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Cristo, la Ley y los profetas (Mt 5:17-20)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre el Sermón del Monte

Estos versículos tienen continuidad con el texto precedente, y al mismo tiempo constituyen  la introducción a diversos mandamientos de la ley,  que se exponen en el resto del capítulo.

Recordemos que hasta aquí, el Señor había descrito al cristiano en las bienaventuranzas, es decir, había expresado cómo somos en Cristo. Después, nos enseñó cómo debemos manifestar lo que somos, en tanto que sal y luz del mundo.

Somos hijos de Dios y ciudadanos del reino de los cielos. En calidad de tales, la cuestión que nos plantea  ahora en esta porción es que debe vivir una vida justa.

La palabra clave que resume la vida cristiana es justicia o rectitud.

  1. ¿Cómo se relacionan la ley y los profetas) (vv. 17-18)  
    Tal como vimos en la introducción, algunos piensan que Jesús vino para  continuar  enseñando la ley y que los evangelios no son más que ley. Para otros, Cristo abolió por completo la ley y en su lugar introdujo la gracia. En realidad ambos extremos se tocan,  ya que desvirtúan la ley, pero este texto desmiente a  los dos. Lo mejor que podemos hacer es ver el significado de ley y profetas en este pasaje.

    1. El significado de ley. El sentido que tiene aquí el vocablo ley es el de toda la ley que Dios había dado al pueblo de Israel en sus tres vertientes: la ley moral, judicial y ceremonial. A partir del v. 21, cuando se refiere a la ley, se trata solamente de la moral.

    2. El significado de profetas. Sin lugar a dudas se refiere al contenido de los libros proféticos del Antiguo Testamento. Pero de hecho, lo que hicieron los profetas fue interpretar, enseñar al pueblo la ley y aplicarla a la vida de cada uno, exactamente como hacemos los predicadores hoy. Pero no se limitaron a este cometido de ser voceros de Dios, puesto que en su mensaje predijeron la venida del Mesías en sus dos vertientes: en humillación y  exaltación después de haber realizado su obra salvadora. En otras palabras, la ley y los profetas, quiere decir el AT.

    3. El significado de cumplir.  En dos ocasiones se emplea el término cumplir. Primero, Jesús dice que él que no ha venido a abrogar, o sea, a abolir, invalidar o revocar la ley. El término  griego katalusai significa: destruir totalmente, derrumbar completamente.

      Por el contrario, él ha venido a cumplir, griego plerwstai, un verbo que debemos verlo en sus dos proposiciones:
      1. la ley de Dios es absoluta, nunca se puede cambiar ni modificar nada de ella. Sus exigencias son permanentes, ya que jamás se pueden reducir hasta que el cielo y la tierra pasen, es decir, hasta la consumación de los tiempos. Mientras éstos duran, ni una jota ni una tilde desaparecerán de ella, ni una yod (י), la letra más pequeña del alfabeto hebreo, ni la virgulilla más insignificante colocada sobre una letra;
      2. el Señor no ha venido a modificar la ley y los profetas porque ha venido para cumplir su contenido, puesto que el AT señala a Cristo y hasta el más mínimo detalle de lo que está escrito en él se cumplirá. En la actualidad, algunos  dicen que creen en Cristo, pero rechazan el AT, lo que es una contradicción flagrante. ¡Cuán importante es!
  2. ¿Cuál es nuestra relación con la ley y los profetas? (v.19)
  3. Tenemos tres palabras claves con referencia a los mandamientos: anular, guardar y enseñar.

    La primera es negativa porque tiene el sentido de quitar o eliminar, prescindir de la ley y en consecuencia ser alguien insignificante en el reino de Dios.

    Las otras dos tiene que ver con la obediencia y la transmisión a otros de los mandamientos y reciben la promesa bendita de ser llamados grandes en el reino de Dios. ¿ En qué posición estamos nosotros? Es cierto que nosotros no estamos bajo la ley en el sentido de tomarla como un camino de salvación, ya que nuestra salvación no depende del cumplimiento de la ley de Dios, sino de la obra de Cristo en la cruz. Pero este hecho no nos exime de su cumplimiento como norma de vida, especialmente de la ley moral, los diez mandamientos.

    El problema que se plantea a muchos es que ven a la ley como algo opuesto a la gracia. Sin embargo, ambas se complementan, ya que la ley nos muestra que somos pecadores  y nos ha empujado hacia la gracia que hemos recibido en virtud del sacrificio de Cristo a nuestro favor.

    Aquellos que dicen acogerse a la gracia y prescinden de los mandamientos, en realidad la menosprecian porque lo que quieren es vivir una vida a su antojo sin nada que les indique que actúan incorrectamente y de este modo anulan la ley que incluso el mismo Cristo cumplió en todos sus aspectos.

  4. ¿Cómo debe ser nuestra justicia? (v. 20)
    Esta pregunta  se desprende lógicamente de la frase que nos insta a guardar y enseñar la ley en comparación con la actitud de los fariseos.

    1. La justicia de los fariseos. Éstos eran hombres reconocidos por su santidad ya que el mismo nombre fariseo significa separado. Eran personas que se consideraban especiales porque habían confeccionado un código de normas ceremoniales y de conducta relacionado con la ley que era más riguroso que la misma ley de Moisés e intentaban imponerlo al pueblo.

      Sin embargo, Jesús dice que si nuestra justicia no es mayor que la de escribas y fariseos no entraremos en el reino de los cielos. El problema estaba en que ellos practicaban su religión externamente para ser alabados por los demás  y no de corazón.

      Por eso en muchas ocasiones Jesús  los tildó de hipócritas. Se interesaban más por los detalles que por los principios de la ley. Este es el punto crucial como veremos al considerar la manera en que entendían cada uno de los mandamientos.

    2. La justicia de los cristianos. El propósito de la gracia de Dios en Jesucristo es capacitarnos para cumplir la  justicia de la ley.

      En otras palabras, lo que se espera de nosotros es que vivamos santamente. Santidad no es experimentar algo especial, sino obedecer la ley de Dios como estilo de vida. Las experiencias nos pueden ayudar y tienen  su lugar en la vida cristiana, pero la santidad es ante todo algo que practicamos en nuestra vida diaria, honrando y observando la ley tal como lo hizo nuestro Salvador.

      Vivir en santidad es actuar en todas las cosas de una manera justa y recta. Quizás alguno ha podido pensar que Jesús, en este pasaje, está abogando por una salvación por obras, ya que tenemos que vivir más justamente que los fariseos si deseamos entrar en el reino. Debemos descartar totalmente esta idea.

      Nunca olvidemos que no hay justo ni aun uno y que la ley de Dios condena a todo el mundo. Jesús no está enseñando un camino de salvación por obras o por nuestra justicia. Quizá alguien piense que al ser la salvación  por la justicia de Cristo nosotros no debemos  hacer nada.

      Este es otro error,  como si dijera que al hacerlo todo Cristo ya no importa nuestra conducta o que nuestra manera de vivir a partir de nuestra conversión  es indiferente. Lo que Cristo nos enseña es que la prueba de que hemos recibido la verdad de la gracia de Dios en él es que vivamos una vida justa.

      Porque recibir la gracia de Dios en Cristo significa no sólo que nuestros pecados son perdonados a causa de su muerte por nosotros en el Calvario, sino también que Cristo se está formando en mí al participar de su naturaleza moral ( 2 P. 1:4) que se manifiesta por la justicia o rectitud de vida y evidencia que somos hijos de Dios.

Conclusión
El que ha nacido de nuevo practica una justicia que excede a la de los escribas y fariseos. Es un cristiano que quiere glorificar a Dios y cumplir la ley. Ve la santidad de la ley y nada le atrae más que vivirla  en su vida diaria, una justicia  que es el fruto de la nueva vida que tenemos en Cristo.