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El enojo contra el hermano
(Mt. 5:13-15)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre el Sermón del Monte

 A partir del v. 21 comienza una nueva sección del Sermón del Monte. Empezaremos viendo la relación con el versículo anterior, por cuanto todo lo que se dice hasta el final del capítulo 7 es una elaboración de la proposición de que nuestra justicia debe ser mayor que la de los escribas y fariseos si queremos entrar en el reino de los cielos.
Presenta una exposición positiva de la ley y la contrasta con la enseñanza falsa de los escribas y fariseos. Por eso dice Jesús: “oísteis que fue dicho a los antiguos” que es una fórmula que con ligeras variaciones introduce seis afirmaciones hasta el final del capítulo.
Algunas versiones traducen “por” en lugar de “a”. Si lo entendemos tal como está en la versión RVR60, con la preposición “a”, significa que se trata de la ley de Moisés dada a los antepasados de los judíos, pero si leemos “por” se refiere a las enseñanzas transmitidas por los antepasados escribas y fariseos.
El problema está en que la preposición en el original se puede traducir de ambas maneras y de ahí que debamos determinar su sentido por el contexto. De acuerdo con éste es preferible optar por la segunda posibilidad  a causa del añadido que hay después de “no matarás” cuando dice “y cualquiera que matare será culpable de juicio”, ya que pertenece a una adición formulada por los escribas y fariseos, los cuales siempre recurrían a la tradición de sus antepasados y no a la Palabra de Dios. Nosotros no estamos libres de incurrir en el mismo error que ellos cuando nos dejamos guiar por nuestras tradiciones e interpretaciones que no toman en consideración  la enseñanza global e infalible de las Escrituras. 
En realidad el Señor no les dice: “habéis leído en la ley de Moisés”, sino que les habían dado una interpretación falsa de la ley de Moisés. Y lo que ellos habían hecho con el mandamiento era reducirlo a la mínima expresión: “si matas te llevarán delante de un tribunal y te juzgarán”. En otras palabras, habían despojado el mandamiento del juicio de Dios de manera que ya no era ley de Dios, sino la de un tribunal humano.

  1. La autoridad de Jesucristo (v.22)
  2. En oposición a la enseñanza de los antepasados escribas y fariseos, el Señor Jesucristo afirma contundentemente: “Pero yo os digo”.
    No vacila en presentarse a sí mismo con una autoridad superior a la de los antiguos intérpretes oficiales de la religión judía. Si optáramos por la fórmula “a los antiguos”, entonces deberíamos decir que el Señor se coloca por encima del mandamiento “no matarás” y eso es imposible. Lo que está diciendo es que él está interpretando la ley de Moisés correctamente y los escribas y fariseos seguían una explicación equivocada.
    Él tiene toda la autoridad y habla como Dios porque es el Hijo de Dios que se ha encarnado y aunque vino a este mundo a semejanza de los demás seres humanos, ha venido con autoridad divina y cada una de sus palabras es fundamental para nosotros.

  3. El verdadero significado de “no matarás” (v.22)
  4. Cristo pone de manifiesto un principio básico para nosotros: lo que realmente importa  no es la letra de la ley, sino el espíritu de ella. Porque es verdad que el sexto mandamiento dice “no matarás”, pero eso no significa solamente que no debemos cometer homicidios, porque entender sólo eso sería decir que podemos cumplir la ley, ya que la mayoría de nosotros no hemos matado nunca a nadie*.
    Sin embargo, podemos ser culpables de violar la ley de una forma muy grave y eso es lo que explica Jesús. Sin duda alguna este mandamiento, incluye, además del acto físico de quitar la vida a una persona, la ira o enojo contra el hermano. Con eso vemos que el contenido espiritual de la ley, ya estaba en los mandamientos dados a Moisés, pero ellos no lo habían sabido ver.  Por la misma razón los cristianos podemos pensar que al no estar bajo la ley, los mandamientos no tienen que ver con nosotros.
    Esto sería un grave error, porque según Jesús, la ley dada por Moisés exige al hombre que no se enoje contra su hermano. Como cristianos, albergar enemistad e ira en el corazón es, según el Señor Jesucristo, algo muy grave y con la misma culpa delante de Dios que asesinar a alguien. Pero Jesús va más lejos todavía. No solamente no hay que albergar ira o enojo, sino que además, no debemos mostrar desprecio al hermano: “cualquiera que le diga necio es culpable”, porque llamarle “necio” es menospreciarle, cuyo equivalente actual sería “¡imbécil!”. 
    En el mismo sentido podemos entender el insulto “fatuo”. En la Biblia, ambas expresiones son sinónimas.  Para conocer su significado debemos remontarnos al AT. En los libros sapienciales y poéticos, encontramos el equivalente de la necedad en oposición a la sabiduría  y no a la ignorancia. El necio no es alguien que carece de inteligencia, sino que la usa incorrectamente y cobra el sentido de impiedad o rebelión contra Dios (Sal:. 14:1).
    De manera  parecida ocurre con el insulto “fatuo” , ya que significa torpe, insolente e impío (Sal.94:8). Su torpeza no es debida a una falta de inteligencia sino a su desidia por aprender y literalmente quiere decir comida, carne de matadero, alineándose con los animales. El equivalente actual sería llamar al hermano “¡burro!” o “¡animal!”. El que dice eso no sólo es culpable de juicio, sino que queda expuesto a la condenación del infierno.
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    * cf. “Los Diez mandamientos” en esta web

  5. La reconciliación con el hermano (vv.23-24)
  6. Del aspecto negativo anterior, pasamos al positivo. No sólo no hay que albergar malos pensamientos homicidas contra el hermano, sino que debemos tomar medidas para reconciliarnos con él. No es posible quedarnos a mitad de camino diciendo. “con tal de no enojarme y no insultar a mi hermano ya obedezco el mandamiento”.
    Tenemos que ir al fondo del asunto y eliminar el problema  que nos hace estar enemistados con un hermano. Aquí percibimos una sutileza de carácter espiritual muy peligrosa: podemos creer que es posible tapar los pecados morales ofreciendo culto a Dios, lo mismo que hacían los fariseos, los cuales condenaban a los demás y después llevaban sus ofrendas al templo pensando que Dios las aceptaría.
    Notemos que el texto no dice si tienes algo contar tu hermanos, sino si te acuerdas que un hermano tiene algo contra ti, debes dejar la ofrenda cultual e ir primero a reconciliarte con él. La restauración de las relaciones fraternales en la iglesia es más importante que el culto que ofrecemos a Dios.


  7. La necesidad de ponerse de acuerdo con el adversario (vv.25-26)

    Las ofensas entre hermanos deben ser aclaradas, confesadas y perdonadas sin demora alguna, puesto que eso es lo que significa “ponerse de acuerdo”.
    Tomar pronto la iniciativa de la reconciliación puede evitar que una ofensa degenere en un conflicto todavía más grave. La ilustración de ponerse de acuerdo en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, es una manera de decir que debemos recordar siempre nuestra relación con Dios.
    Él es el Juez supremo y si no haces lo que dijo Cristo se pone en marcha un proceso legal que exigirá el pago hasta el último cuadrante. Arregla tu conflicto rápidamente, porque quizás mañana no estés aquí y puedes pasar a la eternidad sin solucionarlo.


    Conclusión

     ¿Cómo nos sentimos después de haber visto que el mandamiento “no matarás” tiene una serie de implicaciones más profundas que el simple hecho de cometer un homicidio? Después de considerar estas palabras de Jesús sobre la ley, ¿nos sentimos inquietados por sus exigencias?
    ¿Estamos enojados con algún hermano y todavía no nos hemos reconciliado con él? Estamos a punto de terminar un año y no podemos demorar más ponernos de acuerdo, pero, ¿Qué pasaría si el Señor nos llamara a su presencia sin habernos reconciliado con el hermano?