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La Omnisciencia de Dios (Sal. 139:1-6/Ro. 11:33-36)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre los atributos de Dios
El salmista considera el infinito conocimiento de Yahweh y queda impresionado de manera personal. Se contempla a sí mismo como objeto del escrutinio divino, como si estuviera sometido a Una minuciosa investigación que abarca los actos más rutinarios (sentarse y levantarse), como los pensamientos y las palabras; más aún, antes que abra su boca, Dios ya sabe lo que va a decir. Este conocimiento divino se debe a la proximidad de Dios, ya que el salmista se siente rodeado de la presencia de un Dios cuya mano está sobre él. Anonada pensar en este supremo conocimiento de Yahweh. Nosotros tenemos el privilegio de vivir en una generación que ha visto los avances más espectaculares en todos los ámbitos del saber; sea la ciencia, la literatura, la filosofía, la geografía o la historia. Las bibliotecas están repletas de libros y por Internet se puede consultar cualquier cosa en ellas, en cualquier país del mundo. La especialización en el campo del saber humano ha alcanzado cotas inigualables.

Pero todo esto es como una gota de agua en el mar del conocimiento divino, porque el suyo no es global, sino absoluto, tanto en la tierra como en el cielo, o sea, el universo entero. En cuanto a lo que dice Pablo de la profundidad de su conocimiento y sabiduría, concordamos con Hodge en que no es probable que el apóstol quiera dar a cada palabra un sentido preciso, sino que ambas perfecciones deben ser contempladas a la luz de su obra redentora de la que acaba de hablar. Un conocimiento universal que abarca a todos los que son objeto de su obra, en todas las necesidades y circunstancias de su existencia. Sabiduría infinita en la elección de los medios y en la apropiación del fin deseado, en la ordenación de todo el sistema de la creación, de la providencia y de la redención. Sus juicios son insondables, es decir, sus decisiones o sus decretos. Los planes y los designios de Dios son impenetrables y los medios que emplea para cumplirlos son igualmente imposibles de sondear.

Si tratamos de dar una definición de su Omnisciencia, dentro de nuestras limitaciones a la luz de lo que hemos visto en estos textos, podemos decir que es "aquella perfección divina por medio de la cual, Dios, en una manera completamente única, se conoce y conoce todas las cosas posibles y actuales en un acto sencillísimo y eterno". Su conocimiento no sólo es perfecto en su clase, sino también en su alcance. Se llama omnisciencia porque lo abarca todo. Conoce todas las cosas tal como están aconteciendo, conoce el pasado, el presente y el futuro, y las conoce a todas en sus verdaderas relaciones. Conoce la esencia escondida de todas las cosas, a la cual el entendimiento del hombre no puede penetrar. Aunque conocimiento y sabiduría no son la misma cosa, pero están relacionadas, podemos considerar que ésta es un aspecto particular de aquél.


  1. Su omnisciencia conoce lo más escondido (Sal. 139:2-4, Ez. 11:5)
    Puede que sea invisible para nosotros, pero no lo es para Dios. Ni la oscuridad de la noche, ni la gruta más profunda, ni el bunker dotado de toda su capacidad para impedir la penetración exterior, pueden esconder al pecador de los ojos de la omnisciencia divina. Los frondosos árboles del huerto del Edén no pudieron ocultar a nuestros primeros padres cuando pecaron. Nadie pudo ver a Caín cometiendo el horrible asesinato de su hermano Abel, pero el Creador fue testigo del fratricidio. Sara podía reírse burlonamente oculta en su tienda, pero Yahweh la oyó.

    Acán robó un manto babilónico, doscientos siclos de plata y un lingote de oro, y lo escondió bajo tierra en medio de su tienda, pero Dios lo descubrió todo. David se tomó mucho trabajo en esconder su iniquidad, pero el Dios que todo lo ve mandó a un siervo que le dijera: "tú eres aquel hombre". Si el ser humano pudiera, despojaría a Dios de su Omnisciencia porque le recuerda que ninguno de sus actos está oculto a sus ojos. Desearía que no existiera testigo alguno de sus pecados para cometer sus crímenes impunemente; pero no solamente ve sus actos sino también sus pensamientos que es donde se fragua el pecado (Os. 7:2, Sal. 90:8). Nadie puede escapar del ojo escrutador de Dios y el que rechaza a Cristo tiene buenas razones para temblar.

  2. Su Omnisciencia es un atributo que nos llena de consuelo (Job 23:10)
    Cuando el patriarca responde a sus amigos que le han acusado de los más graves pecados, tiene un vivo deseo de comparecer ante Dios enjuicio para someterse a su mirada escrutadora. Pero busca a Dios y no lo halla, es como si se escondiera, por lo que entiende que le daría la razón frente a sus acusadores, porque conoce su camino y saldría impoluto del juicio.

    En parte tenía razón frente a sus amigos, pero nadie puede salir como el oro puro si antes no ha pasado por el crisol de la cruz de Cristo. Los que sí lo hemos hecho, tenemos en estas palabras un gran consuelo por cuanto ¡Dios nos conoce! Cuando nos sentimos fatigados y decaídos, podemos hacer nuestras las palabras del salmista cuando dijo: "él sabe de qué estamos hechos: sabe bien que somos polvo” (Sal. 103:14). Cuando al creyente le asalta la duda y la desconfianza apela a la Omnisciencia divina diciendo: "Oh Dios, examíname, reconoce mi corazón; ponme a prueba y reconoce mis pensamientos; mira si voy por el camino del mal, y guíame por el camino antiguo". (Sal. 139:23). Ahí hallamos un estímulo para orar.

    Nuestras peticiones van a ser oídas, nuestras lágrimas y preocupaciones no escaparán a la atención de Dios porque él conoce los pensamientos e intenciones del corazón. No hay peligro que un creyente sea pasado por alto entre la multitud que cada día y cada hora presentan sus peticiones a Dios, porque en su Omnisciencia puede prestar la misma atención a millones que a uno solo de los que le buscan. Es más, la falta de un lenguaje apropiado o de capacidad para expresar los más profundos anhelos del corazón, no comprometerá nuestras oraciones, porque "antes que me llamen, yo les responderé; antes que terminen de hablar, yo los escucharé". (Is. 65:24).

  3. Su Omnisciencia conoce el pasado el presente y el futuro He.4:13).- El conocimiento del futuro es tan completo como lo es el del pasado y el presente; y esto es así  porque el futuro depende enteramente de él. Su conocimiento del futuro no depende del azar, la casualidad o el signo de los astros ni es una mera abstracción, sino que está relacionado con su propósito eterno. Dios mismo ha designado todo lo que ha de ser y lo que él ha designado tiene que cumplirse forzosamente. Por tanto, los que dicen que adivinan el futuro, mienten cuando lo que afirman no está revelado en las Escrituras, porque las decisiones de Dios son inescrutables y sólo él las sabe.

    Sin embargo, el cumplimiento de todo lo que Dios se ha propuesto está garantizado, ya que su sabiduría y poder son infinitos. El perfecto conocimiento por Dios de todas las cosas está ejemplificado en tas profecías registradas en su Palabra. Todas las predicciones relativas a la historia de Israel fueron cumplidas hasta en sus mínimos detalles. Lo mismo ha ocurrido con las profecías sobre la venida de Cristo al mundo, el lugar donde nacería, donde viviría, cómo sería su vida, el desarrollo de su ministerio en este mundo, sus sufrimientos, su muerte y resurrección, tuvieron un cumplimiento literal y perfecto. Esto sólo podía ocurrir si una mente que conocía el final desde el principio lo había planeado.

    Lo más impactante de todo es que Dios conocía y predijo la crucifixión de Cristo siglos antes que sucediera, ya que su propósito era el Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo, el cual fue entregado por el "determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios" (Hch. 2:23). De la misma manera, en la Biblia hay todavía anuncios que son futuros, los cuales se cumplirán porque fueron dados por aquel que los decretó.

Conclusión. La Omnisciencia de Dios debería llenarnos de asombro. Ningún ser humano conoce lo que nos traerá el mañana, pero el futuro entero está abierto a la mirada omnisciente de Dios. El conocimiento infinito de Dios debería llenarnos de santo temor. Nada de lo que hacemos, decimos o pensamos escapa a su percepción: "Yahweh está en todo lugar vigilando a los buenos y a los malos" (Pr. 15:3). La comprensión del infinito conocimiento de Dios debería llevar al cristiano a la adoración. Toda nuestra vida ha permanecido abierta a su mirada desde el principio. Él conoció todas nuestras caídas y pecados, pero aún así se ha fijado en nosotros para salvarnos. Ante la Omnisciencia de Dios, debemos postrarnos en admiración.