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La primacía de la fe sobre la ley - Ga. 3:1-6

por Pedro Puigvert
Sermones sobre la Libertad cristiana
 

A pesar de que en nuestra versión los traductores dan por finalizado el argumento de la porción en el v. 5 e inician el tema siguiente en el v. 6, en realidad este versículo forma parte del asunto que trata el apóstol en el pasaje leído. A medida que avanza la carta las expresiones de Pablo son cada vez más contundentes y el tono de sus palabras va subiendo en intensidad. Después de explicar que la justificación sólo es posible por la fe en Cristo y no por las obras de la ley, porque de lo contrario la muerte de Cristo habría sido inútil, Pablo empieza el nuevo párrafo usando un vocativo muy fuerte que denota la emoción con que estaba escribiendo. Llama a los gálatas insensatos o necios, un término que el Señor Jesucristo resucitado lo aplicó a los dos discípulos que iban a Emaús juntamente con "tardos de corazón" (sin entendimiento).

El mismo Pablo lo usa en Ro. 1:14 y ha sido traducido por "no sabios". El apóstol utiliza este adjetivo para enfatizar con fuerza el ilógico retroceso de los gálatas en su vida espiritual.
Después de esta dura expresión, les hace una pregunta que es como un cañonazo que va a retumbar en sus oídos con el estruendo de una enorme explosión. Es la única vez que aparece en el NT el verbo que ha sido traducido aquí por fascinar y en otras versiones por embrujar, hechizar, porque originariamente se usaba para referirse al "mal de ojo". Si actualizamos el término, diríamos que habían sido hipnotizados. Su nueva conducta era tan extraña, tan en desacuerdo con el mensaje de liberación que había aceptado, que parecía como si alguien les hubiera hechizado.

La frase que sigue "para no obedecer a la verdad" es una intercalación procedente de 5:7, pero que actualmente ya no aparece en las nuevas versiones de la Biblia porque no pertenece al texto original. Por tanto, la consideraremos en su lugar correspondiente ¿Cómo es posible que el mensaje del evangelio de la cruz de Cristo hubiera sido presentado delante de ellos con toda claridad y ahora hacían caso a los judaizantes que proclamaban una salvación por obras? El apóstol se había propuesto predicar en todas partes y a no saber cosa alguna sino a Jesucristo y a este crucificado (1 Co. 2:2). La cruz de Cristo, con todo lo que trae consigo es el elemento fundamental del evangelio (1 Co. 1:18). El evangelio de Cristo crucificado, como Pablo lo entendía, excluía de forma radical la ley como medio para reconciliarse con Dios, así, pues, los que habían abrazado dicho evangelio difícilmente podían buscar en las obras de la ley su camino de salvación.

  1. La recepción del Espíritu Santo es por la fe vv. 2-3)
    El apóstol sigue descargando su batería de preguntas que son auténticas andanadas sobre aquellos desconcertantes gálatas. En el supuesto que ellos hubieran respondido afirmativamente a la pregunta del v. 1, quería saber una sola cosa de ellos, porque debían dar por válida toda su argumentación anterior, al tiempo que se quedaban sin razones: 1.1. ¿Cómo habían recibido el Espíritu? ¿Por las obras o por la fe? Pablo da por sentado que habían recibido el Espíritu, porque su presencia y su poder se habían manifestado entre ellos (v. 5). Tanto el don del Espíritu como la justificación se reciben por la fe en el mismo acto en que oímos y creemos en el evangelio, porque la fe viene por oír la palabra de Dios. Aunque no lo diga explícitamente aquí, da a entender que el mayor privilegio que tenemos los humanos es el don del Espíritu que hemos obtenido los creyentes, no por algún rito especial o una sesión esotérica, sino mediante la fe en el evangelio. El don del Espíritu y la justificación son dos caras de la misma moneda.

    1. ¿Por qué habiendo comenzado por el Espíritu ahora iban a acabar por la carne?
      De nuevo les hace una pregunta con el mismo adjetivo del v. 1, porque lo que acaba de decirles justifica plenamente su necedad. Su conducta es un claro retroceso de la  madurez a la inmadurez. Si habían empezado su andadura cristiana por el Espíritu, ¿cómo podían pensar que la perfección se podía buscar en el plano inferior de la carne? Aquí el término carne no se refiere al cuerpo como en 2:20, sino a la naturaleza humana y la debilidad de su condición de no redimido, es decir, del que sigue confiando en los insuficientes recursos de las obras de la ley, antes de que llegara la fe para poder tener acceso al poder del Espíritu. Para Pablo, las obras de la ley eran indicio de una vida según la carne y no según el Espíritu. Éste es parte del fundamento del evangelio; su recepción no marca una segunda etapa o una segunda bendición, como dicen algunos, superior a la justificación. Tanto en Jn. 7:39, 16:7,20:22, como en Hch. 1:8 y 2:38, el don del Espíritu es consecuencia y confirmación de la obra redentora de Cristo.

  2. Dios nos suministra el Espíritu como consecuencia de la fe (vv. 4-5)
    De nuevo el apóstol les lanza dos preguntas inquietantes en relación con su experiencia cristiana en dos dimensiones distintas: una tiene que ver con el sufrimiento y la otra con las manifestaciones del poder de Dios:
    1. Padecer en vano.
      La experiencia del sufrimiento por Cristo podría resultar infructuosa si continuaban en su actitud. El término traducido por padecer cuando no lleva ninguna aclaración, puede significar en un sentido amplio, "experimentar" y en un sentido más concreto "sufrir". En el primer caso, el sentido del texto sería: "¿Habéis experimentado los grandes dones del Espíritu en vano?" En el segundo caso, el sentido sería: "¿Tan grandes sufrimientos habéis soportado en vano? Se desconoce si los gálatas llegaron a padecer por el evangelio, porque no existe constancia de que fueran perseguidos por su fe como otros (1 Ts. 2:14). De todos modos, cualquier sufrimiento que pudieran padecer por causa del evangelio resultaría vano, inútil, si la salvación podía lograrse mediante el cumplimiento de la ley. La frase "si es que realmente fue en vano" deja entrever cierta esperanza de que su situación no es del todo irrecuperable.

    2. El suministro del Espíritu.
      ¿Es por las obras de la ley o por la fe? El suministrador y el que hace maravillas es Dios. El verbo está en presente lo que denota que la acción de Dios seguía dándose en aquellas iglesias a pesar de los judaizantes y no algo que había sucedido cuando recibieron el evangelio. Las maravillas es un término genérico para referirse a las manifestaciones del Espíritu, especialmente los milagros, una característica que distinguía a esas iglesias en los primeros años de su formación. La antítesis entre la ley y el Espíritu era tan radical como la que había entre las obras y la fe.

  3. La justificación de Abraham fue por la fe (y. 6)
    Pablo ha apelado a la experiencia de conversión de los gálatas cuando les predicó el evangelio, después a la obra de Dios entre ellos y ahora en tercer lugar, les muestra la Escritura que confirma cuanto les ha dicho. Si Dios suministró el Espíritu e hizo maravillas entre ellos por oír con fe, también por la fe justificó a Abraham. El adverbio "así" actúa de conjunción y aquí significa "en consecuencia" uniendo la frase anterior. Según Génesis, Abraham fue llamado por Dios, dejó su tierra y marchó a la que él y sus descendientes recibirían grandes bendiciones. Cuando aún no tenía hijos, Dios le prometió una descendencia innumerable. Él creyó a Yahweh y le fue contado para justicia.
 
Conclusión. Hemos visto una vez más que en esta carta no se deja lugar a la duda, puesto que solamente por la fe hemos recibido el Espíritu y la justificación.