida de los hombres, incluso en la de los cristianos, cuando no es fácil creer que Dios es fiel.

    Nuestra fe es probada fuertemente y la inquietud se ha apoderado de nuestra vida, de manera que se nos hace difícil damos cuenta de la obra de su amor. Los planes que acariciábamos, han sido desbaratados, algunas personas en las que confiábamos nos han abandonado, alguien que profesaba ser nuestro hermano en Cristo nos ha traicionado y nos tambaleamos. Intentamos ser fieles a Dios, pero una oscura nube le esconde de nosotros. En estos momentos, no podemos armonizar los reveses de la providencia con sus benditas promesas. ¿Qué debemos hacer entonces? Lo mejor es pedir gracia suficiente para entender sus palabras: "si camináis en la oscuridad sin un rayo de luz, poned vuestra confianza en el Señor" (Is. 50:10).

    Cuando eres tentado a dudar de la fidelidad del Señor, espera en él y pídele más luz y él te mostrará el camino a su debido tiempo y por los resultados sabrás que Dios no defrauda ni olvida a los suyos (Is. 30:18). Pero Dios no es solamente fiel en el cumplimiento de sus promesas, sino que también lo es en el cumplimiento de sus amenazas, cuyos juicios en el AT son el ejemplo más claro (He. 12:2Í9). Por eso el pecador sólo puede buscar refugio en Cristo.

  3. Características de la fidelidad de Dios
    Veamos tres aspectos de la fidelidad de Dios relacionados con su pueblo:

    1. Dios es fiel al proteger a su pueblo (1 Co. 1:8-9).
      El apóstol se refiere a la promesa de que Dios confirmará a los suyos hasta el fin. La fe de Pablo en la absoluta seguridad de la salvación se basaba, no en sus fuerzas o en su capacidad para perseverar, sino en la veracidad o fidelidad de aquel que no puede mentir. Dios no permitirá que perezca ninguno de aquellos que forman parte de la herencia que ha dado a su Hijo, sino que ha prometido librarles del pecado y la condenación, haciéndoles partícipes de la vida eterna.

    2.  Dios es fiel al disciplinar a los suyos (Sal. 119:75).
      La fidelidad de Dios es una verdad que debemos reconocer cuando todo nos sonríe y también cuando sufrimos su severa reprensión. Es la fidelidad de Dios la que maneja la vara de la disciplina. Reconocerlo así es un acto de humillación delante de él y una confesión de que merecemos su corrección. En lugar de murmurar, deberíamos darle las gracias. La aflicción es compatible con el amor de Dios prometido en el pacto eterno al formar parte de la administración del mismo. Dios es fiel, no solamente a pesar de las aflicciones, sino también al enviarlas (Sal. 89:32-33).

    3. Dios es fiel al glorificar a sus hijos (1 Ts. 5:23-24).
      Dios no nos trata según nuestros méritos -que no tenemos- sino según su fidelidad a sí mismo y a su propósito eterno de gracia {Ro. 8:30). Dios nos da una demostración plena de la permanencia de su bondad hacia sus escogidos al asegurarles la certeza de su perseverancia.

Conclusión.
La compresión de la fidelidad de Dios nos librará de inquietud, porque si estamos llenos de ansiedad, vemos nuestra situación con temor o miramos el mañana con pesimismo, estamos negando que Dios sea fiel. En segundo lugar, refrenará nuestra murmuración, porque acallará nuestras quejas impacientes y Dios será honrado al reconocer su amor aún en las pruebas. En tercer lugar, aumentará nuestra confianza en Dios al poner nuestras vidas y todo lo que tenemos en sus benditas manos y persuadidos de su fidelidad nos contentaremos con su provisión (1 P. 4:19).