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Los deberes laborales de esclavos y amos (Ef 6:5-9)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre la Iglesia basados en Efesios 4-6

En el trasfondo de estos versículos se halla la situación de esclavitud en que estaba sumido el mundo antiguo en que un alto porcentaje de la población estaba formado por esclavos. La iglesia no era ajena a esta situación y por eso la relación entre amos  y esclavos cristianos era una preocupación del apóstol Pablo y como ha escrito sobre las diferentes personas que constituían una familia, el matrimonio y los hijos, le queda solamente los amos y esclavos que también  se integraban  en ella. Se ha calculado que en el Imperio Romano había sesenta millones de esclavos que conformaban la fuerza del trabajo e incluían no sólo los sirvientes domésticos y trabajadores manuales, sino también los profesionales como médicos, maestros y administradores. Los esclavos procedían mayormente de entre los prisioneros de guerra, aunque podían heredarse o adquirirse como pago de una deuda.

En la legislación romana, legalmente eran sólo bienes muebles sin derechos, a quienes sus amos podían tratar como querían: castigar corporalmente, confinar en el ergastulum (un calabozo en que se encerraba a los esclavos para trabajar  o después de haber realizado rudos trabajos), o tener el derecho de ejecutar la pena de muerte. Por tanto, resulta sorprendente que Pablo se dirija a los esclavos y lo que a nosotros nos puede parecer normal, tiene su importancia porque el simple hecho de mencionarlos indica que eran miembros aceptados en la comunidad cristiana  y que los consideraba como personas responsables a los cuales, de la misma manera que a los amos, les hace una apelación sobre su conducta.

  1. Los deberes laborales de los esclavos (vv. 5-8)
     Si los hijos deben obedecer a los padres, los esclavos (nuestra versión utiliza “siervos”, pero la mayoría traducen más correctamente “esclavos”) deben obedecer a sus amos terrenales (v.5) y  por la misma razón que ellos, puesto que deben discernir que detrás suyo está la figura de su amo celestial (v. 9), es decir, el Señor Jesucristo. Cristo o Señor se mencionan en  cada uno de los versículos, con referencia a la obediencia, la conducta, el servicio y la recompensa del esclavo cristiano. Es notable lo cristocéntrico de estas instrucciones en que la perspectiva del esclavo ha cambiado y su horizonte se ha ampliado. Ha sido liberado de la esclavitud de tener que agradar a los hombres para usar la libertad de servir a Cristo.  Sus labores cotidianas  han sido absorbidas por una preocupación más elevada, hacer la voluntad de Dios y agradar a Cristo.
  2. Su aplicación a los cristianos de hoy.
    Los mismos principios deben  regir para los cristianos actuales en sus trabajos y empleos. Todos tenemos la necesidad de ver al Señor Jesucristo delante de nosotros como el dueño a quien servimos: el ama de casa puede cocinar una comida como si Cristo fuera a comerla o todos limpiar el hogar como si el Señor fuera el huésped de honor. En el mismo sentido los maestros educarán a los niños, los médicos tratarán a sus pacientes y las enfermeras los cuidarán; los comerciales ayudarán a sus clientes, los vendedores servirán a sus compradores, los contables llevarán los libros, las secretarias escribirán cartas u otras tareas y cada uno de ellos lo hará como si estuviera sirviendo a Cristo.
  3. También puede decirse lo mismo de los obreros industriales inmersos en la rutina de su trabajo, los mineros que bajan a las profundidades de la tierra, o los estudiantes en el colegio o en la universidad. Pero aún siendo a veces las condiciones de trabajo muy difíciles no pueden ni siquiera compararse con las de los esclavos en el Imperio Romano, así que si el trabajo de estos cristianos podía ser transformado haciéndolo como para el Señor, lo mismo puede suceder con cada uno de los trabajos que en la actualidad desempeñamos en nuestra sociedad. 

  4. La responsabilidad primaria es el servicio al Señor
    Cuando los esclavos cristianos tuvieran claro que lo primero era el servicio al Señor, su servicio a sus amos terrenales se transformaría en ejemplar:

    1. Obedecerían con temor y temblor.
      Consiste en que  serían respetuosos (v.5). Esta frase no implica un servilismo humillante delante del amo humano, sino un reconocimiento reverente del Señor Jesús, cuya autoridad representa el amo. Esto resulta evidente porque en el pasaje paralelo dice: “temiendo a Dios “(Col. 3:22c).

    2. Obedecerían con sencillez de corazón (v.5).
      Esta frase significa que lo harían con integridad, es decir de todo corazón, sin hipocresías o dobleces ni motivos posteriores. 
        
    3. 3.3. No servirían al ojo (v. 6).
      Serían conscientes de no ofrecer su trabajo para querer agradar a los hombres y trabajar sólo cuando el jefe está mirando a fin de obtener su favor, sino como siervos de Cristo ya que él nunca podrá ser engañado con un trabajo mal hecho.

    4. Servirían de buena voluntad (v.7).
       Su trabajo lo realizarán de “buena gana” (VP) en lugar de ser reacio o quejándose. Como tendrán conciencia de estar haciendo la voluntad de Dios, lo harán de corazón.
       
  5. Los deberes laborales de los amos (v.9)
     Hemos visto que a los esclavos cristianos, el apóstol les describe sus deberes con cierto detalle, pero cuando se dirige  a los amos de los esclavos les señala tres principios generales que no dejan de ser deberes porque el verbo sobre el que pivota la orden está también en imperativo. En el caso de los esclavos era “obedeced” y en el de los amos es “haced”.

    1. Haced con ellos lo mismo.
      Se refiere a lo mismo que había pedido a los esclavos: si esperaban ser respetados, debían respetar también al esclavo; si deseban recibir un servicio debían prestárselo a ellos. Se trata de una aplicación de la regla de oro enseñada por  Jesús (Mt. 7:12), porque de la manera que los amos esperaban que sus esclavos se comportaran con ellos, así debían comportarse con sus esclavos. Pablo no admite ningún privilegio superior de los amos.

    2. Dejar las amenazas.
      Así como los padres no debían provocar a sus hijos, los amos no debían amenazar a sus esclavos, es decir, no podían abusar de su posición de autoridad amenazando con castigarles. El castigo era aceptado en el Imperio Romano como una forma de control del esclavo, pero entre cristianos una relación basada en la fuerza no es una buena relación. Por eso Pablo lo prohibía.

    3. No hacer acepción de personas.
      Amos y esclavos deben saber que Cristo es el Señor de ambos. Los dueños estaban acostumbrados a que se los reverenciara y tratara de manera especial, pero no podían esperar el favoritismo discriminatorio del Señor. Por tanto, estos tres principios tenían el objetivo de disminuir la brecha social entre esclavos y amos.

Conclusión.  La nueva relación entre amos y esclavos que hizo posible Cristo sería el fermento que a lo largo de los siglos desembocaría en la abolición de la esclavitud, porque no podemos olvidar que fue un evangélico llamado William Wilberforce el que luchó para conseguir desterrarla en el siglo XIX, un logro  que se alcanzó poco antes de su muerte en 1833.