Església Evangèlica
av. Mistral, nº 85-87
08015-Barcelona
Email:
tel.: 93 372 1632

 

 

Conferencias

El boletín de la iglesia


 
Boletín Verdad Viva
 
 

Sermones

 

Opinión

 
 

No te harás imágen (Ex 20:4-6)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre los Diez Mandamientos

Podríamos elaborar una historia de la raza humana siguiendo la historia de la idolatría. Cada etnia y cada generación crean sus propios ídolos. Nuestra sociedad está impregnada por los ídolos más diversos y la civilización no ha podido terminar con ellos, sino que ha creado otros nuevos que sustituyen a los antiguos.

¿Por qué Dios distinguió entre hacer ídolos y no tener dioses ajenos? Podría dar la impresión que cometer pecado de idolatría significa quebrantar la adoración del Dios único. Pero Dios no se repite innecesariamente.

El primer mandamiento establece la clase de Dios al que debemos adorar: él es el único, nunca ha habido ni habrá otro como Dios. La clase de Dios que nos muestra la Biblia no es la de un ser que se pone por encima de los demás dioses que han sido creados por la imaginación humana, como Zeus que ocupaba el primer lugar en los panteones griegos, sino que el Dios de la Biblia es el único Dios y los demás no son dioses.

El segundo mandamiento establece la prohibición de hacer imágenes o ídolos porque en tiempos de Moisés, las naciones que vivían cerca de Israel, tenían ídolos. Mantenían una cantidad respetable de deidades y por encima de todas ellas estaban EL (el Señor de los dioses), BAAL, término que servía para designar a todos los dioses ( o Hadad –nombre propio- el dios de la tormenta) y DAGÓN, el dios del grano adoptado por los filisteos como cabeza de su panteón.

Había también diosas: ASERÀ, esposa de EL, al que le dio una familia muy numerosa, unos setenta dioses y diosas menores. Se alude a ella en 1R. 18:19 y 2 R. 21:7 cuyo culto fue introducido en Israel por Jezabel y Manasés.
Hijo y nieto de EL y ASERÀ, era BAAL, el cual recibe varios nombres: ZABUL (exaltado), señor de la tierra, señor del cielo y el jinete de las nubes. El gran enemigo de BAAL, era MOT, la Muerte, en cuyas manos cayó y fue muerto.

La esposa de BAAL era ANAT diosa del amor, la guerra y la fecundidad. Se asemejaba a ASTARTÉ Y ASTORET, como se conoce en el AT a las diosas de la fecundidad. Cada dios se representaba con su forma física y ése era el ídolo. Los antiguos no podían creer en un Dios que no pudiera ser visto y esa era precisamente la singularidad de la fe de Israel y del segundo mandamiento.

  1. No te harás imagen, porque reduce a Dios para manipularlo
  2. Dios empezó los diez mandamientos con no tendrás dioses ajenos, porque sabía que el hombre iba a creer en Dios o en dioses y, por tanto, debía saber cuál era el único verdadero.

    Añadió después el segund o mandamiento porque sabía que el ser humano sería proclive a no admitir su grandeza por temor y querría reducirlo a un tamaño que lo pudiera manejar a su gusto. Así que cogió barro, piedras y troncos para hacerse dioses de tamaño humano. Es decir, Dios dio el segundo mandamiento para proteger el primero.

    La historia del becerro de oro de Ex. 32 lo demuestra. El pueblo quería a Dios, habían oído su voz, habían visto los relámpagos y oído los truenos en el Sinaí y estaban impresionados, pero todo esto era demasiado para ellos, querían un dios que pudieran ver y tocar, un dios que pudieran manipular y controlar. Con el oro recogido hicieron una figura que era la de un becerro a semejanza de APIS, el toro adorado en Egipto como símbolo de fertilidad y fuerza, aunque era un animal vivo.

    Este deseo de visualizar a Dios es el mismo que se esconde tras la mayoría de imágenes de Jesús, María y los santos en el culto católico. Alguien ha dicho que “la idolatría es la pintada del diablo sobre el alma del adorador de ídolos”. De ahí la burla de los profetas del AT (Is. 44:9-20).

  3. No te harás imagen, porque entraña peligros
  4. Básicamente un ídolo es una representación de Dios, un objeto de devoción religiosa que suplanta a Dios consciente o inconscientemente.

    El segundo mandamiento no está en contra de la pintura o de la escultura hechas con intención decorativa como obras de arte, sino en contra del deseo de convertirlas en objeto de veneración. Tampoco es una prohibición a hacer todo tipo de imágenes, como algunos llevándolo al extremo, no hacen fotografías.

    En el origen se refería a ídolos de las naciones (1 Cr. 16:26) y cuando Pablo escribe a los colosenses, el significado de la palabra se había ampliado a cualquier cosa que se convierte en el centro y la meta de nuestra vida (Col. 3:5-8). En cualquier caso, el segundo mandamiento no se opone solamente a la adoración de los ídolos, sino también a fabricarlos, porque aun sin tener la intención de adorarlo puede convertirse en su objeto debido a nuestra naturaleza caída.

    Fijaos lo que ocurrió en Israel con la serpiente de bronce que Dios mandó hacer a Moisés (Nm. 21:4-9). Fue convertida en un ídolo y finalmente tuvo que ser destruida por Ezequías (2 R. 18:4).

    Algo parecido ocurrió con las imágenes de los templos paganos después de la caída de Roma. Los cristianos ocuparon los templos abandonados y cambiaron el nombre de las imágenes: Zeus fue Cristo e Isis María, con el objetivo de utilizarlos de ayuda visual y acabaron por adorarlos.

    En las iglesias orientales hicieron algo parecido con los iconos que son pinturas y no esculturas. El puritano Thomas Watson nos recuerda que “el primer mandamiento va dirigido contra la adoración de un dios falso y el segundo contra la adoración del Dios verdadero de manera falsa”.

    El cristianismo ha usado símbolos como el pez y el Señor nos dejó el pan y el vino, y el bautismo, ya que son elementos difíciles de convertir en ídolos porque se echan o se trituran, pero hoy existe el peligro de caer en al idolatría cuando los que van a buscar el agua del Jordán para bautizarse, le atribuyen un poder especial, o los que convierten la sustancia del pan y el vino en la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo.

    Hoy, algunos usan telas bendecidas por un evangelista curandero, velas, aceite santo, flores, revistas, libros, etc. Son los nuevos ídolos.

  5. ¿Por qué prohíbe Dios la idolatría?
  6. En vista de la terrible advertencia de Ex. 20:5 es importante la prohibición porque se desprende de ella varias cosas:

    1. Dios es un Dios celoso.
    2. Esto significa que él protege su honor y es intolerante con la desobediencia. Quiere que le adoremos sólo a él ya que es la única forma en que podemos realizarnos espiritualmente con paz y satisfacción. Hemos sido hechos por Dios y para Dios y cualquier otra cosa es un sucedáneo y una burla a Dios.

    3. Degrada la vida humana.
    4. Empezó en el Edén cuando el hombre quiso ser como Dios y adorarse a sí mismo (Nueva Era). Pablo, en Ro.1:18-32, describe el declive moral de la sociedad de su tiempo adoptando la idolatría como religión. Empezaron por suprimir la evidencia de Dios en la creación (vv.19-21) y sustituir la gloria de Dios por ídolos (vv. 21-23). El resultado fue rechazar la verdad, la impureza sexual, conductas lésbicas y homosexuales, avaricia, engaño, malicia, asesinato, murmuración, orgullo, etc.

    5. Arruina a las generaciones futuras.
    6. Aunque cada uno padece por sus propios errores, no hay duda de que a veces los hijos sufren las consecuencias del pecado de los padres por la ley de causa y efecto. Puede ser desde ganar dinero hasta el consumo de drogas y sus secuelas. La tercera y cuarta generación no es el límite, sino que continuará, lo que sólo puede ser roto por el arrepentimiento.


Conclusión

Mientras la idolatría degrada y humilla este mandamiento está ahí mostrarnos que Dios tiene algo mejor para nosotros. Él dignifica al ser humano al ordenarle que abandone los ídolos y le adore sólo a él. Al quitarnos los ídolos no nos deja vacíos, sino que nos invita a adorarle de la manera que siempre quiso. SOLI DEO GLORIA.