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Cómo edificar nuestra vida cristiana (Mt 7:24-28)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre el Sermón del Monte

Si hemos seguido con atención la exposición de esta parte final del Sermón del monte, habremos reparado en que en las tres últimas porciones se usan tres metáforas. En la primera (vv.15-20), respecto a los falsos profetas, tenía como objetivo advertirnos del peligro de que las apariencias engañan. En la segunda (vv. 21-23), algunos suponen que por decir "Señor, Señor" entrarán en el reino de los cielos. Ésta tenía como propósito advertirnos contra el peligro de engañarnos a nosotros mismos en función de lo que creemos, de nuestro celo y fervor o de nuestras propias actividades.

Y ahora nos corresponde examinar la tercera (vv. 24-27) en la que Cristo nos advierte contra el peligro de buscar y desear sólo los beneficios y bendiciones de la salvación en lugar del compromiso de vivir nuestra vida cristiana en conformidad a la voluntad de Dios expresada por Jesús a lo largo de todo el Sermón.
Con el propósito de resaltar la distinción entre el que es un cristiano auténtico y el que sólo lo es en apariencia, Jesús hace una comparación o mejor dicho, cuenta una doble metáfora en la que hay dos hombres y dos casas. Por tanto, si queremos llegar a la verdad espiritual que encierra, debemos ver las semejanzas y las diferencias.

  1. Las semejanzas entre los dos hombres
    Los dos tienen el mismo deseo, pues ambos deseaban construir una casa como así hicieron. Ambas construcciones se vieron sometidas a las mismas pruebas y según parece no estaban lejos una de la otra porque fueron objeto de las mismas condiciones adversas. Sin embargo, había algo que las diferenciaba: el fundamento.

    Vistas desde afuera no había distinción entre ellas, la diferencia se hallaba debajo de la superficie. En realidad, lo que pretende Jesús no es mostrarnos la semejanza, sino la diferencia, aunque aparentemente no era obvia a pesar de existir. No se puso de relieve hasta que la construcción fue sometida a prueba. En la actualidad cuando los ingenieros construyen un puente calculan el peso que puede soportar, pero no lo abren al tráfico hasta que han comprobado que realmente aguanta el paso de camiones cargados.

    Lo mismo ocurre aquí, no se vio la diferencia hasta que llegó la lluvia torrencial y el fuerte viento. La lección es clara: la desigualdad entre un verdadero cristiano y otro que lo es en apariencia no es algo obvio externamente, ya que sólo se evidencia cuando vienen las pruebas.

  1. Las diferencias entre los dos hombres
    Nos va a ser de ayuda observar lo que nos dice el pasaje paralelo de Lc. 6:47-49. El hombre prudente excavó hondo para echar el fundamento, mientras que el insensato no excavó nada, ni se ocupó de poner el fundamento.

    1. Características del insensato.
      La primera es que tenía prisa. Las personas insensatas siempre desean hacerlo todo al instante porque no pueden esperar. El insensato es impaciente, nunca se toma el tiempo necesario porque está más interesado en los resultados inmediatos. Debía decir: "quiero disponer de la casa en seguida, no tengo tiempo para hacer los fundamentos". Tampoco está dispuesto a escuchar las instrucciones, no presta atención a las normas que rigen para la construcción:

      Lo mismo ocurre con las cosas espirituales que en este caso es no hacer caso de las enseñanzas del Sermón que había dado Jesús. El insensato no solamente tiene prisa o no quiere atender a las normas, sino que además considera todo esto innecesario, porque lo que le importa son sus propias ideas y no quiere ser instruido por nadie. Por último, el insensato nunca examina las cosas en detalle ni se detiene a contemplar las posibles eventualidades.

      Construyó su casa sin fundamentos, sobre la arena, y no se preguntó por los peligros que podría haber si se producía una eventualidad, como una lluvia torrencial. ¿Os acordáis de aquel verano en que una fuerte lluvia se llevó un camping en el Pirineo? ¿Cómo se les ocurrió poner un camping en un torrente?

    2. Características del prudente. El contraste es total con el anterior. Cuando decide construir lo hace de manera sólida y duradera. Busca a los expertos que le ayuden. Se toma tiempo y averigua todo lo que puede sobre la mejor manera de tener una casa segura. No le importó prestar una atención especial a los fundamentos porque no se contentó solamente en cavar una zanja para cubrirla con piedras que sostuvieran la casa o en buscar un terreno rocoso sobre el que edificar su hogar, sino que ahondó y después de mucho trabajo tuvo terminado el fundamento.

      Era la parte que no se veía, pero era lo más importante de todo el edificio. Así ocurre también en la vida cristiana, donde nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1 Co. 3:11). Hoy más que nunca debemos señalar las diferencias entre aquellos que llevan el nombre de cristianos, pues aunque externamente parecen iguales, hay algo que les distingue: el fundamento sobre el que han edificado sus vidas. Unos han edificado su cristianismo sobre una determinada iglesia, otros sobre sus obras, otros sobre sus experiencias personales, otros sobre sus emociones y prácticas espectaculares. Pero solamente es un verdadero cristiano el que ha edificado su vida espiritual sobre Cristo
      .
  1. Las pruebas someten a examen nuestra vida Contra aquellas casas vinieron el mismo tipo de adversidades: la lluvia, los torrentes y el viento, los cuales pusieron a prueba la robustez con que habían sido construidas. Mientras una soportó todos los embates de las inclemencias, la otra no aguantó la prueba y se vino a pique. Tanto si nos gusta como si no, seamos creyentes verdaderos o sólo en apariencia, la evidencia de que nuestra vida tiene un sólido fundamento, sólo es posible averiguarla cuando nuestra fe es puesta a prueba (1 P. 1:6-7).

    Cuando vivimos vidas fundamentadas sobre Cristo y su obra en obediencia a su palabra, practicando sus enseñanzas tal como están expresadas en estos capítulos, seremos probados con muchas aflicciones o tentados con diversas pruebas, pero aunque la virulencia de los embates sea muy fuerte, el edificio de nuestra vida cristiana permanecerá firme. En ocasiones, serán los deseos de la carne, los deseos de los ojos o la vanagloria de la vida los que intentarán infiltrarse para destruirnos, los cuales serán usados por Satanás para derribarnos.
    En otros casos, serán las enfermedades, los accidentes o el daño moral que nos causen otras personas. Para resistir es necesario haber edificado nuestra vida sobre Cristo.

Conclusión: la autoridad de Cristo (vv.28-29)
Estos versículos no son un mero colofón o epílogo al Sermón, sino que el escritor sagrado dirigido por el Espíritu Santo ha querido dejar constancia que lo más importante del Sermón del monte es el Predicador que lo pronunció: Cristo Jesús. Porque en último término, la importancia del Sermón se deriva de la autoridad de Jesús. Las personas que lo escuchaban se quedaban maravilladas de su doctrina: los cuatro evangelios dan testimonio unánime de este hecho (Jn. 7:46, Lc. 4:32,Mr. 1:22). La distinción que hace la gente entre Jesús y los escribas, los doctores religiosos, muestra que él no se presentaba como un exegeta de textos sagrados o como un rabino moralista, ni apoyaba su autoridad en Moisés o los profetas, sino que usaba una autoridad propia reconocida por la gente.