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El propósito de la ley - Ga. 3:19-29

por Pedro Puigvert
Sermones sobre la Libertad cristiana

El contenido de esta porción es tanto que me asusta darlo en un poco más de media de hora porque soy consciente que debo dejar muchas cosas importantes sin decir. Tiene el objetivo de mostrarnos los motivos por los que se dio la ley. La pregunta ¿para qué sirve la ley? es natural para toda persona que acaba de leer u oír el argumento de Pablo de que por la ley nadie se justificará delante de Dios (v. 11). Los gálatas sabían que el AT era revelación divina y que la ley de Moisés era un don de Dios, pero Pablo acaba de escribir que no tiene ningún valor para obtener el favor de Dios y que nadie se salva por el cumplimiento de sus preceptos. Entonces no es de extrañar que el mismo Pablo interprete que surgirá de ellos la pregunta: ¿Para qué sirve la ley? y que la conteste.


  1. El propósito de la ley es para estimular las transgresiones (vv. 19-21)
    Pablo señala que la ley se introdujo como un factor adicional para producir
    transgresiones, porque "donde no hay ley tampoco hay transgresión" (Ro.4:15). Un dato de la experiencia humana nos enseña que la promulgación de leyes específicas crea la categoría de infracciones específicas, con la oportunidad de cometerlas. Pero el apóstol va más allá: el objetivo de la ley es aumentar el total de transgresiones. Además este propósito tiene un límite: debía permanecer fuerte hasta la venida de Cristo (simiente).

    1. La ley fue ordenada por medio de ángeles (v. 19).
      Cuando dice que "fue añadida" no quiere decir que fue agregada a la promesa como una especie de suplemento, sino a la situación humana debido a un propósito especial diferente al de la promesa. La administración de la ley por medio de ángeles no tiene referentes en el AT, lo más cercano es Dt. 33:2: "Yahweh vino de Sinaí...y vino entre diez millares de santos”. Es probable que tanto Esteban (Hch .7:53) como pablo aquí deriven su argumento de este pasaje. Esta idea parece que era sobradamente conocida a pesar de la falta de referencias anteriores. En el caso de Esteban señala que el pueblo mostró su impiedad despreciando la ley, aunque ésta fuese administrada por seres tan altos como los ángeles y si fue salvaguardada mediante sanciones severísimas, ¡cuánto más terrible será la pena por rechazar el mensaje de salvación, que no fue traído por ángeles, sino por el Señor mismo!

    2. La ley fue ordenada en mano de un mediador (vv.l9 b, 20).
      En general, se ha identificado a este mediador con Moisés. Las dos afirmaciones del v. 20 son inteligibles si se toman por separado. Es evidente que el mediador requiere al menos dos partes en las que mediar. Por otro lado, la unicidad de Dios es doctrina fundamental para judíos y cristianos. El problema viene cuando queremos relacionar las dos cláusulas. Una respuesta podría ser que al hacer la promesa a Abraham Dios actuó unilateralmente, pero al dar la ley usó una mediación.

    3. ¿Es la ley contraria a las promesas? (v. 21).
      La dirección del argumento parece prepararnos para una respuesta afirmativa, pero muy en su estilo Pablo hace una negación enfática. Y argumenta: Si se hubiera dado una ley capaz de producir vida, la justificación se basaría sobre la ley. Pero se ha demostrado que es incapaz de dar vida ya que si pudiera "Cristo murió en vano" (2:21). Sólo la justificación por la fe es el camino hacia la vida y presupone la incapacidad y el desplazamiento de la ley. Ser justificado por la fe es recibir la vida.

  2. El propósito de la ley es encerrarlo todo bajo pecado (vv. 22-25)
    Pablo continúa demostrando por qué la ley, a pesar de su propósito de producir transgresiones, no es contraria a las promesas. En tanto que ley de Dios, sirve como instrumento divino para cumplir su objetivo: por sí misma no puede impartir vida, pero al mostrar el fracaso del esfuerzo humano en cumplirla, encarrila a los hombres y mujeres hacia la gracia de Dios como única esperanza. La ley produce transgresiones y, con ello demuestra su incapacidad para conducir a la justificación y la vida. Quienes la emplean para justificarse, como los judaizantes en Galacia, de hecho abusan de ella y este mal uso anula la promesa. Lo que hace la ley es iluminar la condición humana universal: todos estamos bajo pecado. Cuando uno se da cuenta de eso y quiere librarse debe acudir a la promesa para ser justificado creyendo en la promesa y en quien la ha hecho: Cristo. El apóstol ilustra este v. 22 con dos figuras que son muy esclarecedoras.

    1. La ley como alcaide/carcelero (v. 23).
      Esto tiene que ver con el tiempo anterior de la llegada de la fe en Jesucristo, es decir, el evangelio introducido por el Salvador. Esta nueva era es el cumplimiento de la promesa hecha a Abraham. En el tiempo de la ley estábamos confinados donde el guardián o alcaide toma el lugar del pecado del v. 22. Del mismo modo que judíos y gentiles están encerrados bajo pecado, aquí están confinados bajo la ley. Hombres y mujeres están reprimidos bajo   su tiranía, pero pueden ser liberados por Cristo. La ley mantuvo alejados a los gentiles de los privilegios del pueblo de Dios y apartó a Israel del resto de la humanidad, pero esta fuerza divisoria ha sido superada por el efecto de la redención en Cristo asumida por la fe.

    2. La ley como ayo/pedagogo (w. 24-25).
      Se trata del pedagogo, una referencia al esclavo/asistente personal que acompañaba al niño libre a dondequiera que fuese desde el momento en que abandonaba los cuidados de la nodriza. Su deber era enseñarle buenos modales, llegando a emplear la vara en caso necesario; llevarlo a la escuela cargando su bolsa y demás efectos, esperarle en la sala habilitada para ellos o en la misma clase.
      Después debía devolverlo a casa y repasar la lección aprendida aquel día. De este modo restringía la libertad del niño hasta la llegada de la mayoría de edad en que ya era responsable de su libertad. No era un instructor en el sentido actual del término ni Pablo atribuye una función educativa a la ley. La idea es que así como el pedagogo mantenía bajo control al niño hasta la mayoría de edad, la ley guió al pueblo de Dios hasta que con la llegada de la fe, obtuvo la mayoría de edad espiritual en Cristo.

  3. El propósito de la ley es llevarnos a un nuevo orden de libertad (vv. 26-29)

    1. Por filiación divina (v. 26).
      El "nuestro" del v. 24 (judíos y gentiles) se convierte ahora en el "todos" (v.26). De los hijos de Abraham del v. 7 pasamos aquí a hijos de Dios por la fe en Cristo. Quien es Hijo por excelencia ha establecido una relación filial con Dios por la fe, una experiencia cristiana generalizada de unión vital con Cristo.

    2. Por el bautismo (v. 27).
      Como en la filiación también el bautismo es "en Cristo". Significa ser incorporado a él por la fe con referencia al bautismo real, cuya expresión
      simbólica es el bautismo por inmersión en agua como señal de aquél.

    3. Por el revestirse (v. 27).
      Es otro modo de expresar la incorporación a Cristo y la idea puede haber sido tomada del acto de desvestirse del bautismo (Col. 3:10, Ef.4:24) que implica metafóricamente la asunción de un nuevo estilo de vida.

    4. Por la unidad en Cristo (v. 28).
      En Cristo se superan las barreras de todo tipo, étnicas, religiosas, sociales y sexuales, porque todos constituimos un solo cuerpo, pues todos somos hermanos en Cristo Jesús.

Conclusión (v. 29). Quienes están "en" Cristo, son también "de" Cristo, no sólo en el sentido de pertenencia, sino de que participan de él por el Espíritu. Si Cristo es linaje de Abraham según la promesa, así también los que son de Cristo.