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Acuérdate del día de reposo (Ex. 20:8-11)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre los Diez Mandamientos


 
El término hebreo sabbat viene de la raíz sbt que significa “cesar”. Así, el hombre debe cesar su trabajo un día a la semana (Éx. 20:10-11, 31:14, Dt. 5:121-15) para santificarlo (apartarlo) para el Señor. Además, la tierra también debía guardar reposo el séptimo año.
Ni se plantaba ni se cosechaba. Comían de lo almacenado y de lo que crecía espontáneamente ( Lv. 25:4-6). Al cabo de siete semanas de años, es decir, en el año 50, habría un año especial, un año de jubileo, en que la tierra descansaba dos años y tenía que ser devuelta a sus primeros dueños, y los esclavos debían ser liberados.
Era mucho más que una simple rotación de cultivos o la práctica del barbecho (Lv. 25:10-55).

  1. El origen del sabbat
    El sabbat echa sus raíces en el Edén cuando Dios terminó la obra de creación en el día séptimo y reposó (Gn. 2:2-3).
    Cuando más adelante Dios dio la ley moral a Israel y ordenó descansar el séptimo día, explica el porqué de este mandamiento: “Porque en seis días hizo Yahweh los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día, por tanto, Yahweh bendijo el día de reposo y lo santificó” (Ex. 20:11).
    De acuerdo con esto, el sabbat pertenece a las estructuras de la creación y no sólo a la ley moral. No fue dado solamente para los judíos, sino a todo el mundo como un estilo de vida universal, de la misma manera que tenemos los demás que corresponden a los órdenes de creación. Dios mismo, antes de promulgar la ley del Sinaí da ejemplo al descansar el séptimo día y conecta el final de la obra de creación con la necesidad de santificar el séptimo día sobra la base del reposo de dicha obra terminada. El descanso de Dios no es por fatiga ni un paro total de actividad.

    Supone el cese de cierto tipo de actividad, la ceración, pero Dios sigue siempre activo en la preservación del orden del universo. Si el sabbat es una ordenanza de la creación, precedió a la caída. Por tanto, su observación obliga a todos los hombres como tales y no como hombres caídos.
    Satisface una necesidad permanente del ser humano. Adán y Eva se unieron antes de la caída y ambos trabajaron antes que el pecado entrara en el mundo. Si el matrimonio y el trabajo siguen vigentes, igualmente lo está el día de reposo.
    El sabbat, a semejanza de Dios, no debe ser entendido jamás como el cese absoluto de toda actividad, ni como una invitación a la pereza o a descuidar las responsabilidades. Se trata de descansar de cierta clase de trabajo, el habitual de los otros días de la semana, para realizar actividades de misericordia, servicio y culto.

  2. El sabbat en la ley de Dios
    El decálogo tiene dos partes: en la primera (Éx. 20:1-11) trata de nuestros deberes para con Dios, mientras la segunda (Éx. 20:12-17) tiene que ver con los deberes hacia el prójimo.
    El sabbat se encuentra en la primera parte. En el Sinaí, el mandamiento del sabbat adquiere un carácter especial al ser introducido con un verbo: acuérdate (Ex. 20:8). Este verbo, denota que se trata de una reinstauración y reafirmación.

    Pero también con un objetivo: para santificarlo, es decir, separarlo para uso santo, de lo contrario lo profanamos. Las leyes ceremoniales y civiles incumbían solamente al pueblo de Israel, sin embargo, el decálogo es una ley moral que afecta a todos los hombres y el cuarto mandamiento escrito en ella es una ley permanente que obliga a todos los seres humanos porque parte del mandato creacional y no de Moisés.
    Al mismo tiempo es un mandamiento que forma parte de la voluntad revelada de Dios para la conducta de todos los seres humanos al tratarse de un mandamiento moral. Por eso, debido a su naturaleza ética y no ceremonial ni civil, aún el extranjero era obligado a guardarlo (Éx. 20:10).
    El extranjero no podía participar de la pascua ni gozaba de los privilegios del israelita, pero el sabbat eran tanto para él como para el fiel israelita. Como criatura de Dios tenía el deber universal de todos los hombres de adorar y servir al Creador.

  3. El propósito del sabbat
    El cuarto mandamiento está siendo atacado hoy en día en nuestra sociedad por las dificultades de aplicarlo debido a la centralidad del ocio dominado por las ganancias materiales y los gobiernos que facilitan el mercantilismo en contra de la celebración cristiana del domingo como un día especial. Consideremos los privilegios del domingo:

    1. Es un día de reposo.
      En Ex. 23:12 tenemos un plan muy interesante. En el original se usa una palabra para “reposarás”, otra para aludir al “descanso” y una tercera para “refrigerio”.
      El reposar (sabbat) es para el propietario de la hacienda y lo debe hacer por tres motivos: a) para cumplir con el mandamiento en su propia vida; b) para dar ejemplo a los que trabajan para él; c) para que sus siervos tampoco trabajen al no hacerlo él. El descansar es para los animales y el término significa que deben estar tranquilos y quietos.
      Los animales usados para los trabajos más pesados deben dejarse en paz y que pasen el día pastando tranquilamente. Hay un principio importante en este mandato para los animales al mostrar Dios que el descanso debía ser muy amplio, ya que si para ellos no tenía el sabbat propósitos espirituales, sí que señala la necesidad del reposo para cada criatura bajo el dominio del hombre. El refrigerio es para los sirvientes y el huésped.
      Esta palabra es la más fuerte de todas ya que significa hálito, vida, alma. Es como si Dios dijera: “deja descansar a tus siervos para que sus cuerpos recobren nueva vida”. Tristemente nuestra sociedad está perdiendo los beneficios del cumplimiento de este mandamiento al insistir en sus derechos de trabajar siete días a la semana.

    2. Es un día conmemorativo.
      Para los judíos era un día para recordar básicamente dos cosas: la creación y la redención (Ex. 20:11, Dt. 5:15).

      No debería pasar domingo sin que los cristianos reconociésemos a Dios como el Creador. Esto hay que subrayarlo más hoy en día en una sociedad tecnificada que confía más en sus fuerzas que en la dependencia del Señor. Igualmente es el día en que debemos recordar que Dios ha redimido a su pueblo.
      Así como los judíos recordaban su liberación por la sangre del cordero, nosotros tenemos que conmemorar la cruz de Cristo. Es necesario que el primer día de la semana nos centremos en el Dios de la creación y en el Dios de la redención, por este orden.

    3. Es un día de adoración.
      El propósito es tanto para descansar como para adorar a Dios. Lo primero nos permite hacer lo segundo. Según Nm. 28:9-10, en el día de reposo los judíos doblaban su adoración.
      Dios quería que su pueblo adorara con una mente despierta: acuérdate. Y Jesús dijo que debía ser en espíritu y en verdad (Jn. 4:23).
      Si esto es una gran privilegio para el cristiano, ¿cómo es que hay algunos cristianos que intentan escapar del cumplimiento de este mandamiento? Porque hacen lo contrario de Is. 58:13-14, un texto que necesitamos recobrar.

Conclusión: Como los otros mandamientos de Dios, éste quiere darnos libertad y felicidad. No la libertad para hacer lo que nos venga en gana, sino la libertad para hacer lo que Dios quiso que hiciéramos cuando nos creó y nos ha redimido. Aquellos que destruyen este día descuidándolo por completo olvidan su sentido escatológico del reposo eterno.

Obedecer el cuarto mandamiento junto con los otros y reivindicar su observación como nuestro deleite, eso es verdaderamente cristiano.